Capítulo 01.
Conteo de palabras: 1.010 Proyecto: N/A Tags: N/A Valor: N/A Advertencia de Contenido: Mención y consumo de bebidas alcohólicas.
«I’ve got in my mind, all the things we could do»
— ¿Te molesta si te acompaño? Giré la cabeza en dirección a aquella voz, una parte de mí estaba lista para responder de manera pesada, ahuyentando a la persona. Lo que me encontré cuando le vi, en cambio, me hizo considerarlo dos veces. Había un aire de inocencia en su presencia que no hacía otra cosa más que dejarme claro que el hombre frente a mí era malas noticias en buena caligrafía y que, aún con lo fugaz que pudiera ser aquél momento, uno de los dos no iba a salir bien de aquí. Si algo había aprendido gracias al pasado era a predecir el final con sólo ver el comienzo. — En absoluto. Tomó asiento con una sonrisa amable, depositando frente a sí su bebida. — No te tomaría por alguien que disfruta este tipo de eventos. — Oh, no lo hago. Aunque, de todas formas, yo no pertenezco aquí. Escuché su risa por lo bajo. — No me dirás ahora que eres una niña adinerada que cree que los ingresos se dan de forma honesta. — No sabría decirte —, le respondí casi de inmediato. Tomando después otro trago de mi copa, viéndole esperar por el resto de mi respuesta. El que supiera que solo se trataba de una pausa me hizo martillar el corazón. — Nunca he tenido el dinero. Mi voz era apenas un murmullo al inclinarme para confesarle mi secreto. Verle inclinarse con rapidez hacia mí por encima de la pequeña mesa me hizo sonreír. Después de procesar la respuesta por unos segundos, frunció el ceño, observándome. Vi cómo una sonrisa amenazaba con dibujarse en sus labios y tuve que obligarme a ver a otro lado, delineando la base de mi copa con los dedos y regresando a mi posición original, esperando que todo eso me ayudara a mantener la calma frente a aquél hombre cuya fragancia ya empezaba a causar estragos en mí. — Entonces… ¿Cómo es que entraste? Se inclinó un poco más sobre la mesa, apoyándose sobre su brazo. Fue mi turno de reír. Sarcásticamente. — Tengo la mitad de mis pechos afuera… — Miré alrededor de aquél gran lugar, haciendo un gesto para que siguiera mi mirada, misma que barría toda la escena que nos rodeaba. — Sólo había que pedir ayuda al hombre más cuestionable e incorrecto. La sonrisa que me mostró entonces provocó que el corazón me diera un respingo.
— ¿Qué vas a hacer cuando descubran que no eres su acompañante? —preguntó después de un momento de silencio. Sin romper contacto visual conmigo, tomó hábilmente otro vaso de whiskey del mesero que pasaba al lado de nuestra mesa. Aquello provocó que el hombre —que debía ser de mi edad— se detuviera para tomar el vaso vacío y después me ofreciera otra copa de vino blanco, la cual acepté. Una vez el hombre se alejó, tomó un trago de su bebida, haciendo después un gesto con la mano que me invitaba a responder su pregunta. Miré el contenido en mi copa, fingiendo suspirar con tristeza. — Qué manera tan cruel de decirle a una chica que no vas a invitarla a salir. Me atreví a levantar la mirada, encontrándome con una expresión en su rostro que dejaba claro que estaba considerando cuál sería su siguiente movimiento. Después de lo que pareció una eternidad, finalmente dijo: — ¿Quieres salir de este lugar?
Anduvimos, por lo que parecía, sin un destino definitivo. Caminando entre las calles de la ciudad sin decir nada en especial, disfrutando del silencio de nuestra compañía. No tenía idea de si pensaba llevarme a su casa o si esperaba que simplemente en un momento le dijera que tenía que irme, buscara un coche para mí y que la noche concluyera ahí. La verdad era que no quería que así fuera como terminaran las cosas, aunque tampoco tenía una idea clara de qué era lo que buscaba en él. Lo que sí sabía era que el sentirme abierta a cualquier posibilidad despertó el pensamiento intrusivo de una reciente relación fallida. De años inconclusos terminados de forma abrupta tras un cambio de decisión. No tenía ningún rencor por lo que había sucedido, más sí había un conflicto que hasta hace poco no había conseguido manejar. Pero ahora conseguía sentirme libre de disfrutar la compañía de alguien nuevo, de permitirme la posibilidad de compartirme con alguien sin sentir que estaba traicionando a alguien —siendo que jamás lo hice, ni sería capaz—. El corazón se me aceleraba con esta nueva libertad reconquistada.
— ¿En qué piensas? Me di cuenta de que estaba sonriendo ampliamente. — Memorias. —me limité a responder. — ¿De la ciudad? — No. Le ofrecí una sonrisa en un intento de suavizar la corta respuesta. — ¿Sobre una persona? Ante mi falta de respuesta, presionó un poco más. — Cuéntame. La amabilidad y atención que mostraba ahora era un contraste con el jugueteo y flirteo que habíamos realizado en aquél evento. Era como si estuviera frente a una persona completamente diferente, aunque aquello no volvía incomoda la situación. — ¿Qué no es de mala suerte hablar del pasado al iniciar un nuevo romance? El tono de mi voz había sido lo suficientemente juguetón y atrevido como para permitirme a mí misma alejar recuerdos que ya no quería visitar o que aparecieran de esa manera tan inesperada. Hablar del pasado no era algo que se hace en las primeras citas y, aunque no estaba segura de que esta contara como una, no me apetecía vulnerarme de aquella forma en algo que muy probablemente no pasaría de esta noche. No necesitaba exponerme así frente a alguien, por muy intrascendente que pudiera llegar a ser.
Por su parte, la misma sonrisa que me había mostrado antes de abandonar el recinto, volvió. Mostraba sus blancos y alineados dientes. Dibujaba arrugas alrededor de sus ojos al hacerlo. Remarcaba sus mejillas de una forma que resultaba adorable. Deseé que mi apartamento quedara cerca. — Pensaba en los inicios. —confesé finalmente con un tono alegre. Asintió. La sonrisa aún iluminando su rostro. — Son dignos de celebrar, ¿no te parece? La invitación provocó un cosquilleo que me recorrió todo el cuerpo y, acto seguido, acepté la propuesta.








