Ella trabaja atrás del mostrador...
El comercio de la esquina nunca es el mismo para nadie. Pero ella siempre está ahí, atendiendo al público con aire aburrido y resignación progresiva. Algún día, los japoneses van a inventar un androide regurgitado del quinto infierno para atender al público en los comercios comunes y silvestres. Hasta entonces, ella va a seguir trabajando en el comercio de la esquina. Escuchando la radio, cumpliendo su deber, odiando a su jefe en secreto mal guardado. No es una belleza escultural. Pero posee un tranquilizador atractivo mundano que nos permite concentrarnos en la tarea de comprar lo que queremos. Y sin embargo, hay tipos que van y de paso aprovechan para tirar el anzuelo, por deporte, disciplina gremial o porque las promotoras cachondas prefieren salir con veteranos con plata. Su expresión vegetal se modifica lentamente cuando me ve entrar. Dando claras señales de estar haciendo alguna que otra sinapsis. No es que yo sea un adonis con pectorales capaces de frenar las balas y los discursos presidenciales. Ella está ponderando si voy a ser un cliente fácil, un cliente dubitativo o un proverbial rompe huevos que va a robarle de su precioso tiempo para limarse las uñas. Dedico unos segundos a escanear con la mirada las estanterías, a efectos de señalar lo que preciso, pagar y retirarme sin perder mucho tiempo. No lo encuentro. Mi mirada se cruza con la de ella y la chica del mostrador ya sabe que voy a interrumpir sus ponderaciones. Hace una mueca imperceptible de misantropía antes de sonreir maquinalmente y preguntarme qué necesito. Preparada para una dosis de estupidez, levante misógino, arrogancia clientelar o todo a la vez. Le contesto que normalmente necesito oxígeno, considerando que mi existencia se vería limitada a unas pocas decenas de segundos sin una reserva amplia de esta sustancia. Me mira como si viniera de marte (ya estoy acostumbrado) y en ese momento aprovecho y le pido lo que estoy buscando. Me regala una sonrisa genuina... me dice que no tienen lo que busco, me indica el comercio que puede tenerlo y me asegura que puedo estar tranquilo, que oxígeno puedo encontrar sin dificultad en cualquier lado excepto abajo del agua. La transacción está hecha. Hay un atisbo de vida inteligente en la cabeza de la chica del mostrador, y me voy feliz de haber estado ahí para verlo.













