Tengo un sabor amargo en la boca; se suponía que estos iban a ser los días de una nueva historia, de una nueva versión de mí, de darme la oportunidad de vivir sin miedos.
Se suponía o así parecía. Que nos encontramos para bancarnos todas las palabras que se levantaran contra la carrera para quererse, y al final resultó ser una prueba de resistencia. Se suponía que había la misma fuerza de atracción entre tus ganas de querer y las mías. Cualquiera se hubiera dado cuenta que había algo entre cada mirada y cada sonrisa como un lenguaje secreto que salía sin mucho esfuerzo entre tú y yo.
Quería tanto correr hasta a ti y abandonarme en tus brazos. Romper contigo todas mis inseguridades, por primera vez cerrar oídos a todo juicio propio y solo escuchar que sí existía una persona con la que todo de mi encajara.
Quería que te acordaras de mi nombre a los noventa, cuando te preguntásen de tu anécdota más increíble y solo pudieras responder con una sonrisa apenas dibujada y tus ojos volviendo a ese lugar donde el tiempo y los kilómetros no nos impedían tocar nuestras almas. Quería ser ese nuevo acorde que tocaras, decirte que el día que escuché tu voz diciéndome: "Quédate y abrázame", fue mi canción favorita y que podría escucharla una y otra vez sin cansarme, y hacerme saber que me querías en tu vida.
Quería que mis piernas fueran la almohada donde tus penas y dolores encontraran alivio y quería entenderte, y escuchar todas tus razones que te hacen descomponerte y contarnos nuestros miedos y crear hechizos para ahuyentarlos, escuchar todas tus canciones, todo eso... juntos...pero al marcharte sin decir nada...supe que solo seré la pieza de música que jamás cantarás...
@piensoenversos












