Perros, ladrones, sinvergüenzas.

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Perros, ladrones, sinvergüenzas.
Me da miedo el golpe de timón, el cambio de rumbo que el felón monclovita pueda tomar.
Van con toda la churra afuera, les importa todo una mierda, piensan que controlan el relato.
Self Driver ('15'): A Slave To The App.
A One Mann’s Movies review of “Self Driver” (2025). I sometimes get sent ‘screeners’ for films from up and coming film-makers. They often have a dodgy script and/or dodgy cinematography and/or dodgy sound and/or dodgy acting. “Self Driver”, which I don’t believe has yet had a solid distribution deal for either cinemas or streaming in the UK, has none of those issues. In fact, in its mixture of…
MÁXIMO PRADERA DEMANDA AL PERIODISTA ANTONIO NARANJO POR INJURIAS
El director de El Diario de Alcalá acusó a su compañero de tertulia de agredirle físicamente en un estudio de radio e invitó a A3Media a deshacerse del periodista por maltratador
El periodista Antonio Naranjo tendrá que responder ante un Juzgado de Primera Instancia por sus acusaciones injuriosas a Máximo Pradera, al que difamó desde su cuenta de Twitter y en diversos medios digitales.
Maltratador
Agresor violento
Acosador
son algunos de los insultos que Naranjo dedicó a Pradera el 7 de mayo pasado, por haberle agredido físicamente con manotazos y empujones.
Naranjo no denunció los hechos en el juzgado, no aporta parte de lesiones y los testigos de la supuesta agresión niegan rotundamente la versión del alcalaíno.
La ley Orgánica 1/1982 de 5 de mayo, sobre Protección Civil del derecho al honor, a la intimidad personal y a propia imagen estipula, en su Art. 7:
Tendrán la consideración de intromisiones ilegítimas en el honor la imputación de hechos o la manifestación de juicios de valor a través de acciones o expresiones que de cualquier modo lesionen la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación.
La demanda a la que habrá de responder Naranjo se basa en tres premisas incontestables:
1) Los hechos que el difamador imputa a Máximo Pradera son falsos.
2) La publicidad que Naranjo dio a los mismos desde su cuenta de Twitter y otros medios digitales fue llevada a cabo con la única finalidad de lesionar el honor y la imagen profesional del injuriado.
3) Su virulenta y dolosa campaña de descrédito público tuvo éxito, ya que Pradera fue inmediatamente apartado de la cadena donde ocurrió la supuesta agresión.
A pesar de que las acusaciones de Naranjo son falsas, Pradera se ha negado a responder a ellas desde las redes, en el convencimiento de que éstas no son el lugar adecuado para defenderse de un difamador.
En la demanda civil, que será presentada este mismo mes, Pradera exige a Naranjo una reparación económica en concepto de daños morales y materiales y la rectificación pública de las injurias proferidas contra él en las redes y en diversos diarios digitales.
NARANJO RECTIFICA
¡Qué bonito es cuando un adversario rectifica un error o se desdice de una patraña!
Hola, amiguitos Me llamo Antonio Naranjo, pero desde que publiqué este artículo http://www.eldigitaldemadrid.es/opinion/perro-come-perro/item/12317-a-propósito-de-aguirre en defensa de los excesos callejeros de Esperanza Aguirre, en Twitter me empiezan a llamar Antonio Jiménez LosNaranjos.
¿Qué mala uva, no?
Aclaro que no soy familia de Jiménez Losantos, que no comulgo con su manera mentirosa de hacer periodismo y que no hablo con fggrenillo. Sin embargo, sí comparto con El hobbit de Orihuela del Tremedal la misma pasión incondicional hacia La Lideresa. Dirijo un periódico local tan modesto que sólo puede permitirse salir en formato papel una vez por semana.
El resto de los días, la edición es digital. Nuestra supervivencia depende, en gran medida, de la publicidad institucional, de la que forma parte importante la Comunidad de Madrid. Por eso y por mis convicciones liberales, siempre que puedo (y cuando no, también), procuro dejar en buen lugar a los dirigentes de la CAM.
