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Yei
he tenido tantos colapsos mentales últimamente, me siento tan agotado
cuando menos lo esperas, te vuelven una persona apática...
Tengo tantos problemas que no sé si lidiar con ellos o con el hecho de que no tengo a quién contárselo.
—exsa
Jaula para uno
¿Alguna vez volé? Porque no puedo pensar en momentos de mi vida donde lo hice. No sé realmente como he cambiado con el paso de los años.
O tal vez no quiero pensarlo. Tal vez me detengo porque me da miedo averiguar que hay más allá.
Estar en mi es extraño. O creo que lo es. Estoy atrapado en mi cabeza, y me cuesta observar el mundo desde otra perspectiva. Es decir, creo que todo lo veo a través de mí. Y la cosa es que no sé si eso sea algo extraño, porque solo me veo a través de mi, y a los otros también.
(Tal vez por eso quiero ayudar a la gente tan a menudo. Porque me veo en ellos.)
No sé si sea extraño ver el mundo como yo lo veo. Y de nuevo, no lo sé porque no puedo visitar otras jaulas. Estoy demasiado ensimismado. Las rejas de esta jaula están hechas de mi. De mi historia, mis emociones, mis perspectivas, mis pensamientos. Y todo lo que sea nuevo, desde una mañana al siguiente día hasta una nueva persona, todo esto pasa antes por esas rejas. Todo lo que puedo ser surge primero en el exterior. Eso pasa a través del filtro de mi, de todo lo que ya soy, y lo que ente moldea al pájaro en el interior.
Al mismo tiempo, todo lo que pueda decir o hacer atraviesa el mismo filtro, las mismas rejas. Y lo que sale al exterior empieza por ser yo, y luego sale efectivamente.
A esto me refiero. No sé si alguna vez volé, si alguna vez estuve fuera de la jaula. No sé si pude alguna vez experimentar el mundo sin tener que filtrarlo a través de quien soy en este momento, o quien fui en ese entonces. No sé si mi experiencia es lo común; y por el momento no lo podré saber.
Tal vez, si resulta que salgo de la norma, eso podría explicar por que soy tan distinto a los demás, por qué estoy (o me siento) tan solo. Veo a muchas aves volar. Yo solo las veo en sus parvadas, y me imagno como será.
Y así cuando les trato de cantar a otras aves, el sonido no es igual ni parecido. Las precavidas se irán, las curiosas se acercarán, pero al final no podré volar con ellas.
Esos días
Hay días en los que prefiero el silencio. Siento la necesidad de alejarme de todo y de todos para lidiar con esa tormenta feroz que acecha en mi cabeza. Siento que no hay palabra alguna que me pueda sanar, aunque a veces renuncie al silencio cuando hay un llamado de auxilio.
Hay días en los que la pena me agobia, y mis errores vienen a mí como un sombrío desfile para cobrarme lo que hice a otros... o incluso lo que me hice a mí mismo. Los errores cobran vida y se presentan ante mis ojos con una sonrisa displicente, susurrándome cosas al oído y recordándome que, por más que quiera ser otra cosa, igual soy un hijo de puta.
Hay días en los que simplemente dejo de ser yo mismo, o tal vez sólo soy insoportablemente yo. En esos días no existe la certeza, la paz, o incluso la alegría; en estos días sólo existe la incertidumbre, la desazón, el martirio.
Lupo