Ahhh, cómo se hacía esto. Iguana, tobogán, gato, hilo rojo, desván. Deshilvana los hilos, la gata gira sobre sí, soy de una generación de rotos y descosidos hambrientos por ser vistos. Nos dieron una cámara y un feed a cada uno y aca estamos, alimentando al pequeño monstruo aislado, sedentario, necesitado, ansioso. Cansados de mirar la pantalla, desmemoriados, distraídos, dubitativos, pésimos. Todos queremos ser vistos, además queremos ser respondidos pero nos da miedo preguntar, no vaya a ser que alguien responda. Hoy en día charlar es un acontecimiento. Charlar con un desconocido es un acontecimiento. Hacerlo desde la curiosidad y no desde el polarizado es un acontecimiento. No charlamos ni con nuestros similares: damos por hecho que coincidimos. Ni con nuestros lejanos: los oídos están cerrados. Y la posibilidad de... Bravo, audaz aquel que se atreve a torcer la mirada. Tanto estar quietos nos tiene entumecido el músculo de la vida. No vivimos, miedamos. Somos esto, niños a 50 años de la dictadura, viviendo el diezmo de las personas caritativas, el necio y de igual a igual, la conciencia de clase. Vivimos en la parte de atras de un uber con La Popular andando 24/7. Nos da pena interrumpir el flujo de inercia en el que vivimos sumidos, el responsable de tanta ignorancia, odio, violencia, estupidez, pereza. ¿Donde estan las personas a las que les interesa charlar conmigo? ¿Qué flores sembraremos donde esta la alambrada? Que no solo nosotros, que cada uno lo sepa. Hay formas de estar conectados, de ser parte, de escucharnos y decirnos, de formarnos. No es culpa de nadie pero es responsabilidad de todos dice mi jefe. Da un paso adelante.









