A veces los días nos parecen cuesta arriba y el panorama se complica. Sin embargo, siempre quedan posibles gestos de resistencia: leer algo que nos gusta, cocinar algo rico, comerlo, encontrarse para jugar. La imagen de Ana Sanfelippo de hoy parece recordárnoslo.
Los invitamos a ver más del trabajo de Ana acá: http://www.anasanfelippo.com.ar/
Su optimismo acompaña la alegría por una gran noticia: está editado el primer libro de poesía de Belén Campero. Se llama "Cuando morimos nos quedamos en casa" y es una pequeña maravilla, "una experiencia hermosa" tal como escribió Selva Almada en la contratapa. Y claro, les invitamos a compartir esta pequeña celebración con un poema de allí:
Tangram
I
Cuando llega la noche nos quedamos solos sentimos miedo y anhelamos que venga el día como si este pudiera devolvernos algo.
Con mi hija tenemos preparados ciertos rituales, pueden cambiar pero, las dos sabemos cuáles son los que mejor funcionan.
¿Mamá vos lo abrazás a papá de noche? me pregunta, mientras yo le explico que tiene que dormir sola. Me doy cuenta de que casi siempre pedimos a los otros lo que por nosotros mismos no alcanzamos.
Leemos Pipi Calzaslargas un capítulo por noche, o casi, dejamos en suspenso lo que ocurrirá y nos pasamos el día jugando a adivinar.
En la mitad del libro, ella lo agarra ¿todo esto leímos má? todo esto, respondo, qué rápido pasa el tiempo, no te preocupes, me apuro que cuando terminemos volvemos a empezar.
Después le canto dos temas, sus preferidos, luna lanar y peixinhos do mar, la abrazo y cuando siento que cambia el ritmo de su respiración, le doy un beso bajo primero una pierna la otra, un brazo y el otro para salir de la cama con medido cuidado para que no se despierte.
II
Muchas veces me pregunto cómo recordará su niñez, qué será para ella un recuerdo y, quizás por ese ejercicio de preguntarme, descubrí la voz dulce de mi nona el mate de bombilla con un poco de leche las tardes sentadas, las dos hablando de sus historias en las montañas, cerca del lago en ese lugar en el que la escuela, a la que nunca fue, quedaba tan lejos.
La palangana con agua caliente para bañarnos, el olor de la salsa con romero y el sonido del tenedor en la mesa de madera con harina cada vez que amasaba ñoquis.
Criar es construir un nido, dar un lugar criarse en encontrarlo hacer el propio es ir aprendiendo que donde yo entro cabe otro, no de cualquier forma hay que ir probando como si fuera un tamgram como si fuéramos más que un solo yo.













