Y es así como se siente el frío del espacio exterior, la soledad en Saturno y las ganas de gritar hasta que mi voz se pierda en lo profundo del universo. Porque a la larga, Saturno siempre existió detrás de esa puerta de madera, detrás de relatos de grandes historias, sentimientos, motivos y sensaciones que nos hacían más fuertes y aunque hoy más que nunca duela ver tu partida en ese cohete a lo largo de universo, me doy cuenta que el marinero se volvió capitán y que tuvo la suficiente fuerza para salir del hoyo negro que se convirtió lo que algún día fue nuestro bello mundo, Saturno. Espero estés bien, estoy orgulloso de verte crecer Azul...
Con Amor, Rojo.











