Haz caso a mamá, no muerdas el caramelo, es malo para las muelas. -Me agacho para decirle eso y me quedo mirando a sus ojos cuando me mira masticando el caramelo y siento un golpe fuerte en el corazón, un golpe que nunca antes había sentido en toda mi vida, Eliel sonríe mientras mastica, siento un ligero mareo y no dejo de mirarle. Me quedo callado, mirándole solo mirándole... Me yergo poco a poco y te miro a ti.- Lizzy...
-Miro a Eliel cuando le hablas, viendo que se saca el palo del chupa-chups en el que solo quedan pequeños restos de caramelo de fresa y nata, riéndose mientras tanto-. "Ya está". -Dice enseñándotelo, mientras tú le miras. A pesar de lo que ha hecho Eliel, a pesar de saber que no es bueno para sus muelas, no puedo evitar una sonrisa, y cuando escucho mi nombre en tu voz, te miro fijándome en tu expresión-. Dime, Edward. -Digo sin dejar de sonreír.
-Eliel exclama un bien por ese regalo que voy a hacer sobre ese perrito que he estado arreglando de su gran herida. Me miras fijamente mientras que yo te miro fijamente con mis ojos llenos de lágrimas, Eliel va de mi mano, siento el tacto de su piel, siento mi corazón acelerarse, siento que vuelvo a otro tiempo cuando Eliel era más mayor de lo que es ahora y en cambio fue hace años. Trago saliva.- ¿Eliel es...? -Te pregunto sin atreverme a decir su nombre porque no sé si sabes lo que te quiero preguntar. Siento que tiemblo, que bien podría caer ahora el cielo al suelo y no me daría cuenta.
-Veo tus ojos llenos de lágrimas, y mi corazón se acelera, al pensar en que quieras contarme algo que te duele, algo que te hace daño, pero es al escuchar tu pregunta, cuando mis ojos también se llenan de lágrimas. Trago saliva, recordando el día en el que Ever me contó quién es o quién será Eliel. Siempre que le miro, me acuerdo de ese jersey que tejí para Adriel, el mismo que yo le puse aunque fuera mayor, con un trato totalmente maternal. Parece mentira, pero echo de menos a mi hijo cuando era mayor... Me muerdo el labio inferior, sonriendo pero con los ojos llenos de lágrimas, y asiento con la cabeza sin dejar de mirarte, porque sé lo que quieres decirme con esa pregunta.
-Es un choque frontal de dos miras que estás llenas de lágrimas, de unos ojos que quieren llorar todo lo que este tiempo a llorado sin saber encontrar a quien buscaba. Asientes, ese asentimiento hace que se pare el tiempo, al menos el mío. Noto que tiemblo mientras que no dejo de mirar tu hermoso rostro y siento el frío de una lágrima cayéndome por la mejilla mientras que no suelto la mano de Eliel.- Nunca tuvo que regresar ya que nunca se fue. -logro decir pensando en Regreso, en ese chico, en su sonrisa, en que quería se juguetero y en todos de esos momentos que creía que nunca más tendría y en cambio los volveré a tener. Me agacho para mirar a Eliel, pero ¿qué puedo decir a quien ya sabe todo? Nada...Solo le abrazo con la mayor fuerza que he abrazado a una persona en toda mi vida.- Mi niño...