“Pierden el día en espera de la noche, y la noche por temor al amanecer.”
—Seneca

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“Pierden el día en espera de la noche, y la noche por temor al amanecer.”
—Seneca
¿Era alguien diferente? Quizá tan solo permitía a otra parte de mi cosmos manifestarse. Haciéndome lucir como otro ser, haciéndome brillar bajo otra luz, mostrándome al contraste de otras sombras.
Quiero enfermarme de tu belleza, para vomitar lo que me despiertas.
No sé qué me pasa. Llevo meses durmiendo con la lampara encendida. He pensado que quizás le temo a la oscuridad, me da risa esa idea. No soy un niño ya, es imposible que aún le tenga miedo al monstruo bajo la cama; no, no puede ser miedo. Creo que más bien estoy harto, harto de tanta oscuridad. Día a día el mundo me parece más y más gris, condenado, triste y solitario. Me siento acabado, derrotado. Supongo que cuando el mundo es solo tinieblas y dolor, tiene sentido buscar refugio en un rincón iluminado de la cueva en que se ha convertido mi habitación.
Te odio.
Cuando la vida se vuelve insoportablemente cruel, la muerte te mira con apacible seducción.
Dolor, punzante dolor, como agujas acariciando mi cerebro.
Debería beber la sangre de mi torturado encéfalo.
Quizá algo aprendo.
Camina junto a la palabra hecha carne.