“ cléo, no eres tú. ” asevera con seguridad, expresión volviéndose algo complicado y lleno de culpa. no deseaba que contraria se sintiera responsable de su decisión, algo que no podía estar más alejado de la realidad. el único causante de su destrucción mutua era koen, que había sido demasiado cobarde para enfrentar la realidad anteriormente. “ nada de lo que hiciste estuvo mal. soy yo—y dios, sé lo cliché que suena, pero es verdad. ” una ola de valentía parece apoderarse de su cuerpo en ese momento, donde ladea el cuerpo volviéndose a ella y sus manos encuentran su rostro, al que rodean con la delicadeza y el cariño habitual. su mirada recorre facciones ajenas con lentitud, esperando que orbes se encuentren antes de entregar su mensaje. “ te mereces todo lo bueno del mundo. te mereces a alguien que te entienda y te quiera tal y como eres. ” porque ese era el problema, ¿no? todo el cariño que se tenían no era suficiente para darle seguridad en su relación, y era ese mismo comportamiento que terminaba apagando la llama dentro de rubia, que la obligaba a renunciar a su esencia, la misma que había capturado su atención en un principio. “ yo también te quiero, y es por eso que no podemos seguir juntos. porque estás dispuesta a hacer cualquier cosa por mí y el amor no debería ser así. ” de eso estaba totalmente convencido, porque esa era la idea de amor con la que había crecido toda su vida.
lo que está ocurriendo en ese momento no le sorprende, no podría mentirle a nadie al respecto. era consciente de que conversación llegaría más temprano que tarde y es consciente de que es necesario, pero aún así, a pesar de todo lo que su razón le dice ( y de manera quizás sí un tanto inesperada ), no contaba con sentirse tan vulnerable, tan triste. porque no hay nada más poético o profundo en ese momento, lo único que siente es tristeza. sabe que koen menciona cada palabra con total honestidad, pero en el fondo, es consciente de que ella es la fruta podrida; quizás por eso cuando siente el contacto con su rostro se estremece, labios tiemblan en gesto que intenta controlar y no puede evitar su mirada por más de un instante. voz interior es instintiva, quiere gritar, preguntar, si acaso él no la quiere tal y como es, pero sabe que no es a lo que se refiere. diestra viaja al encuentro de mano contraria, aquella que descansaba sobre su rostro, no para apartarla sino para descansar allí, en suave caricia. “sé que no tengo una idea clara de lo que es el amor, no realmente,” admite, entre avergonzada y arrepentida. “ —pero también sé que nunca deseé tanto la felicidad de otra persona como lo hago contigo. quiero que seas feliz, más que nadie, incluso aunque sé que yo no puedo dártelo.” intenta una sonrisa, y la logra, pero es pequeña y da paso a lágrimas que amenazan con descender por sus mejillas. incapaz, como siempre lo fue, de sucumbir por completo a la angustia frente a un tercero, es que vuelve a hablar : “aún así… no vas a olvidarme, ¿verdad?” intenta bromear, comisura se estira apenas una vez más, aunque voz es ciertamente débil.