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annabelle wallis via instagram.
﹙ @sangfear --- 🌟 ﹚
❝ It is pleased to be meeting! ❞
“Lo siento, el trueno me tomó por sorpresa.” @annabelledlv
A ella también le ha tomado por sorpresa, de hecho. La mezcla entre los truenos que retumban y la profunda oscuridad que se ha apoderado de cada rincón es digna de una película de terror. Desde el primer momento se obliga a no pensar en lo peor, mantener la calma, únicamente considerando la tormenta como principal culpable. Y es que no ansía especialmente otro hecho caótico como el anterior. “¿Eres de los que le tienen miedo a las tormentas?” una sonrisa curva sus labios, agradece poder escuchar una voz familiar. “No sé si el refugio estará muy lejos, pero ahora mismo me parece mejor quedarme en la habitación. De hecho, iba hacia allí, ¿quieres venir?”
annabelle wallis attends the launch event of #CartierBeautésduMonde.
hunched over heavy breathing.
[𝐈𝐈] 𝐃𝐢𝐚𝐫𝐲 𝐨𝐟 𝐚 𝐩𝐬𝐲𝐜𝐡𝐨𝐩𝐚𝐭𝐡.
La libertad estaba cerca tras tantos años encerrada. La puerta se abrió y de la caja cristalina salió un humo oscuro que se expandió por el exterior, a través de un pequeño ventanal. Angie fue la responsable recibiendo un escalofrío por su piel, mezclado con un pensamiento atrayente al clavar su fría mirada en la muñeca que parecía sonreír.
“Hola, soy Annabelle, ¿quieres ser mi amiga? Te prometo que nunca te dejaré sola.”
La americana quedó en un silencio que después fue interrumpido por la suave y tierna voz de su madre para que subiera a cenar. Entre los brazos llevaba a la muñeca y fue una gran sorpresa para sus progenitores mostrando enseguida una expresión de sorpresa y miedo.
— Mamá, ¿qué es esta muñeca y por qué estaba encerrada?
— ¡Suelta eso, hija, esa muñeca es maligna!
— Pero… Si sabe hablar. ¿Qué es lo que habéis hecho cuando he estado encerrada?
— Iss… Digo, Angie… Hay muchas cosas que no te hemos contado aún, pero, por favor… — El padre hizo una breve pausando acercándose a su hija con los brazos extendidos para coger a la muñeca. — Dámela…
— ¡No, estoy harta de que me ocultéis cosas!
Y en ese momento, una poderosa fuerza se adueñó de ella. Los ojos se volvieron oscuros, sin señales de vida, como si esa muñeca se hubiera alimentado de aquello y con ello, realizar una posesión con la hija de los Czwójdak. Los pies de la americana dejaron de tocar el suelo, de sus brazos cayó la muñeca y la voz cambió de tono a uno más fuerte, de ultratumba.
— Vamos a jugar a un juego… Se trata del escondite, yo cuento hasta cinco y vosotros os escondéis… Si os encuentro, morís, sino… Escapáis. ¿Preparados?
Entre palabras se podía notar el tono burlesco y malévolo acompañado de una risa desquiciada. Bajó los párpados según comenzaba la cuenta atrás. “Uno, dos, tres... ¡Os voy a encontrar!” Otra risa.
— ¿Dónde estáis? Solo quiero jugar… Venga, salid… Vais a morir igual. Tengo un juguetito entre las manos, quiero saber si está bien afilado.
La madre había ocupado el interior del armario, el padre estaba preparado con un bate de béisbol tras la puerta. No quería hacer daño a su hija, pero tenía que dejar su cuerpo inconsciente y realizar el exorcismo antes de que pase más el tiempo. Solo se escuchaba la voz maligna enloqueciendo por cada minuto que pasaba. Tic-tac, tic-tac… Estaba acercándose. Solo podía quedar uno de los tres. Un sollozo. Era la pista para saber en dónde se escondían, pero tras pasar por el umbral, recibió el impacto del bate en las costillas.
— ¿Crees que me ibas a matar? ¡Incrédulo!
— ¡Cariño, cariño!
— Tu maridito ya está muerto. Ahora, quedas tú…
El cuchillo atravesó la tráquea del hombre provocando el brote de una cantidad de sangre considerada –después se preocuparía en comérselo- Quedaba ella. Asustada, daba pasos hacia atrás. Todo estaba acabado. Era ella o su hija, pero cuando quería atacar, el cuchillo atravesó su vientre para provocarle una muerte lenta y dolorosa. “Te quiero, Isselt…” Murmuró. El espíritu empezó a salir de ella tras esas palabras sinceras. Provocó que Angie recuperase su propio cuerpo y lágrimas salieron de sus ojos cuando vio que sus padres fueron asesinados por el cuchillo que tenía en la mano.
