No consigo acercarme a mi vida o
pensar en sentirme, por fin,
Me alejo de aquel futuro,
Como en una noche de invierno,
me hielo los huesos en mi temporal
de fobias y angustias que creo,
sintiéndome lejos de ningún final.
Crisálida eterna que tejo en mi contra
con hilos de seda que atan mis pasos,
me tiran al suelo, me agotan,
y fingen que son parte de mis piés.
Los lazos se cierran en torno al tobillo,
las piernas y brazos no son más que estacas,
garganta que se cierra, me ahogo en mi sed
de palabras y aire, que no caben dentro.
Soy mi propio mimo, imitando
en mi vida, que sólo es teatro;
desprendo las muecas, actuando
sin texto, en el triste silencio de un entreacto.
La vida se angosta en caminos borrados,
siguiendo las huellas de miles de locos
borrachos, que guían mis ojos con su sordidez;
que ya cometieron los mismos errores,
siguiendo, paso tras paso, el fracaso de otros,
en un infinito escenario de Hiel.
Locos Tristes, deseosos de vida,
que sólo hayan muerte en cada recodo,
corren raudos hacia el ansiado silencio
en la mente; cualquiera su forma de huida.
Enojados del mundo, videntes, incrédulos,
que intentan ser ciegos como el resto,
no consiguen borrar la verdad de sus mentes
y el cansancio les domina, los agota
Mudos y sordos a órdenes y deberes,
rotos por los golpes que el Órden exige;
sus sueños idos, aislados entre la gente,
golpean los muros del ciego presente.
No puedo alejar la Esperanza,
negar lo Real de mi inmenso deseo
de no ver como el resto: el Vacío
que el cosmos y el tiempo, nos hacen tragar.
Quiero ser parte algún día, despierta,
del prometido universo de Calma.
Las lágrimas se me atoran de la envidia
al ver aquellos que no dudan de la Vida.
Felicidad: la eterna promesa
que angustia mis huecos de espanto;
mentira que rompe con un paso al frente,
que vuelca mis gritos de rabia al océano.
Locos tristes, corred buscando los límites
de vuestra locura, que os sellaron al nacer
en la frente, contrarios al sistema que impera,
¡ y golpead sin piedad los engaños que Veis!
“No cierres los ojos al miedo y la muerte;
quema el Oasis; del desierto, el manantial,
y rebienta los Naufragios de tu angustia,
y adentra tu Sólida Rabia en el mar.”
No queda nada, nada evita el Dolor de Nacer,
nada es ya cura, ni antifaz, ni placebo.
Tus ojos fijos no parpadean al mirar ni al ver
lo Grotesco y Feo, lo inmundo, del Teatro del Ser.
Siento deseos violentos, monstruosos;
la sed que no sacio es de sangre, humos, fuegos;
destruyo Golpeando, Deseando, Creando, de nuevo,
la mente, cada vez que, al alba, despierto e inspiro.
Locos tristes, que encerrais la palabra en silencio,
rebelad la Verdad de vuestra Locura,
rebentad los sueños de paz de estos ciegos
¡y negaros ya a seguir aceptando vuestro estigma!
Vomitad la verdad de los monstruos
que alienan vuestras mentes de lo Aceptado;
convertid la Demencia en visiones sin censura;
la condena al silencio, en ideas Verdaderas, Visionarias, Puras,
que rompan, sin piedad, la falacia del