A finales de noviembre del pasado año, NC-arte fue invitado a presentar el NC-LAB, en el congreso Repensar Los Museos organizado por el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Con un programa de conferencias, presentaciones cortas de experiencias educativas (como el NC-LAB) y talleres, los participantes recibieron un abanico de perspectivas y estrategias empleadas por distintos profesionales de los museos y otro tipo de instituciones como fundaciones o centros de arte. El compartir la experiencia del NC-LAB 2016 con el público y con los otros participantes y el haber podido ser testigo de todo lo que pasaba esos días, ayudó a entender que, aunque muchos de los contenidos venían de lugares alejados geográficamente y de instituciones con identidades, fines y motivaciones muy distintas, hay una serie de preocupaciones que mueven el desarrollo de nuestros programas desde lo educativo.
Respondiendo a nuestro contexto institucional y educativo local y nacional, encontramos que compartimos las mismas preocupaciones que otros lugares como la Whitechapel Gallery de Londres o el MACBA de Barcelona. Hay tres cosas que me llamaron especialmente la atención, sobre todo porque son aspectos que tratamos en el Proyecto Educativo de NC-arte constantemente a la hora de pensar nuestra identidad y razones de ser. Por un lado, la necesidad y el deseo de salir de la institución, llevarla más allá de las paredes que nos contienen a diario a través de programas que lleguen a otros públicos y que se desarrollen de manera independiente a las exposiciones, permitiendo ahondar en investigaciones propias que pongan en relieve la relación y compromiso con la educación y sociedad. Por otro lado, y quizá como consecuencia del deseo de llegar más lejos, de trascender un poco más, se siente la necesidad de crear una comunidad involucrada en un proceso de formación informal a menudo basado en la co-creación y el trabajo participativo, pensado desde la institución, pero a menudo en conjunto, como noción distinta a la de un público, mero usuario y consumidor de exposiciones y programas. Por último, desde el congreso y en la parte de los talleres, se invitó a los asistentes a hacer algo más allá de repensar la institución: repensar nuestro rol dentro de ella. Por el tipo de formato que supone una conferencia, a menudo existe la preocupación de que no haya suficiente espacio para la retroalimentación, para escuchar y hablar con aquellos que están sentados en el auditorio. Los talleres a los que asistí, de Aida Sánchez (Asesora de Educación y Públicos en Museo Reina Sofía) y Mónica Hoff (educadora e investigadora independiente), tuvieron la finalidad de generar sesiones de reflexión, práctica y juego para asimilar los contenidos de las conferencias y, sobre todo, ponerlos en relación con nuestro trabajo y con los deseos irreverentes que podamos tener dentro de un marco institucional. El lado más colorido y juguetón de esta conferencia institucional, que corre el riesgo de ser tachada de estática, fue doble: por un lado, la inclusión de estas sesiones de taller, sin las cuales quizá nos hubiéramos ido sin perder nuestra zona de confort y sin hacer perder al museo la suya, y por otro, las experiencias educativas como el NC-LAB, que desde distintos tipos de institución operan con cierta independencia dentro de la misma. Con este guiño a la posibilidad de un formato de conferencia masiva algo diferente, mi deseo para el 2020, año del próximo congreso, es que el museo Thyssen-Bornemisza se atreva a repensar la totalidad de un congreso en el que el diálogo y la práctica tomen las riendas del programa.