Estaba profundamente enamorado. Lo sé porque solo una persona enamorada se queda esperando a que alguien regrese. Me sentía idiota, hasta a veces un chiflado por esperar un milagro que quizás no se iba a dar. Pero cuando se ama, uno se vuelve ciego y cree solo en el amor y no en los consejos de otras personas. Que más daba; total, lejos de todo ya había desperdiciado un año de mi vida esperándola. No había marcha atrás y debía de tomar una decisión. La olvidaba o me pasaría el resto de mi vida queriendo y esperando un imposible. ¡Joder! Que complicado resultaba el olvido cuando lo que más querías era seguir amándola. No estaba loco, pero si enamorado, aunque el amor se parece a la locura no me sentía loco, pero si idiota. Idiota por amarla, por esperarla, por hacer de mis días silencio y mis noches angustia. Estaba idiota por sus ojos, por su cabello, por esos grandes y exquisitos labios que tenía. Estaba idiota por ella.