El acto de comunicar no es nunca unidireccional. Es más, de no ser por la semiótica y los estudios lingüísticos, no tendríamos la noción de que puede simplificarse en algo tan sucinto y axiomático como un “acto”. La comunicación es una convergencia de eventos simultáneos, ocurre voluntaria e involuntariamente, en una y múltiples direcciones, se devuelve, rebota y se bifurca, comprendiendo toda la amalgama de complejos y sutiles estímulos que se encuentran a nuestro alrededor, seamos conscientes de ellos o no.
Es muchas veces complejo percatarnos del canal y el contexto en que se da la comunicación, puesto que estamos sumergidos en él. Pocas veces nos detenemos a pensar el hecho que nuestras ideas se ordenan y expresan de una determinada manera, por el hecho que compartimos un mismo lugar, una serie de comportamientos y expectativas que todos acordamos sin decirnos nada. Muchas veces también, asumimos que estos acuerdos tácitos son compartidos por todos quienes nos rodean, e ignoramos que más allá de que alguien pueda ser mala leche, reservado, mojigato o agresivo; puede que simplemente esta persona asuma una serie de reglas ligeramente diferentes a las nuestras. De estos deslices e incompatibilidades surgen conflictos, tanto pequeños como de escala internacional; pero también es este desfase uno de los más grandes capitales del proceso creativo.
La exposición titulada ‘A un brazo de distancia’, de autoría de Amalia Pica, presente durante Mayo y Junio del 2017 en NC-arte, proponía una mirada contemplativa, analítica, pero sobre todo empática, hacia las diferentes especies de simios que habitan en la reserva Gashaka Gumti en Nigeria. Producto de una residencia, la obra propone diferentes plataformas desde las cuales establecer contacto con estos seres, lejanos y cercanos a la vez, puntos de encuentro polisémicos en donde cada obra opera a diferentes niveles de lenguaje.
Los encuentros que se dieron con el público dentro de la exposición, partieron de la aproximación a esta diversidad de escenarios, y de cuestionarnos qué elementos entran en juego en cada obra, qué puede decirnos un sonido, cómo se mezcla con los demás estímulos en sala. Recorrer solitario o acompañados, haciendo preguntas o tirando selfies, se mezcla con la conversación en el bus de camino, la indigestión por un almuerzo pesado, o con la dejada en visto de esa persona especial.
Todos estos elementos entran a ser parte de la conversación, en un tire y afloje entre lo que queremos o podemos decir de nosotros, y ya pasar a hacerlo público. Mediante conversaciones de whatsapp, micrófonos y altoparlantes, luces y pantallas de color, buscamos decir lo indecible, sortear la pena y el pánico escénico, haciendo uso tanto de la prudencia como de la obscenidad.
Más importante aún que los mensajes compartidos, o las reflexiones sobre elementos particulares de la exposición, lo más valioso de cada encuentro fue poder poner en cuestión todo el espectro de posibilidades y variables que determinan la comunicación, poder cuestionar nuestros códigos, al igual que intentar ver desde un punto neutro nuestro contexto y parámetros culturalmente determinados. De esta manera, así fuese por un momento breve, se podía reflexionar sobre el hecho que el lenguaje es externo a nosotros, que no somos lo mismo, que es limitado e imperfecto, y que muchos de nuestros problemas, al igual que muchas posibilidades, dependen de esta insolventable brecha.
“...Re/público experiencial pretende ser una red abierta para el encuentro de opiniones, experiencias y conocimientos de personas interesadas en hacer disrupción en el sistema educativo tradicional...”
A finales de noviembre del pasado año, NC-arte fue invitado a presentar el NC-LAB, en el congreso Repensar Los Museos organizado por el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Con un programa de conferencias, presentaciones cortas de experiencias educativas (como el NC-LAB) y talleres, los participantes recibieron un abanico de perspectivas y estrategias empleadas por distintos profesionales de los museos y otro tipo de instituciones como fundaciones o centros de arte. El compartir la experiencia del NC-LAB 2016 con el público y con los otros participantes y el haber podido ser testigo de todo lo que pasaba esos días, ayudó a entender que, aunque muchos de los contenidos venían de lugares alejados geográficamente y de instituciones con identidades, fines y motivaciones muy distintas, hay una serie de preocupaciones que mueven el desarrollo de nuestros programas desde lo educativo.
Respondiendo a nuestro contexto institucional y educativo local y nacional, encontramos que compartimos las mismas preocupaciones que otros lugares como la Whitechapel Gallery de Londres o el MACBA de Barcelona. Hay tres cosas que me llamaron especialmente la atención, sobre todo porque son aspectos que tratamos en el Proyecto Educativo de NC-arte constantemente a la hora de pensar nuestra identidad y razones de ser. Por un lado, la necesidad y el deseo de salir de la institución, llevarla más allá de las paredes que nos contienen a diario a través de programas que lleguen a otros públicos y que se desarrollen de manera independiente a las exposiciones, permitiendo ahondar en investigaciones propias que pongan en relieve la relación y compromiso con la educación y sociedad. Por otro lado, y quizá como consecuencia del deseo de llegar más lejos, de trascender un poco más, se siente la necesidad de crear una comunidad involucrada en un proceso de formación informal a menudo basado en la co-creación y el trabajo participativo, pensado desde la institución, pero a menudo en conjunto, como noción distinta a la de un público, mero usuario y consumidor de exposiciones y programas. Por último, desde el congreso y en la parte de los talleres, se invitó a los asistentes a hacer algo más allá de repensar la institución: repensar nuestro rol dentro de ella. Por el tipo de formato que supone una conferencia, a menudo existe la preocupación de que no haya suficiente espacio para la retroalimentación, para escuchar y hablar con aquellos que están sentados en el auditorio. Los talleres a los que asistí, de Aida Sánchez (Asesora de Educación y Públicos en Museo Reina Sofía) y Mónica Hoff (educadora e investigadora independiente), tuvieron la finalidad de generar sesiones de reflexión, práctica y juego para asimilar los contenidos de las conferencias y, sobre todo, ponerlos en relación con nuestro trabajo y con los deseos irreverentes que podamos tener dentro de un marco institucional. El lado más colorido y juguetón de esta conferencia institucional, que corre el riesgo de ser tachada de estática, fue doble: por un lado, la inclusión de estas sesiones de taller, sin las cuales quizá nos hubiéramos ido sin perder nuestra zona de confort y sin hacer perder al museo la suya, y por otro, las experiencias educativas como el NC-LAB, que desde distintos tipos de institución operan con cierta independencia dentro de la misma. Con este guiño a la posibilidad de un formato de conferencia masiva algo diferente, mi deseo para el 2020, año del próximo congreso, es que el museo Thyssen-Bornemisza se atreva a repensar la totalidad de un congreso en el que el diálogo y la práctica tomen las riendas del programa.