Y si te llamo un día de lluvia, te diré:
Hola, ¿Qué tal? Es Julio y llueve... y llueve... y no para de llover.
Y también te diré: "Extraño mucho tus brazos. Y también la tetera caliente... la tetera... la tetera caliente."
Con agua hirviendo, lista para café.
Si te llamo hoy te diré: "Hola, soy esclava del sistema,
trabajé mis ocho horas, hice demasiadas cosas el día de hoy"
y también, también te diré: "hoy no comí mis manzanas, no comí fruta.
Tomé mucho café, le eché alcohol al café para sobrevivir."
Y también te diré: "Hoy es viernes, y los viernes nunca sé qué hacer."
Siempre los he odiado desde niña porque nunca sé qué hacer un viernes en la tarde.
Quizás, mi idea para el viernes sería: estar contigo, abrazados, escuchando el sonido de esta lluvia tan fría.
Esta lluvia que en lugar de anunciar el verano, parece de invierno.
Y tengo tantas ganas de llamarte y decirte todo lo que te estoy diciendo
y tú ¿Cómo reaccionarás? No lo sé.
Quizás me digas: "Espera, voy para allá. Vamos a enredarnos en la cama, en tu cuarto, como antes.
Recuperemos el tiempo perdido.
Hagamos que esto sea, muy especial."
Y vendrás, y vendrás al pueblo viejo más vivo de América.
Que es donde yo vivo.
Que fue donde nos conocimos.
Que fue donde nuestra historia de amor empezó.
Y que quizás... que quizás debería seguir en este lugar.