Amadeus Linton estaba de pie en su despacho. Estaba situado de espaldas a la puerta de entrada y contemplaba las luces de Navidad que hacían brillar el Capitolio otra noche más. Desde su mansión, situada en el paraje más elevado del corazón de Panem, tenía una panorámica bellísima del Capitolio y pocos eran los afortunados que podían presumir de haberlas degustado junto al presidente de Panem.
La puerta de la estancia se abrió tal y como Amadeus sabía que pasaría, no en vano había visto a su visita atravesar los jardines presidenciales en dirección a la entrada de la gran mansión. La eficiente Margaery le informó que el señor Beolf aguardaba a ser recibido.
- Que pase. -Fue lo único que dijo Linton sin ni siquiera girarse cuando unos pasos distintos entraron en la sala y la puerta se cerraba después.- Acérquese, señor Beolf. -Le dijo sin variar su postura.
Roman Beolf se acercó después de guiñarle un ojo descarado a Margaery a quien seguramente disfrutará cuando terminase con sus obligaciones con el presidente. A pesar de ser una mujer adulta, entrada en años y carnes, era todo un cúmulo de fantasías pseudorománticas centradas en el presidente, por supuesto a espaldas del mismo. Pero Roman lo averiguó y lo usó a su favor, esa era su especialidad. Así que en sus encuentros, él jugaba el papel del presidente, imitando su tono autoritario y ella se deshacía por complacerle en todos los sentidos.
Al llegar al lado del presidente, Roman juntó las manos a la espalda.
- Me requeríais, presidente. -Deseó que llegase el punto de ganarse tutear al presidente, lujo que sólo tenían algunos como el envidiadísimo Rogers.
- Así es. -Comentó Amadeus sin despejar la vista del paisaje nocturno iluminado por las miles de luces de Navidad que había mandado instalar como todos los años. Desde lejos también podía verse el gran árbol de Navidad coronado con una potente estrella dorada. Toda la energía que alimentaba esas bombillitas procedía, como era más que evidente, del Distrito 5.- Asómese conmigo, señor Beolf, y dígame qué es lo que ve usted. -Dijo y ladeó su rostro para clavar en el rostro anguloso de su visita sus perspicaces ojos claros.
- Veo... Poder. -Sonrió. Roman le devolvió la mirada que era como devolverle la mirada a la muerte: incierta y siempre podía volverse en tu contra.- ¿Y usted, presidente? ¿Qué ve usted? -Preguntó devolviéndole el reto, consciente de que esa pregunta tenía alguna intención oculta y sabía que Linton quería que él la descubriera.
Las comisuras de los labios de Amadeus se alzaron y las arrugas que hablaban por sí solas del paso del tiempo, aparecieron en torno a su mirada penetrante.
- Poder... -Repitió la palabra que había salido de los labios de Roman Beolf.- Una buena forma de englobarlo todo, señor Beolf. -Le felicitó el presidente.- Yo veo un Imperio, que no es más que una muestra de ese poder que usted menciona. -Sin nada más que añadir, Amadeus se alejó del ventanal y se acercó con paso tranquilo a su mesa de despacho.- Un poder que hay que mantener haciendo ciertos sacrificios, sino se derrumbaría el imperio, ¿no cree, señor Beolf?
- Totalmente de acuerdo y, en eso, si me lo permite, querido presidente, es algo en lo que usted me alumbra todos los días. El arte de mantener el imperio, si puede decirse así, es algo que aspiro a manejar casi tan bien como usted. -Sonrió moviendo los pies en la misma dirección que el presidente pero situándose frente al asiento que correspondería al invitado.
Amadeus tomó asiento en el sillón tras la mesa de despacho y abrió uno de los cajones de la susodicha para sacar una colección de puros que le tendió a Roman para que cogiera uno.
- Me alegra oír eso. -Dijo, aunque el presidente de Panem se dio cuenta de que el hombre le estaba haciendo la pelota y le decía todo aquello que pensaba que él quería escuchar.- Por eso he pensado que es usted la persona idónea para la tarea que tengo en mente. -Tomó su propio puro y cortó la punta antes de encenderlo con su encendedor de plata.
Roman abrií los ojos de la sorpresa. Para que el presidente ofreciera un puro de su colección tenía que ser una ocasión realmente importante. Roman tomó un puro y aguardó a que el presidente se encendiera el suyo para tomar prestadas las herramientas y hacer lo propio. Una vez hecho, se inclinó hacia adelante.
- Soy todo oídos, -sonrió.
Amadeus dejó escapar primero el humo del puro de sus pulmones y, después, se centró en contarle a Roman por qué se requería de sus servicios.
