Estaba molesto sí, pero no con Dorian ¿verdad? Era con su hermano. Se obligó a sí mismo a no dejar al menor allí y cerrar la puerta en su cara para luego desmembrar al manipulador de Aldrich. Mordió el interior de su melilla fuerte, sus ojos en los cafés. Decidió que las palabras las dejaría para otro momento. Sí abría la boca la amargura estaría presente, así es que dio dos pasos largos y tomó al más pequeño de la camisa, atrayéndolo hasta su cuerpo. Ladeó la cabeza a la derecha un poco y su vista fue directo a los labios ajenos. Gruñó, momentos antes de besar al judío con quizá demasiado desespero. Soltó la camisa para deslizar sus manos por el tonificado pecho, y los hombros del mismo, sin detener el beso. Sin inmutarse un poco. De hecho, se atrevió a morder el labio superior del chico y luego ventas con su lengua el mismo. —Vamos a mi cuarto. —suspiró en el beso. Bien, ahora Dorian conseguiría lo que quería sólo porque la ira y celos le controlaban.
— Wow — fue lo único que alcanzó a decir cuando sintió que el más alto le halaba de la camisa. Le gustaba como se veía eso y a donde podría terminar, aunque bueno, la actitud de Devon comenzaba a extrañarle hasta aquel punto de pensar que eran trillizos. El judío se limitó a seguir besando al otro, tomándole con firmeza y autoridad de la cintura. Devon mordió su labio, ¿era algo de hermanos hacer eso? No sabía, lo que sí sabía era que la oferta que el mayor le hacía era imposible de rechazar. — Sí. — musitó con su respiración levemente acelerada, relamiendo sus labios y volviendo a besarle con fuerza.
Armó fuerzas para alejarse de él y mirar sus ojos, después observando con deseo sus labios. — Llévame. — dijo cortamente, con una sonrisa en el rostro.







