¿Y si todo lo que hiciéramos, fuera con menos miedo? No temerle a ser excluido, rechazado, despedido, apuntado. Creo que se abrirían nuevas posibilidades mentales, nuevas formas de vivir nuestro propio y pequeño mundo.
En general las personas viven con terror a ser despedidos de sus trabajos, es entendible, el sustento de las vidas que han creado, ¡de familias enteras! Yo sufrí la sensación de tener que "cuidar" el trabajo y entrar en normas y un sistema poco favorable a mi sistema nervioso. Y aquí también entran las decisiones que tomamos. Decidir qué hacer, hacia donde ir, cómo vivir la vida.
Nunca he sido apegada al lujo. Las cosas más caras que aprecio son los libros y la buena alimentación. Ni la ropa, ni restaurantes, ni objetos ni nada que me haga perder tiempo o dinero. Esto ya es una gran ayuda a mi camino de vida, no sentir o tener incrustado en la mente que el éxito va en objetos. Esta también es una decisión: "qué es el éxito para mí".
Vuelvo a lo del miedo. Hace un mes encontré un trabajo cerca de casa en una librería/papelería. Un trabajo de pocas horas a la semana que me da tiempo para seguir estudiando catalán, para estar en el programa de proyectos de Barcelona Activa y también poder continuar mis talleres de escritura autobiográfica para personas adultas. En el lugar somos 5 trabajadoras y tres dueños. Desde el minuto uno sentí una tensión en el ambiente. Mucha división, muchos murmullos, mucha verticalidad. La jerarquía en una expresión burda. Los jefes demostraban que eran ellos quienes mandaban y cómo se hacían las cosas sin preguntar ni evaluar nada. Yo que llevaba un par de días no me creí con autoridad para dar mi opinión, pero sí a los 18 días, cuando aún no tenía mi contrato impreso, lo exigí como un derecho. Era la primera vez que pasaba por una situación tan peculiar con una señora tan extravagante. Intenté ser lo más clara posible, "no me trates de tonta" le dije. Parece que era la primera vez que alguien le hablaba de esa forma. Tuve miedo, pero lo hice con miedo porque aunque llevaba pocos días, sabía que podía renunciar y buscar otro trabajo. Esa era mi llave, mi super poder. Podía renunciar y no me iba a quedar en la calle. Podía decirles que se fueran a la mierda y yo seguir con mi vida. Pero algo en mí sintió que en ese lugar yo iba a aprender de ellos y todos ellos de mí.
La segunda pelea fue donde todo esto quedó más en evidencia. Pude hablar de forma más clara aún, ser YO expresándome con respeto y con mis emociones, pero con un tono respetuoso. Pude decir lo que pensaba sin sentir que era una discusión. Pude ser abierta y demandar lo que quería y también en lo que yo podía aportar. No sé si mi receptora lo habrá entendido, pero yo me quedé muy tranquila y algo se desbloqueó. El poder ser yo, con todos mis errores y encantos. Nada me preocupa y siento que el valor y el trabajo que pongo en esa tienda es lo justo y apropiado según mi tiempo dedicado y lo que me pagan.
El termino "diversificación" también lo descubrí hace poco. Tener más de un canal financiero para no tener que sostenerme en una sola pata. Lo leí en el libro Ikigai. El NO MIEDO nace de eso, de saber que este trabajo es una parte más, pero no el TODO. Saber que cuento con mi esposo y mis amigos, amigas y familia. Saber que cuento con mis propias herramientas. ¿Es un privilegio? Sí. No todo el mundo puede hacerlo y lo entiendo. Pero también han sido mis decisiones las que me llevaron a este punto. No nací en cuna de oro, he trabajado, he entendido, he estado endeudada, estresada, metida en el sistema, gastando como loca, sin consciencia, sin foco, sin sueños.
Ha sido un largo trabajo de autoexploración y ha valido la pena cada lágrima, cada oscuridad que he tenido que visitar.