Conteo de Palabras: 928.
Proyecto: 𝗲𝘃𝗲𝗿𝗺𝗼𝗿𝗲 𝗽𝗿𝗷𝗰𝘁.
Tags: #exp012 + #ithil
Valor: 400 Velas.
Advertencia de Contenido: Escenarios violentos.
𝗧𝗛𝗘 𝗝𝗘𝗧𝗦𝗘𝗧 𝗟𝗜𝗙𝗘 𝗜𝗦 𝗚𝗢𝗡𝗡𝗔 𝗞𝗜𝗟𝗟 𝗬𝗢𝗨.
Ronan volvió a mi lado, aunque no se molestó en hablarme, mucho menos en tranquilizarme. No es que hubiese servido de algo considerando la situacin actual. Todo lo que quería era volver a casa, aunque sabía que no podía hacerlo en el estado en el que estaba.
— Voy a llamar a Gabriel. — dijo en un tono que parecía pedir permiso para poder hacerlo. Ante mi silencio, tom completa libertad sobre sus acciones.
Yo no sabía si lo agradecía o me preocupaba lo que vendría a encontrar.
— ¿Qué se supone que estaban pensando?
— ¿Vas a ayudar o no?
— Van a estar en serios problemas si alguien se entera.
— Nadie tiene que enterarse. — respondí desde mi posición en el suelo.
Podía sentir el dolor creciendo en mis rodillas aunque, por más que quería, no podía mover las piernas a voluntad.
El silencio se acomodó entre las cuatro personas que ocupabamos aquél espacio. Ninguno decía absolutamente nada. El único ruido eran las agitadas respiraciones de Ronan y la mía.
— ¿Qué propones?
Gabriel se acercó con cuidado a la escena principal. Dentro de mi estupor pude reconocer que no lo hacía sorprendido, ni molesto. Simplemente analizaba.
— Terminarlo. — fue todo lo que dije.
Sentí dos pares de ojos observarme mientras mi mirada se mantenía fija en la única persona que deseaba no tener que ver nunca más.
Gabriel nos pidió retirarnos un momento. Ronan me tomó de los hombros para apartarme del lugar, llevándome afuera. No sabía exactamente de qué tenía miedo, pero había algo en abandonar la habitación que se sentía inseguro. Se sentía frágil.
Quizá aún era momento de retroceder, aunque sabía que no quería hacerlo.
— ¿Crees que realmente vaya a ayudarnos? —preguntó Ronan mientras se dedicaba a encender un cigarrillo que después me pasó, atrayendo mi atención al ponerlo frente a mí.
— Está aquí, ¿no es así? Si quisiera llamar a mi padre lo haría pero me parece que está bien enterado de la situación.
No pude evitar que la última parte de mi respuesta cargara un tono de pasivo-agresividad. Seguía sin saber si me molestaba o no aceptar el hecho de que había traicionado mi confianza.
Desconocía si podía culparlo o no por aquello y, como leyendo mi mente, respondió: — Pareció lo correcto después de aquél episodio en que me obligaste a no llevarte a un hospital.
No, no podía culparlo.
— Lo siento. — le dije entre una nube de humo y un picor en la garganta.
Por toda respuesta, Ronan negó con la cabeza y volvió a tomar el cigarrillo de mis manos.
Cuando decidimos volver a entrar, Ronan se interpuso entre nuestro huesped y yo. Entendía por qué lo hacía aunque la curiosidad de saber qué había sucedido en el tiempo que había estado ausente ganaron a la prudencia. Fue por ello que cruzamos miradas y, contrario a lo que había esperado, soñado y deseado para este momento, me paralicé.
Lo primero que escuché de su parte fue una risa que envió un escalofrío por todo mi cuerpo y tuve que romper el contacto. Ronan me guió hacia otro lado de la habitación, cuidando no dejar espacio para el mismo incidente.
— ¿Segura que quieres estar aquí?
Asentí un par de veces aunque me negué a levantar la vista.
— No tienes que estar aquí, ¿lo sabes, cierto?
La molestia que se acomodó en mí fue suficiente para hacerme mirarlo en un momento tan vulnerable.
— Sí tengo. Por mí, por… — miré hacia él, deseando poder atraversarlo para verlo ahí, sujeto y sin posibilidades de defenderse, con Gabriel manteniéndolo a raya.
— Tengo que estar. — afirmé una vez más, sin estar segura de a quién de los dos trataba de convencer antes de pasar por un lado para acercarme a él y a Gabriel.
— Quédate con Ronan esta noche, yo encontraré cómo hacerme cargo de ir por ti mañana al anochecer.
Gabriel hizo uso de su propia polera para limpiar mi rostro con un tacto un tanto agresivo que no resentí hasta horas más tarde. Después de eso, me empujó a los brazos de Ronan con más cuidado que antes, procurando no lastimarme con la cuchilla que sobresalía de su muñeca.
— Quiero…
— No está a discusión. — entonces levantó la vista hacia Ronan y con una autoridad innegable, le ordenó: — Llévatela.
Ronan condujó hasta llevarnos a nuestro escondite, el mismo que había dejado de ser usado por todos después del incidente. Ahora sólo veníamos él y yo. Supongo que ahora tendríamos que incluir a Gabriel aunque aquello no volvería a ser un lugar de reuniones por diversión.
Sabía lo que se avecinaba y aunque trataba de contribuir en crear las historias que seguiría cada uno, tenía la cabeza saturada con los comentarios que había hecho, las escenas que había descrito y la manera en que se había expresado de las situaciones.
No había cantidad de jabón para limpiar esa gruesa capa de suciedad de mi cabeza; la sangre se iría por la mañana, después de haber descansado un poco antes de ir a casa de mi amigo para comenzar a pretender pero la verdad es que no había alternativa para eliminar ninguna de las cosas que habían sucedido en aquél lugar.
— Hay que buscar una excusa para eso…
Lo vi señalando en mi dirección y seguí el gesto. Entonces recordé aquél impulso incapaz de contener que me invadió cuando volvió a describirme la manera en que le había gustado saberse el primero aunque no hubiera sido tan bueno.
La mano aún me temblaba por la fuerza y tensión. Los nudillos resaltaban adornados de un tono rojo brillante.
Uno incluso empezaba a tornarse morado.