[ 𝐈 ] 𝐃𝐢𝐚𝐫𝐲 𝐨𝐟 𝐚 𝐩𝐬𝐲𝐜𝐡𝐨𝐩𝐚𝐭𝐡.
"A los once experimenté la sensación de cómo la oscuridad se hacía paso en mi flujo sanguíneo, el ardor que sentía por mis venas azuladas eran dolorosas provocando que mis cuerdas vocales se dañaran a causa de los gritos que salían de mi interior. Envuelta en un halo de llamas que quemó toda mi piel para que el infierno se quedase con mi alma y así obtener el poder oscuro. Desde ahí todo cambió. Mi mente se había obsesionado con los humanos, me resultaba irritante la felicidad ajena, las sonrisas inocentes y los corazones bondadosos: se volvieron razones para devorarlos noche tras noche. Insaciable. Nada me calmaba el hambre ni la sed, mi cuerpo empezó a ser pequeño para todo el poder que albergaba. Todo se desató. Acabé con toda persona viviente en Salem entre los once y doce años. Causé tanto escándalo que me secuestró un maldito pederasta que abusaba de mi cuando me anestesiaban. Recuerdo su cara mientras me abría las piernas. Su piel tersa y sus cabellos rubios. Parecía Dios vengándose de Satán a costa de mi, de un recipiente oscuro y malvado. "Te voy a matar. Te voy a matar. Te voy a matar. Te voy a matar. Te voy a matar. Te voy a matar. Te voy a matar. Te voy a matar. Te voy a matar. " Sigo escuchando mi propia voz, lenta, apenas inaudible, pero mis ojos se lo decían. Seis largos años encerrada en ese psiquiátrico. Descubrí que me suministraban una especie de droga verde para eliminar a mi demonio interior, pero fueron tantas dosis que mi organismo se volvió inmune y lo utilizaba para hacerse más fuerte. Acabé con tres hombres esa noche de tormenta donde la electricidad del edificio flaqueaba. " — ¿Qué escribes, Angie? — Nada mamá... Me estaba desahogando. — La cena está lista. Baja cuando quieras. Angie Czwójdak, más conocida por el nombre de Isselt, había recuperado su antigua vida. Había recuperado la estabilidad, el amor familiar, la alegría, pero dentro de su corazón sabía que eso no duraría. Faltaba una pieza en todo ese puzle. El beso de su madre en la frente de la joven de dieciocho años no caló en su alma, no sintió que todo fuese verdad. Su intuición siempre estaba alerta y en esa ocasión, fue más alarmante todavía. — Mamá... ¿No tienes fotos de cuando era pequeña? — Ay, no, hija... Hubo un incendio hace dos años y se quemó todo... Tuvimos que abandonarlo e irnos a otro lado. Hay tantas cosas que te tenemos que contar... Una conversación breve en el minuto antes de terminar la cena. Esa pregunta atrajo la tensión en el rostro de los presentes. Algo se estaban callando, algo no estaba funcionando. ¿Por qué no se sentía cómo en casa? Empezó a sentir pequeños mareos, una visión difusa. Empezó a correr a saber dónde mientras las voces la perseguían desconociendo si eran reales o eran de su cabeza. Quería huir, pero solo se estaba acercando más y más a la clave de todo, o tal vez, a una rápida pincelada más de oscuridad. Bajó unas escaleras a toda prisa sin dar la luz. Tropezó en los últimos escalones y rodó hasta el medio del sótano. La puerta se cerró. El silencio abordó ese habitáculo y fue recuperando la visión. "Estoy aquí, no temas... Haré menguar tu dolor. Solo me tienes que sacar de aquí y seremos grandes amigas, ¿quieres jugar conmigo? " El sudor corriendo por la frente. Empezó a sentir algunos escalofríos, sentía que estaba soñando. Empezó a pellizcar sus brazos, sus mejillas, pero nada era suficiente para validar la teoría. Esa era el principio de toda realidad desde que salió al mundo exterior. Recorrió con ansiedad cada recoveco de la estancia y, sin querer, dio al interruptor de la luz. — Que cojones... — ¡Que bien! Me has encontrado... Ábreme para que podamos jugar. Una gran cristalera en la que habitaba una muñeca de porcelana sentada. Su cabello era rojizo y estaba recogido en dos trenzas. Tenía un rostro bastante peculiar, demoníaco. Y sabía que en el momento que abriera esa puerta, algo más fuerte empezaría, ¿por qué no averiguarlo?