Apátrida Echo de me cuando erais lobos con piel de cordero. Lamento recordar que nunca te fuiste, que siempre permaneciste ahí, como una cicatriz que nos recuerda que es mejor llorar que estar tristes. Desiste. Persistir en tu actitud es menos noble que profanar tumbas para alquilar un ataúd. Músico sin laúd, trovador sin palabras que alimenta el viento con su aliento, mi estómago sin querer ladra. Querer llorar y no poder, ser en tu mar el único pez y a la vez no desear hallar otro alma en la inmensidad hasta el amanecer. Sueñas y recuerdas: niños se balancean en columpios; adultos cuelgan de cuerdas llevando zapatos sucios. Desquicia la codicia que mueve al mundo entero, olvidáis que sin un “y yo a ti” muere un “te quiero”. Te esperaré un minuto más del tiempo que me quede de vida, la bebida ya no llena mi corazón tanto como verte dormida. Despedidas queman sin compasión mi último bastión, reducido a cenizas chilla mi corazón, fuiste mi fruta prohibida. Duele la decepción más que seguir con vida, pero sin medida sigo sirviendo como peón tuyo a la partida. Apátrida, sin reyes ni reinas pierdo reyertas que te pasan desapercibidas cuando te giras y sin querer me olvidas. No me hablas, no me miras, me ignoras después suspiras y maldices mi nombre mientras borras mis llamadas perdidas. No más mentiras, no más desastres sin razón, no más lágrimas, no más ser solo un peón.No quiero más ser un pez ni rendirme frente a ti en un tablero de ajedrez. No. No más Damas, nada más de los demás mas que demostrarles que no mandas más. No. No más sobre mí, no más sobre mi vida. De niño a adulto, adiós al columpio, sin resentimientos. Ahora es mi momento, danza mi cuerpo movido por el viento.
Azrael Maskface













