—Vaya, el Superbowl. —Si bien él no es adepto del fútbol americano, sí entiende la importancia de tener una audiencia tan grande. Más de diez millones de personas sintonizan la televisión para ver los actos del medio tiempo. Ahora entiende un poco qué tanta importancia ha tenido Cléo y cómo es posible que tenga ahora más de una academia de baile a su nombre. No le sorprende del todo, él cree que no se trata del lugar y el momento correcto si no más bien de seguir y seguir y seguir hasta llegar al cometido, y no hubiese dudado cosas así, si bien de chico, cuando estaban en Alabaster, Cléo le parecía una chica sin gran dirección, más bien encontrándose a sí misma en relaciones con lo ajeno, más bien retirándose del egoísmo y la preservación del propio ser en pos de amistades y parecidos. A eso no se lo dice porque ya lo han hablado en el pasado. Le alegra, sin embargo, que haya sido terca y haya seguido adelante y haya priorizado su mundo interno y externo. Dani, siempre con los mismos ideales, siguió como con orejeras de caballo hasta la Supercopa de Turquía y más allá. Nunca un Mundial de Clubes per se, pero al menos sí ganó campeonatos regionales. Le gustó estar en el Galatasaray sobretodo porque los hinchas son fenomenales, de esos que matan por el club, de esos que no te dejan andar por el lado europeo de Estambul ataviado de una camiseta del clásico rival. Es eso lo que a Dani siempre le gustó, si él cuando perdía el Real Madrid salía del Bernabéu y buscaba riña y destruía vidrieras y golpeaba containers de basura. A lo otro, una leve risa entre dientes. Sí, puede ser. No le da la razón enteramente, pero sí se le va un tanto la dureza del rostro, parece meditarlo. —Yo nunca escuché a mis directores técnicos cuando estaba en las inferiores del Real Madrid. —Confiesa entonces, sincerándose. Alguno lo mandó al psicólogo deportivo del club, otro lo separó del resto de los compañeros para decirle que tendría que hacer relación con ellos porque el fútbol no es de a uno, jamás es de a uno. —Empecé a escuchar a eso de los veintisiete, cuando ya era un tipo grande. —Admite entonces, encogiendo los hombros después. Y ante lo otro, una carcajada. Claro que sí, siempre lo supo, y eso era algo que lo atraía a Isadora: que a ella tampoco pareciera importarle, que lo quisiera a él y a Cléo por igual. Lo hacía sentir seguro de gustar y estar enzarzado en otras personas. Una de esas era Jun, por eso ante la voz de Cléo que irrumpe, Covarrubias se ríe con nervios. Lo disimula lo mejor que puede y, todavía sonriendo, dice: —Nos acostamos alguna vez. —Admite, restándole importancia. Lo cierto es que Dani lo quería y que no cree que vaya a soltarlo nunca, porque Dani no es de esos. —Luego lo dejó porque se había puesto de novio con Nayden. —Le sentó mal al ego, eso lo sabe, le sentó terriblemente. Cree que Jun lo quiso con sanidad, sin ni una pizca de locura, y a veces extraña esa paz. Pero a Dani esas cosas nunca le duran mucho, y es cierto que en esa paz se siente terrible, y es cierto que los tipos no le causan confianza. Es algo que todavía no trasciende del todo. Pero con Lim las cosas parecían distintas. A él sí lo quiso porque era delicado y lo oía y no lo juzgaba ni se medían. —Te hablé de él una vez, te pedí consejos. Te hablé de tres personas. —Hace saber, rememorando. —No te di nombres. —Y como ya pasó el rato y seguramente ella ni lo recuerde, le hace saber que: —Eran Dione, Whitney y Jun. —Y encoge los hombros después, gesto arcaico, y chasquea con la lengua y luego admite: —No escuché tu consejo, por supuesto. —Y a lo otro, Dani mueve un tanto la cabeza, como si no entendiera: — ¿No te estabas emborrachando ya? —Él apenas tomó un vaso, pero se siente un poco entonado. Si no, quizá jamás hubiera contestado lo de Jun. Hace el gesto del relleno de vasos, asintiendo con la cabeza.