Esto no es Teatro, es jodida Ansiedad
Ningún océano es finito, me dices en la bocanada sonriente de la certeza y tus irisadas pupilas rotas de destellos idénticos.
No me falto ya nunca en el reflejo de mi espejo-lago y sus deseos olvidados.
Me he confirmado mi fe, día y noche, en las plegarias, por mi coherencia y mi fuerza al llorarme las pérdidas cuando se me aleja la mente de los demás.
Cuando me resalto como obvia egoísta sin límites en lo que me gusta y quiero hacer y en lo que hago, hartando la paciencia del silencio, de su risa muda y triste.
Como un animal curioso que, al acercarse demasiado, es apartado de un empujón; me veo propulsada hacia las paredes que limitan mi mundo ilusorio, mi teatro móvil de títeres grotescos, que son los únicos elementos-icono con los que me construyo la realidad exterior.
Estos iconos son escasos y básicos e insuficientes; y me convierten en un esperpento de interlocutor. En el miedo y la angustia y en la desconfianza en el silencio y las miradas cómplices.
Mi realidad es tosca y limitada. Y la escasez de información de peso me desdibuja en partículas de posibilidades, de respuestas a mi persona física y mental que crean sospecha y hacen que el disgusto pase a formar parte de nuevo de la comunicación con mi ventrílocuo.
Mi caja tiene contados orificios para respirar y es de tamaño medio. Al crecer, me va limitando más y más y no soy más que un elemento distorsionador por mi lejanía. Ineficiente en mi confianza propia y ajena.
Soy el ser más vacuo y DISFUNCIONAL del lugar y me encuentro en una estrecha posición de similitud de valor social, compitiendo directamente con un alambre de cierre o un papel enroscado.
QUÉ FÁCIL ES SINTONIZAR CON LA EMISORA “PARANOYA”.