De ellos he llegado a decir que En Madrid hay menos paro, menos deuda, más crecimiento económico y mejor rendimiento educativo que en ningún lugar de España, pese a que la tensión social, la respuesta sindical y el ruido político duplica al de la siguiente en la lista. Soy un plumilla, es cierto, pero como dice el de Media Markt ¡Yo no soy tonto! Y en todo caso, no tan tonto como para morder la mano que me da de comer. La semana pasada, La Lideresa protagonizó un lamentable incidente en la Gran Vía de Madrid, que dejó su imagen pública por los suelos. No me estoy refiriendo al hecho de que dejara mal aparcado su coche-muy-largo-para-llevar-a-sus-nietos en el carril bus. Eso puede sucederle a cualquiera, incluso a personas de su propio partido con mucha más pericia al volante que ella, como su protegido, Angel Carromero o su protector, Miguel Angel Rodríguez. Al decir lamentable incidente hablo de su reacción posterior, cuando los agentes de movilidad procedieron a sancionarla y ella desplegó sus modales autoritarios y su olímpico desprecio hacia los agentes de un cuerpo creado por su archienemigo político, Alberto Ruiz-Gallardón. Aguirre se encaró con ellos de forma altanera y desdeñosa, no les entregó toda la documentación que se le requería (acreditado, puesto que tienen presunción de veracidad sobre la palabra de La Lideresa), estuvo a punto de arrollar a uno de los agentes en su afán de escapar del lugar del delito a toda prisa, tiró al suelo una moto del Patrimonio con el lateral de su Toyota, no se detuvo a ver qué daños había causado, a pesar de que ella misma reconoce que se dio cuenta de que había derribado el vehículo, y momentos después, cuando un coche de la Policía Municipal que había estado supervisando toda la operación le ordenó que se detuviese, ella hizo caso omiso del alto y se refugió en su casa.
Como si fuera una jugadora de parchís poniendo a salvo, en la casilla del seguro, una ficha que están a punto de comerle. Por si fuera poco, una vez en su casa, se sirvió de los dos guardias civiles (que los contribuyentes le pagamos para que la protejan) como si fueran lacayos del casoplón en el que habita. Se evitó así dar la cara y ordenó que fueran ellos los que pactaran con la policía municipal la resolución del incidente, con un parte amistoso. En vano. Los agentes no quisieron pacto alguno y acabaron formulando una denuncia contra ella en comisaría. En mi deseo (humanamente comprensible, pero periodísticamente inaceptable) de apuntalar la imagen de La Lideresa, encontré una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que podía venirme al pelo para ofrecer una versión de los hechos que no sólo exculpase a Aguirre, sino que la hiciese aparecer como una pobre víctima de los odios políticos y de los excesos policiales. Ya lo he dicho muchas veces, pero por si acaso, lo repito. Para mí, Espe es como Andreíta para Belén Esteban. Aguirre me parece, con todas sus imperfecciones, un magnífico animal político, un buen gestor y un ser humano atractivo. Yo, por Aguirre, mato. ¡MA–TO! No podía consentir que nada que tumbara por tierra la imagen que yo, como apóstol del aguirrismo, voy divulgando por los medios de comunicación, no tuviera, al menos, una refutación mía en toda regla. Mi confusión mental en el momento de ponerme a redactar el artículo era de tal calibre, que ahora no recuerdo si empleé el texto de la sentencia del TSJM a mala fe, es decir, sabiendo que la sentencia no dice lo que yo afirmo que dice, o por simple atolondramiento e ignorancia. Conociéndome, probablemente fue una mezcla de ambas cosas.
Llevo una vida ajetreadísima, que sólo me deja tiempo para leer muy superficialmente cualquier artículo que se publica (eso incluye también los míos, que se cuelgan de internet sin revisión alguna) y además confieso que tengo las mismas nociones de derecho que de física cuántica, por lo que, aún si hubiera obrado de buena fe, no habría estado en condiciones de enterarme de lo que el Tribunal Superior de Justicia dijo realmente en esa sentencia. Gracias a un colega de la radio, he podido desentrañar por fin qué es lo que estableció el Tribunal, no sin antes haber levantado sobre arenas movedizas un argumentario lógico –jurídico tan endeble que sólo Carlos Floriano se hubiera atrevido a defenderlo. Pido disculpas al lector por mi insensato y temerario artículo – tenía que haberme dado cuenta de que algo andaba mal cuando me felicitó por él hasta Hermann Tertsch– y procedo, en los párrafos que siguen, a explicar
1) qué es lo que ocurrió realmente aquella tarde aciaga en la Gran Vía madrileña
y
2) con qué técnicas de sofista barato defendí lo indefendible, llegando a ir incluso más allá de los delirios persecutorios de la propia Lideresa. Lo que estableció realmente el TSJM en la Sentencia que cito en mi artículo es que los agentes movilidad no pueden sustituir a la policía municipal en todas sus funciones.
