(...) Y en aquel punto fui como picado por escorpión divino: me sorprendió, agarrándome con fuerza; me hizo suyo, espoleándome la prisa. En camino afanoso, bajo la asoleada, volvía a mi el brote del romero; y cuando oscurecia, y me despabilaba, me hacia alzar los ojos amor de las estrellas, en donde estaba escrito el mandato divino.
Josep Carner













