<<Luke, es solo una advertencia.>> A esas alturas lleva repitiéndose la frase una diez veces. Como de costumbre, ha llegado a su apartamento pasando la media noche . ¿Qué puede decir? Vive con plenitud y goza de una vida social animada. Pasa mucho más tiempo en la calle que en su "hogar" y es que la mayoría del tiempo lo encuentra oscuro y frío. Aún con todas las comodidades que su billetera rebosante de billetes verdes le permite tener, al lugar le falta calidez. Y es precisamente esa cualidad la que encuentra en su oficina cuando llega temprano con el vaso de Starbucks (que le otorga el estatus deseado) y más tarde, también con sus colegas durante alguna cena en un restaurante fino. Cuando la tertulia se prolonga horas y deciden continuarla en algún bar. ¡Ah! Y esos martes en que pese a los silencios incómodos, disfrutaba de una cerveza con su viejo mejor amigo.
Es cierto. La mujer tiene razón. Algo de razón; pero está completamente equivocada al sacarle en cara un <<no amas a tu hijo>>. ¿Qué se creía ella para afirmar aquello? Y encima, la mujer había osado colgarle el teléfono. Que la deje en paz le había pedido. Que estaba descansando y mira la hora que es, que se comunique con el abogado.
Su mano hecha puño arruga el documento. Está ebrio, pero lo suficientemente consciente como para estar al tanto de la intención de su ex esposa. ¡Le quieren quitar a su hijo! Dejarlo sin potestad alguna sobre su pequeño, sin visitas ... ¿ o el alcohol le hace exagerar? ¿Será que la susodicha se ha comprometido con otro? ¿Y si ya su campeón llama papá a otro hombre?
❝¡Zach! Z-Zach, ¿qué haces?❞
Su tono de voz es de angustia y debe detenerse varios minutos antes de proseguir. Es fácil percatarse de que está llorando.