Hace unos años, por ejemplo, inmovilizaron un taxi y lo desplazaron hasta el depósito municipal porque el vehículo incumplía varias disposiciones en materia de transporte público. La normativa del Ayuntamiento no les otorga facultades para eso y tal hecho ya ha sido corregido en el propio Reglamento de Agentes de Movilidad. http://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/Ayuntamiento/Movilidad-y-Transportes/Normativa/ANM-2007-11-Reglamento-del-Cuerpo-de-Agentes-de-Movilidad-de-Ayuntamiento-de-Madrid?vgnextfmt=default&vgnextoid=8a80de1d88402110VgnVCM1000000b205a0aRCRD&vgnextchannel=bd8b66c198c9d010VgnVCM1000009b25680aRCRD&titulo2=1&titulo1=1 Como yo deseaba que la sentencia dijera una cosa que en realidad no dice (mi versión me venía de perlas para devolver a su pedestal a la Lideresa) y además no tengo –perdone el lector lo abrupto de la expresión, pero no es hora de eufemismos– ni puta idea de derecho, usé la sentencia como los borrachos utilizan las farolas: para agarrarme a ella, en vez de para arrojar luz sobre los hechos. En el HECHO 1 de mi artículo empezó mi sarta de mentiras, de la que hoy me avergüenzo profundamente: dije que aparcar en el carril bus sólo es sancionable si te denuncia la policía local. No contrasté mi afirmación y hoy reconozco que es falsa. O tal vez intuía que era falsa, pero en ese momento me dio igual que lo fuera: mi único objetivo era dejar en buen lugar a Esperanza Agurre y ridiculizar a los que con tanta saña la estaban denostando. Los agentes de movilidad sí tienen plenas competencias en materia de ordenación y dirección del tráfico urbano, y eso incluye la potestad de sancionar a aquellos conductores que son sorprendidos infraganti vulnerando el código de la circulación. Por si fuera poco, omití el hecho de que, tal como consta en el atestado, había un vehículo de la Policía Municipal, aparcado detrás del Totoya blanco de La Lideresa, supervisando el operativo y dando cobertura jurídica y logística a los agentes de movilidad. Si fuera cierto que los agentes de movilidad no pueden extenderte una multa por aparcar en el carril bus, la policía municipal, que estaba asistiendo al supuesto abuso de poder, habría intervenido de oficio. La Lideresa, que se ha jactado en todos los medios de ser abogada (es falso, sólo es licenciada en derecho) se avino a pagar la sanción y a entregar a los agentes parte de la documentación que se le requería. Pero como es abogada, si mi información fuera cierta, Aguirre tendría que haber sabido que esos agentes no podían multarla y se habría negado desde el principio a ser sancionada, alertando a la policía municipal, que se encontraba a pocos pasos. Lo único que hizo, en cambio, fue, según ella, negarse a recoger la notificación, aunque reconoció más tarde en los medios que fue tonta por no pagar la multa. Habría conseguido un descuento por pronto pago y los descuideros que le afanaron el bolso horas después, se habrían llevado un botín menos suculento. En el HECHO 2, insistí, esta vez de forma explícita, en que los agentes de movilidad no pueden sancionar a nadie. Mi amigo de la radio me dijo que esto se llama extrapolación indebida. Es decir, apliqué de manera abusiva un criterio conocido (la Sentencia del TSJM sobre el taxista) a otros casos similares, para extraer conclusiones o hipótesis que no procedían en el caso que nos ocupa. Dicho de otra manera, intenté un timo de la estampita lógico–jurídico que no habría convencido ni a la propia Esperanza Aguirre.
En la estampita, se trata de que el timado piense: como los billetes de arriba son auténticos, forzosamente han de serlo los de abajo. En el HECHO 2, convertido en una especie de Tony Leblanc en Los Tramposos, traté de que el lector pensara: como la sentencia del TSJM prohíbe a los agentes multar a un taxista por no llevar las pegatinas al día, es verosímil que también les incapacite para otro tipo de sanciones. En este HECHO 2, aproveché para introducir un concepto en el que abundé más adelante: la supuesta ilegalidad de la retención del vehículo de la Lideresa. La sentencia del TSJM habla de un taxi que es inmovilizado y llevado a un depósito municipal de manera indebida. Aquí procuré confundir a mis lectores, haciéndoles creer que estábamos ante un caso análogo. Lo cierto es que retener no es ni detener ni inmovilizar, es simplemente obligar a un ciudadano, desde la legitimidad que otorga la condición de agente de la autoridad, a permanecer en un lugar el tiempo necesario para entregar la documentación que se le requiere. Si fuera cierto que los agentes de movilidad no pueden retener a un ciudadano, La Lideresa, que es abogada, se habría negado a perder su valioso tiempo con ellos y habría arrancado, en dirección a su domicilio, antes siquiera de entregar su carnet de conducir. O bien los habría denunciado por sus excesos ante los agentes de policía, que estaban observándolo todo desde el coche patrulla estacionado detrás del Toyota. En el HECHO 3, me lancé en plancha a la piscina de las afirmaciones temerarias y vine a decir que los agentes de movilidad sólo pueden agitar las manos y tocar el pito en la Gran Vía, como si fueran espantapájaros animados. Empleé deliberadamente la expresión retener el coche, porque se acercaba más al caso del taxi y me convenía seguir remachando la idea de que eran situaciones análogas.
