Soy antropóloga y por cosa del destino me acerqué a la tradición textil prehispánica y es en ese contexto en el que conocí una pieza femenina que llamó particularmente mi atención: el enredo, la prenda que antecedió a la falda, ésta se trata de un lienzo de tela, de forma cuadrada, el cual se enrolla a la cintura de la mujer y se ciñe con una faja.
Ahora bien, en antropología “tenemos algo” con explicar lo visible, lo tangible, lo que podemos percibir con los sentidos y hay algunos temas que son más fáciles de aprehender en el trabajo de campo, por ejemplo la organización social o las fiestas… otros en cambio, son casi impenetrables, me refiero a la antropología de la alcoba y otros temas tabú como son la sexualidad y la intimidad.
Imaginemos ese acto íntimo que es el desvestir pero con los textiles tradicionales: ¿el hombre suelta la faja? ¿cómo cae el enredo? ¿hay algunos colores e iconografía que resalten la sensualidad de la mujer que lleva esa prenda? Mostrar el cuerpo femenino no es un tema que se mencione en los estudios clásicos de artesanía textil, pero a mi esa parte me dejó picada.
En Ixcanul (2015), una película guatemalteca, vi una escena que sacudió esta inquietud: María, una chica maya muy joven está comprometida en matrimonio con alguien al que no ama y aunado a ello, entra a escena un chico que enciende en ella un deseo descontrolado. El causante es un joven que trabaja en el campo, él desata en ella una lascivia en el momento más comprometedor y una noche en la que él bebe sin control, ella lo espera afuera de la cantina y al verlo, segura de sí, desata su enredo y se entrega a él desesperadamente, sobre la tierra… Esta relación desprovista de amor y ternura, se tornará un infierno para ella y su familia.
Antes de esa escena y en un nivel de interpretación más profundo, María reconoce el placer a través de su cuerpo y de su sexualidad, entregándose a una majestuosa ceiba, el árbol sagrado que en la cosmología maya tenía las raíces en el inframundo, el tronco en el mundo terrenal y su follaje en la parte celeste, con las divinidades.
Cuando me recomendaron Ixcanul, a sabiendas de mi amor por los textiles, no dudé un segundo en verla, además la película, ópera prima de Jairo Bustamante, se ha colocado como una largometraje trascendente para la cinematografía guatemalteca. El director juega con la simbología y sus representaciones: el fuego de la juventud y el volcán; la tierra fértil del campo cuando ella en su vientre lleva “la luz de la vida” y las serpientes: el veneno, el dolor.
Ixcanul, además de sus metáforas delicadas, describe un panorama etnográfico de la realidad que asola a las mujeres indígenas (no sólo en Guatemala): el alcoholismo, los usos y costumbres representados por los matrimonios arreglados, la vida campesina, la falta de intérpretes en instituciones públicas como los hospitales o las comisarías.
Se las recomiendo ampliamente, la película forma parte del 36 Foro Internacional de la Cineteca Nacional y estará en San Luis el día de hoy, 2 de noviembre en la Cineteca Alameda.
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“Cuenta la historia de una niña que nació del volcán, no le tiene miedo a nada...”