LA INDUSTRIA DEL PLÁSTICO BUSCA UNA SEGUNDA VIDA
Europa lanza una estrategia para imponer las tres «R»: reducir su consumo, reutilizarlo y reciclar, lo que obligará al sector a reinventarse
Tienen muy mala fama, porque billones de toneladas de plásticos flotan en los mares y océanos del planeta, causando un terrible impacto en la vida marina. Lo cierto es que los plásticos se utilizan para todo, o casi. De este material están hechos desde las pajitas para beber refrescos, las bolsas del súper y los paquetes de lentejas hasta los calcetines, el aislamiento de las fachadas, los invernaderos para cultivos y la carrocería de vehículos, entre otros miles de usos. El plástico ha invadido de tal forma nuestra vida diaria y contaminado tanto, que Europa ha decidido darle la vuelta y reinventarlo. «Si no cambiamos el modo en que producimos y utilizamos los plásticos, en 2050 habrá más plásticos que peces en el mar».
Europa recomienda cambiar el chip: hay que reducir el consumo de plástico, tenemos que aprender a usarlo de otra manera, reutilizándolo; además debemos minimizar los residuos que generan en el medio ambiente y, a la vez, gestionar esos desechos de forma más eficiente, reciclando y creando materiales más sostenibles y biodegradables. En definitiva, el objetivo es diseñar una economía circular para los plásticos.
A falta de concretar más medidas a lo largo del año, la Comisión Europea quiere que todos los envases de plástico del mercado de la UE sean reciclables o reutilizables en 2030 y que el consumo de plásticos de un solo uso se reduzca a la mínima expresión. También hay que recoger más plásticos y mejor, instalar plantas de reciclaje de mayor capacidad, desarrollar materiales más inteligentes y fáciles de reciclar... «La única solución a largo plazo pasa por reducir los residuos plásticos incrementando su reciclaje y reutilización. Se trata de un reto al que los ciudadanos, la industria y los gobiernos deben hacer frente conjuntamente».
El desafío
Desde luego esto va dar un vuelco a una industria de la que viven 50.000 empresas y 1,6 millón de trabajadores en Europa, que generó en 2016 un volumen de negocio de casi 350.000 millones de euros y aportó a las finanzas públicas cerca de 30.000 millones. Y en efecto, es todo un desafío, teniendo en cuenta que el Viejo Continente produce 58 millones de toneladas de plástico al año y que los europeos generamos 25 millones de toneladas de estos residuos, pero menos del 30% se recoge para ser reciclado, otro 31% va a parar al vertedero y el 39% es incinerado, muchas veces para producir energía.
La mala imagen que tiene el plástico no es culpa del material en sí, sino del mal uso que se hace de él. Es lo que defienden a capa y espada productores, transformadores, recicladores, investigadores de nuevos materiales, gestores de residuos.
Su gran versatilidad, su ligereza, su capacidad de aislamiento y durabilidad hacen del plástico un material muy atractivo para fabricar productos que se adaptan a las necesidades de los ciudadanos. «Los plásticos son ampliamente usados porque por sus características resultan muy útiles, fáciles de usar, cómodos y seguros».
Investigar nuevos materiales
Apostar por un consumo responsable, por la reutilización y el reciclaje. Tenemos que gestionar nuestros residuos de forma responsable. Tenemos que concienciar a la gente de que consuma sólo lo que necesita y que separe correctamente los envases en casa para poder reciclarlos y aprovecharlos.
Las empresas están invirtiendo en el desarrollo de materias primas alternativas, como el CO2, los materiales con base biológica y el material reciclado. Hay también que «optimizar los recursos tanto a la hora de diseñar los envases como en gestionar los residuos.
La tendencia es buscar e investigar soluciones más sostenibles, pero a veces no tienen por qué ser el remedio más adecuado. «Los plásticos tradicionales si se utilizan correctamente son tan buenos como los biodegradables. Biodegradables, compostables, biobasados... Cada uno tiene su aplicación concreta. «Los biodegradables se pueden utilizar en bolsas de basura o como un acolchado fino para cultivos, se entierran con la cosecha y se degradan. Son buenos porque reducen el consumo de agua, evitan las malas hierbas, protegen de la erosión... Pero no tiene sentido utilizarlos en un invernadero, la solución para eso la aporta el plástico tradicional. No todo tiene que ser biodegradable.
Los plásticos están aportando soluciones, hay que ser sostenibles y pensar qué va a pasar cuando termine su vida útil.
El reciclaje es también la gran apuesta. El objetivo europeo es que 10 millones de toneladas de plástico reciclado se conviertan en nuevos de plásticos. Para eso se necesita concienciación, que la gente separe en origen los residuos. Y apoyo financiero para mejorar las instalaciones e innovar con tecnologías de reciclado. La clave es buscar nuevas aplicaciones y poder comercializar con el plástico reciclado nuevos productos.














