Baelar: Back from your adventure already, my boy. Have you any stories for me?
Baelar is a older nord man who owns the land and small house were Moth live, Moth stays outside in a lean-to (moth prefers this) up the hill from the house during the summer, when it gets cold he moves into the house with Baelar.
Moth spends parts of the warm seasons going on sporadic adventures and wanderings, when home he does chores around the property and works part time at the Riften fishery.
I never really let you go,
just thought that you should know,
even though you broke my bones,
your soul is where I made my home,
my home,
my home.
you were looking for another way out,
try to fix these broken things
(all we had were fragments).
you were stumbling a new way down,
falling on your broken wings
(all we had were fragments).
Para Ful, respecto a Ful y Baelar, “You lied to me.”
Siempre había sido una chica antivértigo, incluso aunque en el 12 los edificios cochambrosos apenas superaran una altura de dos pisos.
Fulgur decidió que para ella la fiesta terminaba después del baile con Anib. Basta de fingir que aquí todos nos llevamos bien, pensó, basta de fingir que existe la posibilidad de que los tributos regresen vivos a sus casas. Basta de banderas rojas y basta de sonreírnos los unos a los otros antes de darnos la puñalada. Sin embargo, la peor parte de aquello no era el hecho no haberse creído esas mentiras, porque no lo hacía; el problema fue darse cuenta de que a lo mejor no lo eran y muchos de ellos no estaban dispuestos a rebanarse el pescuezo los unos a los otros.
Sentada al borde de la azotea, con los pies colgando sobre el Capitolio, por su mente pasó la palabra amigos. Seguro que si la articulaba en voz alta sonaba todavía más ridícula. No se puede tener amigos en la Arena. No se debe convertir a tu propio mentor en familia cuando sabes que no lo vas a volver a ver.
—Limítate a entrenarme, ¿de acuerdo? —le pidió con calma, sin ninguna acritud—. No quiero nada más de ti.
—De acuerdo —asintió Baelar, complaciente.
—Bien.
Aplastó lo que quedaba del cigarro contra la pared y dejó caer la colilla al vacío, exhalando humo y mirando las pocas estrellas que había en el cielo. La contaminación lumínica limitaba mucho las vistas.
No iba a coger el ascensor para descender solo una planta, la destinada al Distrito 12, así que se tomó unos segundos más antes de dar media vuelta, bajarse de ahí y dirigir sus pasos hacia las escaleras.
Se encontró con Baelar en el salón.
(Ya lo sabía. Ya sabía que él estaría allí con su alcohol y su tabaco a esas horas de la madrugada.)
—Me mentiste —escupió ella tras un silencio eterno y un largo duelo de miradas que no ganó ninguno.
Y se fue a la cama a no dormir, a esperar la mañana de los Juegos con una paciencia insoportable.
Esas fueron las últimas palabras que le dijo a la cara.
A veces —toc, toc, toc, no un reloj sino agua cayendo sobre piedra vacía y muerta de una prisión de hormigón— Gwaith miraba al techo y echaba de menos las ventanas y los bosques y el ardor en el estómago. A veces escuchaba la voz de Anib colándose entre las piedras y creía que lo estaban torturando o que quizá habría pronunciado las palabras que se callaban. A veces creía oír la carcajada seca y falsa de Sunday escupiendo sobre su nuca, los reproches de Lloyd y la indiferencia de Scott, Lucia murmurando ¿éramos amigas? A veces veía la sombra de Jess y sus labios se curvaban hacia los lados, mejillas rotas, sangre en el mentón, dientes que se desmembraban golpe tras golpe, a veces lo siento.
A veces recordaba el fuego de Marigold, tenue y gentil. A veces se echaba en cara haber perdido la inocencia de Auda y los comentarios de Roel y los bailes de Fulgur y las palabras de Scorpius y el valor de Ciro. A veces se echaba en cara haber perdido la libertad de Damien. (A veces lo siento).
En una ocasión escuchó el grito de Baelar. En una ocasión logró asomarse por los barrotes y estirar el brazo y rozar la piel de su compañero antes de volver a perderlo.
—Dime, Baelar —se susurraba, como las oraciones que jamás había querido aprender, echando de menos los abrazos que ya no estaban y el rumor cálido y tranquilo del mar en calma—. Atrévete a decirme que no estamos mejor bajo tierra.