4 carillas
Al fin, otra vez, a salvo en un lugar libre de buenas costumbres. Lejos de aquellos que buscan la rima a cualquier precio, con cualquier palabra, convencidos de que esa estupidez es (de que solo con eso se hace) poesía.
En esta trinchera puedo escuchar sin interferencias lo que este whisky doble sin hielo tiene para decir en la penúltima mesa del último lugar indecente en este pútrido y apátrido Estado con aspiraciones asépticas. “Bares de segunda en países de tercera” me dijo Onetti una vez.
Oculto en este refugio antibombas, estoy protegido por finas capas de una tenue multitud, que con su ruido blanco me da la bienvenida otra vez. La noche nunca olvida a sus hijos.
Mientras tanto, afuera, el desfile de disfraces continúa, con la misma prisa de siempre. La única tregua que aceptan a regañadientes los adictos a la disciplina de las máscaras es la noche: esa cosa que solo los ingenuos como ellos usan para dormir, con el único fin de recargar, para que al otro día puedan establecer las reglas otra vez, dominar el mundo, subrayar nuevamente la dictadura de los diurnos.
Por ahora, en este paréntesis sin sol, las reglas cambian. No son nuestras, simplemente reina la brisa de un caos que nunca se sabe en qué dirección soplará esta vez. El único posible orden es la fuerza de la nada, o la de un dios meticuloso, desquiciado, loco, que encontró en nosotros a su juguete preferido.
Desfilan algunos fantasmas consolándome del fracaso en el que me dejó el pasado reciente, y de ese futuro que siempre es un territorio ajeno. Ajenjo.
Este es uno de esos lugares en los que no cobran entrada pero sólo podés entrar si ya viniste antes alguna vez, o si venís con alguien que ya estuvo acá. Son pocos los que se atreven a acercarse a estos últimos rincones que rechazan la máscara preparada por la hipocresía. Este es mi búnker favorito, vine a pedir un Jack doble sin hielo y con él anotar algunas ideas, hasta que el vaso me mire con sus ojos vacíos. Me refugié en la penútlima mesa, recostado contra una imagen de Bukowski, donde la luz apenas es un susurro.
Confirmado: un whisky doble sin hielo dura cuatro carillas.
Opiobook: Acostumbrado al fin del mundo
Twitter: @GestoObsceno
Instagram: acostumbrado_al_fin_del_mundo














