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El evento por caridad estaba por comenzar. Poco y nada le importaban los enfermos a Dorian en aquel minuto, él sólo quería gastar dinero en algún chico guapo de Los Ángeles y llevarlo a una costosa cena, para después hacer de las suyas, si tenía suerte. Dorian, como siempre, llegaba tarde. Había contratado un chófer personal para la velada, pues sabía que saldría con un chico de ahí. Para su mala suerte, el chófer era uno el novio de una chica a la que no mucho se había cogido y lo identificó, por lo que se vio obligado a tener que llamar a otro. Todo el escándalo tenía con los nervios de puntas al judío que por un minuto, pensó que iba a ser golpeado. Bajó del ascensor con un rostro de muerte y caminó hacia el salón en donde desfilarían los chicos. Miró a su alrededor. Si no tenía suerte en la subasta, habían muchos hombres guapos entre la audiencia. Buscó algún asiento entre la multitud, quedando en la quinta fila. Todos vestían de gala, era algo bastante producido.











