Hoy fue día de grupo en Aleros.
Compartimos cine, risas y charlas — la peli era argentina, de tres viejos que se escapaban del geriátrico y se cruzaban con un velorio que lavaba dinero.
Pero más allá de la trama, lo real estuvo en la mesa, en el mate improvisado, en la pizza cortada a mano, en el gesto de pasarle un plato al compañero.
Cada encuentro se siente menos terapia y más hogar.
Estamos aprendiendo a mirarnos sin máscaras, a acompañar el silencio del otro, a reírnos de lo absurdo y a darnos fuerza cuando la vida se pone pesada.
Hoy entendí que rehabilitarse no es solo dejar atrás lo que hace mal,
es también construir con otros un lugar donde quedarse, aunque sea por un rato.













