🍃 Hay quienes encuentran refugio entre paredes. Yo lo encuentro bajo la sombra de un árbol. Me gustan las plantas, la naturaleza y esa forma silenciosa que tiene la vida de abrirse camino. He aprendido más de una semilla que de muchas palabras; ella nunca duda de la oscuridad, porque sabe que es allí donde comienzan las raíces.
Camino despacio entre hojas, musgos y flores silvestres, escuchando el lenguaje del viento cuando atraviesa las ramas y el de la lluvia cuando conversa con la tierra. En el vuelo de una mariposa, en la paciencia de un cactus, en la inmensidad de una montaña y en el curso sereno de un río descubro que la existencia nunca tiene prisa, pero jamás se detiene.
Los árboles me enseñaron que la verdadera grandeza no está en tocar el cielo, sino en abrazar la tierra con raíces profundas. Los bosques me revelaron que ninguna vida florece sola; incluso el más fuerte necesita del agua, del sol y del tiempo. Y las estaciones me recordaron que perder las hojas no es el final, sino la promesa secreta de una nueva primavera.
Desde entonces comprendí que también soy naturaleza. Que llevo tormentas y amaneceres, inviernos y primaveras, sequías y lluvias dentro de mí. Y que el alma, como un jardín bien cuidado, no florece por casualidad, sino por la paciencia de quien aprende a esperar, a cuidar y a creer que, incluso en el silencio más profundo, la vida siempre está preparando un nuevo comienzo.
"Y cuando alguien me preguntó por qué amaba tanto la naturaleza, no supe responder con palabras. Sonreí. Hay sentimientos que solo entienden los árboles, los ríos, el viento... y quienes alguna vez aprendieron a florecer en silencio." 🍂