
祝日 / Permanent Vacation
he wasn't even looking at me and he found me
tumblr dot com
🪼
Monterey Bay Aquarium
YOU ARE THE REASON

@theartofmadeline
ojovivo
Sweet Seals For You, Always
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ

❣ Chile in a Photography ❣

Janaina Medeiros
almost home
Mike Driver
Peter Solarz

if i look back, i am lost

Origami Around

ellievsbear
Game of Thrones Daily
we're not kids anymore.

seen from Malaysia

seen from Singapore
seen from Japan
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Germany
seen from Argentina

seen from Malaysia
seen from United States

seen from Singapore
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
@maxpradera
Me avisan que un fiscal me quié trincá que venga Catalá que venga Catalá a cerrarme el lío porque yo de Velasco no me fío que venga un día al palco con Cerezo y allí le cuento yo to´ lo de Lezo mirando al graderío.
Festival de ganchillo en la Conferencia Episcopal
Chicho Sánchez Ferlosio recuerda cómo su padre, Rafael Sánchez Mazas, intercedió ante Franco para evitar que Miguel Hernández fuera fusilado.
Ceremonia de destitución de los fiscales rebeldes
¡EL BLOG DE MAX PRADERA cumple 3 años hoy!
«EL CASO SORIA»: LA CRÍTICA DE CINE
Salgo de ver «El caso Soria», en un pase de prensa de la película que se estrenará la semana que viene en 300 salas de cine de toda España.
Aunque la película se toma algunas libertades al narrar los últimos meses de vida del exministro José Manuel Soria, debo decir que buena parte de los hechos recogidos en la cinta se ciñen a la verdad.
La película me ha provocado sentimientos encontrados. Hay escenas magistralmente escritas y rodadas, especialmente el trágico final, que tiene lugar en una sórdida pensión de Las Palmas, y que no voy a desvelar aquí, para evitar el odioso y temido «spoiler». Magistral el viraje a blanco y negro en estos últimos minutos de película, que evoca las mejores escenas del «Sed de mal» de Orson Welles. Pero también hay secuencias gratuitas, que lastran la historia con información innecesaria, y se omiten en cambio aspectos esenciales del caso real, que han quedado inexplicablemente al margen de la película.
Sobra por ejemplo toda la parte de las clases de dicción a las que asiste el protagonista. «Zabemoz que Jozé Manuel Zoria ez un zopaz», pero ¿hacía falta desperdiciar diez minutos de metraje para recrearse en lo que a la postre no es más que un defecto físico, por más risible que resulte esa forma de hablar en un sujeto tan absurdamente solemne? Puestos a mofarse de algo físico, el director, Miguel Pérez Arevalillo, podría haberse complacido en señalar el extraordinario parecido facial de Soria con José María Aznar, que añade una patina más de miseria moral al protagonista de la historia.
El actor que hace de Luis de Guindos, Manuel Garisa, está a años luz del resto del reparto, y compone un Ministro de Economía que está a la altura de las grandes interpretaciones de personajes reales del cine español, como el Francisco Franco de Juan Diego en «Dragón Rapide» o el Ramón Sampedro de Javier Bardem en «Mar Adentro». Fantástica su conversación telefónica con su sobrina Beatriz de Guindos, enchufada también en el Banco Mundial de Washington, para pedirle que destruya todas las copias del curriculum vitae que Soria envió a Davos en 2014, y que señalan al exministro como a una perfecta nulidad.
Me sobra toda la parte en que el psiquiatra trata de justificar las mentiras de Soria como si fueran un trastorno mental y no una dolosa táctica política. «Soria miente – nos viene a decir el experto – por el mismo motivo que roba el cleptómano: porque se siente incapaz de resistir su impulso interior. En su farragosa explicación, el psiquiatra, interpretado por el propio Arevalillo, llega a establecer un paralelismo entre Soria y el también político del PP José Miguel Bravo de Laguna, que robó un pijama en Harrods en los años 80.
Me faltan, en cambio – y tal vez sea el fallo más grande de la película – las conversaciones de Mariano Rajoy con José Manuel Soria, desde el avión que le traía de China, amenazando con expulsar del Gobierno a su amigo Luis de Guindos si él no renuncia al momio en el Banco Mundial. Hubiera sido fantástico asistir a ese momento en que Soria duda de si dejar a su amigo a los pies de los caballos y luego recula, al darse cuenta de que Guindos conoce de él tantos trapos sucios que podría aniquilarlo con una simple llamada telefónica. Tampoco están – y resulta inexplicable– las conversaciones de Rajoy con Paco Marhuenda, director de La Razón, en las que ambos diseñan un diabólico plan para que el Presidente preserve su imagen de cara al partido. En toda organización de tintes mafiosos, es esencial que los de abajo sientan que su lealtad perruna siempre será recompensada por el Capo di Famiglia. Rajoy debe aparecer hasta el final como un defensor incondicional de Soria y su «concurso funcionarial», para que los cuadros de Génova sepan que su jefe siempre estará a muerte con ellos (Luis, hacemos lo que podemos) y delega por eso en el periódico que le sirve de correa de transmisión mediática el trabajito de liquidar políticamente al corrupto y de responsabilizar a Luis de Guindos de haber auspiciado su infame candidatura. Si tuviera que subir la crítica a FilmAffinity otorgaría a El Caso Soria un 6,5.