Lo cierto es que los agentes no retuvieron el coche, retuvieron a la conductora, a la que obligaron a permanecer en el lugar de la infracción, hasta que ellos decidieran que había entregado toda la documentación necesaria. Los agentes de movilidad, que tienen presunción de veracidad, aseguran que Aguirre no llegó a entregarles el permiso de circulación del vehículo, aunque ella lo negara en sus manifestaciones a la prensa.
Yo tampoco mencioné este hecho en el artículo, porque habría dejado a La Lideresa a la altura de una vieja histérica y despótica, acostumbrada a imponer su voluntad contra viento y marea. En el HECHO 3, insinué que los agentes se habían delatado a sí mismos sin quererlo, al decir textualmente: Según el propio testimonio de los agentes, se excedieron pues en sus funciones, aunque ellos no lo digan así. Terminé el HECHO 3 con una reiteración innecesaria de las supuestas acciones ilegítimas cometidas por los agentes, para que pareciera que habían violado, en veinte minutos, todas y cada una de las ordenanzas del Ayuntamiento. Sí retuvieron el coche, sí recabaron documentación y sí intentaron multar. Y era seis, frente a una abuela, aunque la abuela sea de traca. El concepto abuela lo metí para inspirar simpatía hacia Esperanza Aguirre y para insinuar, sin llegar a decirlo, porque sería inconstitucional, que pudiendo haber tenido un detalle con la vieja, en atención a su provecta edad, los agentes se abstuvieron de hacer con ella una excepción. Lo cierto es que la Constitución dice en su Artículo 14 Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. En el HECHO 4, volví a incurrir en una extrapolación abusiva de la doctrina del TSJM, al recordar la sentencia contraria a la inmovilización (que no retención) de un taxi e insistí en mi peregrina teoría de que lo único que puede hacer un agente de movilidad es mover las manos para regular el tráfico. En el HECHO 5 me di cuenta de otra trampa que había en mi artículo y que llegué a introducir de manera totalmente automática (¿tan acostumbrado estoy ya a contar patrañas en mis artículos?) estaba llamando HECHOS a las que no eran más que apreciaciones subjetivas y juicios de valor. Dije, por ejemplo, que Aguirre se marchó de allí con todo el derecho de su parte. Me di cuenta de que estaba contando no lo que pasó sino
por qué creo yo que pasó lo que pasó
o aún mejor todavía: por qué me habría gustado a mí que pasara lo que en realidad no pasó.
Mi amigo Max Pradera lo llama periodismo de deseos.
Se publica no lo que es cierto, sino lo que a uno le gustaría que fuera cierto. Si hubiera escrito únicamente Aguirre se marchó de allí, sí habría descrito un hecho objetivo.
Al añadir que se marchó porque tenía derecho le di gato por liebre al lector. No era un what lo que estaba contando, sino un falso why disfrazado de what.
Aquí en España ya me he acostumbrado a hacer periodismo de cualquier manera, pero en EEUU me habrían cerrado el periódico antes de terminar de redactar el párrafo. En el HECHO 6 dije que la expresidenta tiró una motocicleta al reanudar su marcha. Redacté el texto de manera que el lector pensase que lo que se llevó por delante Aguirre fue una motocicleta mal aparcada.
En realidad, fue la moto del agente de movilidad, que la colocó delante del Toyota de La Lideresa, precisamente para bloquearle el paso.
La manera honesta de contarlo habría sido Al darse a la fuga (no tenía permiso del agente para reanudar la marcha) Aguirre arrolló la moto de un agente de la autoridad y ni siquiera se detuvo a ver si había daños. También establecí un nexo de unión absurdo, a modo de telaraña mental, entre el lugar en que debía estar aparcada la moto y el hecho de que la Lideresa hubiera sido retenida injustamente.
¿Desde cuando la legalidad o ilegalidad de una detención sirve a nadie para determinar el lugar en que se puede estacionar una motocicleta?
Mi artículo era mucho más prolijo y farragoso –lo cierto es que además de infumable, me quedó interminable– pero el resto ya no eran supuestos HECHOS.
Eran sólo intentos frustrados de ridiculización del adversario y mezcla de churras con merinas, al tratar de relacionar los desvaríos de Aguirre con los disturbios del 22-M.
Una técnica que aprendí de Paco Marhuenda.
Me faltó un chiste que dijera que a Aguirre la salvó que los agentes que abusaron de ella no fueran Mossos de Esquadra.
Pero es que ese chiste ya lo había hecho mi alter ego.
Ya saben, el otro Jiménez: Jiménez Losantos
Cuando lo único que importa es ganar la discusión, quedar por encima del contrario al precio que sea, los adoquines de los pandilleros acaban convirtiéndose en los Cócteles Molotov de los terroristas.
¿Alguien vio CÓCTELES MOLOTOV en el 22M?