Sumido en la noche. Así como uno inclina a veces la cabeza para reflexionar, así sumirse plenamente en la noche. Los hombres duermen alrededor. Es una pequeña farsa, un inocente autoengaño, pensar que duermen en casas, en sólidas camas bajo sólidas techumbres, estirados o encogidos sobre colchones, envueltos en telas o cubiertos con mantas; en realidad se han concentrado, como hicieran en su día y como harán más tarde, en una región abandonada, levantando un campamento al aire libre; es un número inabarcable de personas, un ejército, un pueblo, todos bajo un cielo frío sobre la tierra fría, tirados allí donde antes estaban de pie, con la frente apoyada en el brazo, con el rostro mirando el suelo, respirando con calma. Y tú velas, eres uno de los vigilantes, agitando un leño ardiendo que coges del montón de la leña menuda que hay a tu lado encuentras al siguiente vigilante. ¿Por qué velas? Alguien tiene que velar, dicen.
—Franz Kafka, escrito de 1920 en El silencio de las sirenas. Escritos y fragmentos póstumos. Traducción de Juan José Solar, Joan Parra Contreras y Adan Kovacsics.