Hay algo en el silencio oscuro de la tarde —ese murmullo de pájaros que se apagan, ese olor a tierra ajada— que me empuja hacia ti, hacia tu ausencia, hacia tu recuerdo.
Y no porque no existas, sino porque tu sombra sigue temblando en aquellos rincones donde a veces respiramos juntos. Porque para nacer un día, un día cualquiera como el de mañana, he de morir muchas noches, demasiadas noches.
Un beso con amor
















