El ratón Pérez y María Montessori: ¿historia de un plagio?
La primera vez que la leí fue en Facebook. Una foto en blanco y negro de dos niños, cuyas cabezas aparecían acariciadas por una mano adulta y al pie, con letra mayúscula de imprenta, estaba la frase que, en principio, parecía destinada a padres y maestros. Cuando uno leía la firma lo confirmaba, era la frase de una educadora, una pedagoga, tal vez la más célebre, al menos en algunos barrios acomodados de varios países occidentales. La frase llevaba la firma de María Montessori.
Yo acababa de ser padre y supongo que el algoritmo de Zuckerberg ya lo habría detectado y ponía ante mis ojos, en mi timeline, decenas de mensajes de ese estilo, junto a publicidades de pañales y aceites para bebés. Funcionó, Mark, porque la frase se me fijó en la memoria. Me resonó, como gustan decir ahora las psicólogas de Tik Tok. Debe haber ayudado que volví a ver en redes la frase de Montesori varias veces más.
Un par de años después, una tarde de domingo, estaba en la casa de mis suegros leyendo Áncora, el suplemento cultural del diario Nación, el más leído de Costa Rica, y veo una nota de Carlos Rubio Torres, un profesor de literatura infantil en la Universidad de Costa Rica (UCR), sobre el Ratón Pérez.
El artículo contaba que el sacerdote católico Luis Coloma escribió el famoso cuento del roedor de los dientes en 1891, como un regalo para Alfonso XIII, el rey de España que en ese entonces era apenas un niño.
La nota estaba ilustrada con una fotografía facsimilar del ejemplar más antiguo del cuento, que está fechado en 1911. Presentaba la tapa y la primera página. Fue allí que todo empezó a tornarse nebuloso y la duda presentó con toda su fuerza una confusión que hasta el día de hoy no consigue aclararse.
En la primera página de ese antiguo libro leí con toda claridad, en un epígrafe citado sin firma, exactamente la misma frase que los memes de redes sociales atribuyen a María Montessori. ¿Quién era entonces el autor de la frase, el cura Coloma y su ratón o Montessori?
La pedagoga italiana había publicado su primer libro en 1909, dos años antes que la primera edición popular del relato del ratón y esto la dejaba bien posicionada. Sin embargo, en ninguna parte de las 350 páginas de su libro Il metodo della pedagogía científica applicato all educazione infantil nelle case dei bambini se podía encontrar la frase. Además, aparecían datos que hacían dudar porque algunas biografías ubicaban el libro como publicado en 1913 y esto favorecía la tesis de la posible autoría de Pérez, el roedor.
Hice consultas vía redes sociales con personas que se presentaban como exégetas de doña Montessori. Pero nadie sabía responderme. Me comuniqué con el instituto que lleva su nombre y protege su legado en Italia. Desde allí me respondieron que "la frase que menciona es del libro La pedagogía científica, publicado en 1917”. Pero nada, ni en la versión en italiano, ni en español, ni en inglés, aparecía esa frase.
El sitio web del International Montessori Institute (IMI) tiene la cita incluida en su sección “Frases inspiradoras de Maria Montessori” en la subsección “Frases Montessori sobre el papel del adulto”. Al pie de esa web, en los comentarios, María Fernanda Rodríguez, quien dice escribir desde Venezuela, pregunta si la frase de Maria Montessori está en alguno de sus libros porque quiere citarla en un ensayo que escribe y “no sé si está en un libro o si solo la dijo”.
Después de un año de abandonada la búsqueda, empecé a trabajar en la UNESCO. La mayor agencia internacional especializada en educación del mundo. Aproveché la oportunidad y pedí a los colegas expertos que me recomendaran alguna autoridad global en María Montessori. Pero fue inútil porque nadie supo decirme ni dónde, ni cuándo la intelectual italiana había pronunciado o escrito esa frase que ahora, desde Instagram estaba inspirando a tantos papis y a tantas maestras jardineras.Nada.
Me resigné a resolverlo a partir de mis propias elucubraciones. De líneas conjeturales que se proyectaban sin más fundamento que su propia lógica. Necesitaba saber quién había escrito, pensado o dicho la frase “sembrad en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan; los años se encargarán de descifrarlas en su entendimiento y de hacerlas florecer en su corazón”.
La autoría de Colima era la más verosímil. Seguía un esquema transaccional, casi extractivista: sembramos ideas en la cabeza de los niños y luego nos llevamos sus dientes, a cambio de unos pocos pesos.
Otro elemento que estaba a favor del cura era el uso que se hacía del epígrafe en el tiempo en que su libro fue escrito. Eran anónimos y no alógrafos como en estos tiempos. La frase que abre el cuento del Ratón Pérez no está atribuida a nadie, por lo tanto nos permite suponer que es del propio Colima.
Cabía preguntarse si tal vez María Montesori le había leído el cuento a su hijo alguna noche, pero era improbable. Supe que la mujer que con sus métodos pedagógicos ayudó a criar a millones de hijos en todo el mundo, dio el propio en adopción. Fue criado por una familia allegada y ella lo visitaba ocasionalmente en calidad de una falsa tía.










