Dialéctica del barrio
Muchas veces nos quedamos con la idea de que a la ciudad la conforman sus edificios y sus calles. Algo más profundamente definitivo es la presencia de ciertas personas que con su carácter habitual terminan por vivificar definitivamente el barrio en el que viven. Por lo regular quien mejor viste a su propia ciudad es la gente humilde o de escasos recursos (¿Quiero ignorar conscientemente a los ricos con su vestimenta pulcra? Tal vez, aunque también debo aceptar que esta última vestimenta puede ser tan estandarizada que no otorgan particularidad a sus zonas de la ciudad). Para terminar de aseverar esto que estoy diciendo baste recordar (y que cada uno traiga sus propios ejemplos) las zonas "rurales" visitadas por necesidad económica por gente campesina. Van estos personajes a comprar forrajes, semillas, sogas y se van, obviamente, vestidos con su ropa habitual. Tal vez lleven la mejor ropa que tienen, pero, sin duda, llevan su sombrero. También están aquellos que viven ya en la ciudad, pero están concentrados en ciertos puntos neurálgicos de la misma. No sé por qué los arrincono a padecer algún tipo de enfermedad visible o no. Caminan como derrotados, pero siguen luchando por seguir vivos. Su raída ropa no es ya la del campesino, pero guarda con este una similitud que los hermana. De hecho, no nos parece raro que estas personas hayan conformado las filas de lo agrario en algún momento, ya en la infancia, ya por algún antepasado.
Es también frecuente encontrar barrios de "cholos" (ya quedamos en que ciertas cuestiones anímicas o geográficas los reúnen) muy puntualmente en ciertas zonas de la ciudad.
También hay que decir que en no pocas ocasiones hay caracteres tan focalilzados que no llegan a estar en ninguna otra ciudad, aunque radiquen en el mismo país. Tal es el caso del “peladito” que sólo se dio en la Ciudad de México previo a los años 50. El ejemplo más reconocido de este personaje sería nuestro internacional Cantinflas. Ni en Guadalajara, ni en Monterrey, se propagaron estos personajes a todas luces francamente urbanos.
Ya para terminar este artículo he de mencionar a los "vieneviene" que pululan, ahora sí, por toda la ciudad y prácticamente en todas las ciudades (al menos de México). Ahí donde haya congestiones viales y restaurantes concurridos u oficinas de gobierno, ahí habrá uno o más vieneviene. Sus franelas agitadas en círculos los anuncian desde lejos. Son aquellas personas que te apartan lugares de estacionamiento que escasean por ahí donde anda uno con su auto. Cuando te estás metiendo al espacio limitado, para que no choques te avisan con un: “viene viene” y te avisan cuándo parar, de ahí su nombre. Por unos pesitos te limpian los cristales y te cuidarán tu carro.
Personajes urbanos que delinean la configuración más auténtica de las ciudades. El saborcillo de estar en Zapopan o Puebla o Tijuana, se lo dan tanto la arquitectura como estas personas de verdad entrañables.












