—No eres el primer cactus al que abrazo —Pero tengo espinas… —Sólo vi tus flores. —Soy complicada. —Nadie desea hacer puzzles de ocho piezas. —Tengo el poder de hacerte daño. —Lo tienes, porque te gustan las conquistas y me sabes de sobra batalla ganada. —Te hiero. —Lo sé, y yo también te quiero.












