En medio del camino de la vida
La loba me desagarró con furia, mientras yo trataba de alejarme. Al alejarme el león me siguió por la sangre, para encontrarse con la hambriente pantera.
Mi maestro encontrándome sangrante no me elevó sino que me encaminó hacia las profundidades. Los subsuelos de la oscuridad te quitaban el aire, te imponian presión de líquidos.
En el abismo se elevaron, nos elevaron: purificados de dolor. Al ver esas cosas que se hacían llamar luz.
No quería ser purificado, sólo quería que me vendaran la herida. Sin la herida no había dolor, sin dolor no podía sentir mi propia presencia. Sin esa palabra no era posible percibir mi propio nombre derivado en la lucha de carácter firme contra ella.
















