Dónde habitan las manos que hacen el mejor café de México
Pacho Viejo es una comunidad veracruzana asediada por la pobreza y la delincuencia. Los cerca de 4,300 habitantes de la población sobreviven a través del comercio y las labores del campo. Por sus calles ocurren asesinatos y secuestros. Pero no todo es malo en Pacho Viejo. Ahí también habita Artemio Zapata Tejada, el productor del mejor café de México.
Después de haber afrontado la caída de precios del café durante varias décadas, Artemio se considera de los pocos campesinos sobrevivientes a la crisis de los precios del grano y, a pesar del miedo ante lo incierto que puede resultar el panorama del mercado cafetalero, hoy se prepara con ánimos renovados para defender la tradición que le han heredado 3 generaciones de su familia.
“Todos hemos tenido relación con el café, pero es paradójico que no conozcamos el esfuerzo y el enorme engranaje de seres humanos que están detrás de una taza de café”, dice Rodolfo Trampe Taubert, coordinador ejecutivo de la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva del Café (Amecafé).
“El café es bondadoso: por lo poquito que uno le va haciendo a las plantas, ellas te producen. No hay necesidad de presionarlas tanto para que te den lo que te tengan que dar, y eso es algo maravilloso, la verdad”, dice Artemio Zapata.
Cada segundo se consumen 25,000 tazas de está infusión en todo el mundo, y cada minuto un millón y medio de tazas, pero tal vez nadie conozca el esfuerzo de las familias productoras. Para saber un poco más que hay detrás, te presentamos la historia del productor del mejor café de México.
“Mis manos son de campesino”
Tres generaciones de campesinos dedicados a la producción de café lo antecedieron. Su abuela, que vivió 105 años, siempre se dedicó al cultivo del grano en Pacho Viejo, comunidad del municipio de Coatepec, en Veracruz, recuerda Artemio.
Desde que era niño, aprendió a cultivar la tierra, y en este momento no se imagina en otra actividad que no sea la del cultivo del café, trabajo que desempeña con su esposa, su hija y su suegro.
“Desde que tengo uso de razón, nos hemos dedicado al campo… Si te das cuenta, mis manos son de campesino”, dice Artemio, mientras muestra sus manos ásperas y de piel gruesa.
En su finca El Suspiro, pasa gran parte del tiempo. “Venir al campo y estar platicando con las matas de café es algo primordial, es algo que creo que no lo cambias nunca.”
Artemio forma parte de una comunidad de pequeños productores que en nuestra época se encuentran en extinción, ya que son de los pocos que llevan a cabo el proceso completo de producción del café, es decir, la siembra, recolección, secado y tostado del producto.
En otros tiempos, este proceso era común entre el campesinado, pero la caída de los precios del café hicieron que muchos productores dejaran de hacer el proceso completo. En muchos casos, esta situación los llevó a la venta de sus tierras.
Una de las peores caídas del precio mundial del café en los últimos 20 años se dio durante 1992, cuando el precio por libra (453.59 gramos) fue de 58.36 centavos de dólar, mientras que su precio máximo se dio en 1995, cuando alcanzó los 160.75 centavos de dólar por libra, de acuerdo con datos de la Organización Internacional del Café (ICO, por sus siglas en inglés).
“La mayoría buscaba otra forma de vivir, y se iba uno a trabajar, por ejemplo, a la ciudad de albañil, de chalan de albañil o algunos emigraron para Estados Unidos, otros le buscaron de otra forma y se deshicieron de sus predios y pusieron tienditas, pero pues todo mundo quería poner tienditas, ya no sabía uno ni por dónde buscarle”, comenta Zapata Tejada.
Después de mirar como los productores sucumbían por las condiciones que ofrecía el mercado durante las últimas dos décadas, él decidió poner todo su empeño en cada cosecha para mantener viva su forma de subsistencia y la tradición de esta región cafetalera.
A principios de este año, Artemio se enteró de una iniciativa que nunca pensó que fuera a recompensar sus años de esfuerzo. En el mes de enero se lanzó la primera convocatoria del premio Taza de Excelencia, un certamen promovido por la asociación estadounidense Alliance for Coffee Excelence y Amecafé, con el fin de reconocer al mejor café del país.
Aunque al principio Zapata no tenía esperanzas de trascender en el certamen, el proceso del concurso le trajo la sorpresa de llegar hasta la etapa final.
Después de 3 fases en las que se cataron 122 muestras de café que fueron recibidas de distintas regiones de México, 25 catadores internacionales decidieron premiar el pasado 25 de mayo con el primer lugar a Artemio Zapata. “Nos propusimos mandar el café, pero nunca creímos que fuéramos a ser campeones del premio, nosotros nunca pensamos que fuéramos a traernos el trofeo, fue una sorpresa… Creo que hasta lloramos de la emoción, y pues creo que se vale en esos momentos”, recuerda.
Hoy, los esfuerzos de Artemio y de su familia contribuyen a formar una cadena de valor que forma un mercado de 100,000 millones de dólares, de los cuales sólo 20% se queda entre los 50 países productores, entre los que se encuentra México.
El año pasado, las exportaciones de café en el país generaron 900 millones de dólares, cuando se exportó una cantidad cercana a los 2.8 millones de sacos, según datos de Amecafé.
México es el sexto productor a nivel global, con una producción aproximada de 4.3 millones de sacos, que representan 3.3% de la producción mundial, de los cuales se exportan 2.8 millones de sacos (casi 60%).
Los países exportadores de café llegan a generar ingresos anuales superiores a los 15,000 millones de dólares, y da ocupación directa e indirecta a más de 200 millones de personas dedicadas al cultivo, transformación, procesamiento y comercialización del producto en todo el mundo, dice el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas en un estudio de 2001.
“Las perspectivas del consumo mundial siguen siendo muy halagadoras. El mundo sigue consumiendo café en forma importante, sobre todo en países emergentes y en los propios países productores de café”, reconoce Rodolfo Trampe, de Amecafé.
A pesar de que el miedo a una baja en los precios del café es un temor que se mantiene latente por la volatilidad características en este mercado, Artemio trata de no preocuparse y prefiere mirar sin temor el camino sin pavimentar que llega hasta el verde de los cafetales que rodean a todo el pueblo.
El pasado 2 de agosto, se llevó a cabo una subasta electrónica, organizada por Alliance for Coffee Excellence y Amecafé, como parte de los beneficios para los 10 productores de café finalistas del premio Taza de Excelencia 2012.
Frente a 120 compradores internacionales, se lograron colocar cerca de 45,000 libras de café, equivalentes a 20,411 kilogramos, a precios máximos de 50.21 dólares por libra, mientras que en las condiciones actuales del mercado, la producción de Artemio sólo se hubiera cotizado en 1.75 dólares por libra.
La noticia ha emocionado a Artemio y a toda su familia, y ya piensan en hacer crecer su producción en años posteriores, ya que piensan invertir las ganancias de su cosecha en la adquisición de los cafetales abandonados alrededor de la finca El Suspiro.
Durante estos días, catadores y consumidores de todo el mundo se acercan a conocer al hombre que produce el mejor café de México. Varios halagan su producto y le preguntan qué le pone a su mezcla de café. A todos, Artemio Zapata sólo les contesta: “Nosotros no le ponemos nada, simple y sencillamente, se debe a lo que traen las plantas, y le seguimos la tradición, porque no tratamos de engañar a la gente, simplemente hacemos lo que es.”
Publicado en El Financiero