(...) Ay, dile que no espante los espejos de mirada niña. Había tres balcones sangrantes, había tres balcones como tres heridas incurables del muro, había tres balcones y siete temblorosos escabeles. Ay, dile que no asuste las palabras palomas, que no deje que vayan batiendo un aire usado con alas de cuchillo.
Cinco poemas para abdicar | Blanca Andreu















