Agatha Freeman
NOMBRE: Agatha Freeman
EDAD: 37 años
FECHA DE NACIMIENTO: 07/01/1984
SIGNO DEL ZODÍACO: Capricornio
LUGAR DE NACIMIENTO: St. Louis, Missouri
OCUPACIÓN: Asistente personal Empresas Elizondo
Sobre mí:
Casi nunca hablo de mi familia, y no es porque me avergüence, sino porque en el mundo competitivo en el que vivo, decir que eres la hija de un predicador, viudo y con dos hermanas pequeñas... por muy preparada que estés siempre te van a ver como eso: La hija del predicador.
De hecho ese fue el gran impedimento que tuve a la hora de salir de Missouri. Mi padre quería que hiciera el papel de mi madre, que me casara, que le diera nietos. No se esperaba la hija rebelde que quería ver mundo y que su vida en la parroquia se le quedaba pequeña.
Me costó pero acabé consiguiendo una beca para ir la universidad. Estudié un grado superior de asistencia a la dirección confiando en que encontraría trabajo en una gran empresa... o al menos alguna que estuviera lejos de mi casa. Aprendí a hablar español y me lancé al mercado.
Durante unos cuantos años estuve viviendo en varias ciudades. Ningún trabajo era lo suficientemente estable, ni me llenaba tanto como pensaba que lo haría. Y de lo de viajar... ni siquiera sabía lo que era tener vacaciones. Al final me lié la manta a la cabeza y probé suerte en Nueva York. Durante unos meses estuve buscando trabajo sin éxito y cuando estaba a punto de darme por vencida y volver a casa... apareció él. El señor Elizondo.
Fue un choque fortuito en la calle que acabó con todos mis curriculums tirados por el suelo y yo desesperada disculpándome por haberle tirado el café. Lo que no me esperaba es que leyera uno ahí mismo y me concertara una cita para el día siguiente en su oficina. Sinceramente, pensaba que estaba bromeando... pero no.
Una semana después era su asistente personal y así hasta ahora.
Mi agenda está supeditada a la agenda del señor Elizondo. Viajamos mucho y siempre conmigo a su lado, lo que no me deja mucho tiempo para mi vida privada. No tengo pareja, aunque salgo de vez en cuando con algún hombre. No es algo que me preocupara en exceso hasta que me di cuenta de que estaba acercándome peligrosamente a los cuarenta y mi reloj biológico estaba empezando a hacer tic tac.















