¿Cuánto dura?
A veces pienso que hay cosas con las que uno tiene que aprender a convivir. Ansiedad, depresión, estrés. Tensión en la cabeza, gastritis, pensamientos autodestructivos. Y a veces pienso que debería tener tiempos de duración; y no aparecer y desaparecer, y luego volver a aparecer; algo así tan enfermizo como el cáncer, tan insistente.
Estuve en un momento que me importaba mucho todo, que le metía mucha mente a todo, y dicen que eso cansa el cerebro, que cómo no iba a sentir tensión en la cabeza. Me reí cuando me preguntaron si me gustaba mantener todo bajo control; pero siempre he pensado que eso se llama ser organizada.
Ahora estoy en un momento de mi vida en que ya en realidad no me quiero sentir deprimida. No me importa si me dicen si me aman o no. Es peor cuando una persona que sí debería decirlo, en vez de decir la palabrta clave “amor”, dice “te quiero mucho”. Ese es el balde de agua más fría e ilógico que he recibido. Pero igual no se puede dar lo que no se tiene. Ahora no me importa si no me lo dice quien debería decirlo. Aprendí que es dar sin esperar recibir. Así que lo seguiré diciendo a quien de verdad sienta la necesidad de decirlo.
Perder la confianza en alguien, y ser decepcionado, son las dos cosas que más me duelen. Pero tampoco ya no dejo que me afecte. He notado como relaciones cercanas se han deteriorado, pero ya tampoco dejo que me deprima. Así que ya no me pregunto “¿cuánto dura?”, siendo una víctima de la prueba. Ahora digo “¿qué es lo que me quieres enseñar?”, convirtiéndome en el amo de mi propia prueba. Al fin y al cabo está dirigida a mí, no a nadie más.
Ahora dejo todo en manos de Aquel que es dueño de absolutamente todo y de todos nosotros. El que hace y deshace; el que da vida y también es capaz de quitarla. A pesar de que mi confianza se ha reducido hacia personas, ha aumentado hacia Aquel que siempre me ha amado. Sé que el proceso quizás no sea fácil, pero al menos sé que es el único que no me va a decepcionar.