- Como bien habrá podido escuchar entre los miembros de la élite, el próximo domingo aterrizará en el Capitolio un aerodeslizador con una docena de futuros avox. He considerado que once de mis más fieles consejeros merecen un regalo para Navidad y no hay nada mejor que un avox para agasajarlos a todos. El doce y último pretendo incorporarlo en mi selecto grupo de avox presidenciales. -En ese mismo grupo se encontraba la hermana del diseñador Rocco Ellis, al que había castigado por hablar demasiado en la Gira de la Victoria de los 102º Juegos del Hambre.- El problema recae en que ese futuro avox, una chica proveniente del Distrito 8, ha sido capturada por insurgente al régimen y necesita de alguien que la adiestre antes de ocupar su puesto como avox presidencial. -Amadeus estaba llegando ya al meollo del asunto, por eso miraba fijamente a Roman.- Y ahí es dónde entra usted, señor Beolf. Usted es esa persona que busco.
Una sonrisa se fue formando en los labios entreabiertos de Roman, los labios que sostenían a ratos el puro. Eso que el presidente le confiaba era de suma importancia y revelaba lo mucho que había ascendido entre sus lugartenientes en los últimos tiempos.
- Me encantará domar a la bestia para usted, presidente. -Afirmó, moviendo la cabeza afirmativamente.- ¿Alguna instrucción en particular?
- No esperaba menos de su parte, señor Beolf. -Dijo Amadeus al oír la afirmativa por parte de uno de sus muchos asesores políticos.- Ninguna en particular, haga lo que considere oportuno con ella, pero siempre y cuando sea para volverla sumisa y una buena avox. Solo cuando haya conseguido eso, le cortaremos la lengua y así no podrá promulgar más sus ideas insurgentes. -Sentenció el presidente.- Obviamente, será recompensado por su eficiente trabajo, señor Beolf. Dicha recompensa variará conforme a la consecución de su propósito.
- Entonces tengo su permiso para usar los métodos que yo considere... -Se relamió pensando en lo que podía hacer con aquella incauta y más si era físicamente apetecible.- No tendrá queja sobre mi, presidente, cuando se la traiga, será una perrita fiel de su amo sin otro motivo para existir que el de satisfacer sus deseos, -prometió, sellando el trato y mostrando “desinterés” en la recompensa.
- Eso espero, señor Beolf. No me decepcione. Las personas que lo hacen no suelen acabar muy bien paradas... -La amenaza estaba implícita aunque no se dijera directamente. Las consecuencias de fracasar serían aún mayores que la supuesta recompensa que recibiría en caso de hacer bien su tarea.- Recuerde, el aerodeslizador llegará el domingo a las diez. Sea puntual. -Añadió y dio una nueva calada a su puro. Después tendría que perfumarse para que su esposa no advirtiera el olor a tabaco, ya que le había prohibido volver a fumar.- Que pase una buena noche, señor Beolf. Ya sabe dónde se encuentra la salida.
Al convivir todos los días con ese tipo de amenazas, a Roman le daba la impresión de que no eran personales si no que las dirigía en general a todo el mundo. Así que se puso en pie e inclinó la cabeza, con el puro sin terminar en la mano.
- Por supuesto, presidente, hasta pronto. -Salió por la puerta que él había indicado sucintamente, sin deshacerse del puro porque iba a ser de gran utilidad para lo que pensaba hacer hoy con Margaery.
FAMILIA: Hijo de Steven Linton y Petunia Snow. Casado con Primula y padre de Drew y Peter. Tiene un nieto, Albert.
BIOGRAFÍA: Amadeus es hijo de Petunia Snow, nieta de Coriolanus Snow, y Steven Linton. Su infancia fue todo lo normal que puede ser la vida de un niño en un Capitolio muerto, un Capitolio que había perdido todo su poder al haber implantado un régimen democrático desde la victoria de la gran Katniss Everdeen.
Creció idealizando la figura de su bisabuelo, queriendo ser de mayor como él, el presidente de Panem, el dictador que devolvería el esplendor y apogeo de antaño al Capitolio. Estudió como un loco, se relacionó con personas influyentes y, finalmente, reunió a un grupo de jóvenes que ansiaban lo mismo que él: el dominio de Panem, la vuelta de los juegos y, por ende, la vuelta del esclavismo de los distritos.
Después de varios años actuando en la sombra, el grupo liderado por Amadeus dio un golpe de estado que lo situó de nuevo en lo más alto tras acabar con la democracia. Tuvieron que pasar dos años más para volver a restablecer los juegos, cosa que provocó cierto júbilo entre los capitolinos y un exceso de Agentes de la Paz en los distritos para así controlarlos.
Siendo presidente, contrajo matrimonio con Prímula, con quien tuvo dos hijos: Drew y Peter, siendo Drew el que le ha dado a su único nieto: Albert. Actualmente, sigue siendo el presidente del Capitolio.