Mejor novela modernista
Un aspecto que se debe mantener dentro de la cultura literaria es recordar o no dejar en el olvido a aquellas obras que de alguna manera u otra han funcionado como testimonio enmarcando una época o son representativas de una nación.
Aunque la concepción de modernismo sea muy discutida en América Latina es pertinente englobar a las novelas nominadas a esta categoría por cuestiones prácticas, pero siempre dando apertura al diálogo ya que la literatura también es un punto de encuentro.
Este año los Literamys en su sexta edición decidió nominar a las cinco novelas que los jueces han estimado de mayor importancia por su aporte a la remembranza de cómo fue nuestra nación, cómo se fue construyendo su sociedad y a través de la voz de sus autores, personajes y rasgos de sus paisajes podemos apreciar entre líneas nuestro pasado. Estas obras fueron publicadas durante la segunda mitad del siglo xix y principios del xx en México, cuando nuestro país sufrió una etapa de grandes cambios, el concepto de nación unas veces era reforzada, otras cuestionada, además de ser una época de gran riqueza cultural por haber distintas estéticas conviviendo en un mismo territorio.
Una de las características del lenguaje es el poder de crear o nombrar las cosas que aparentemente no están ahí, eso es algo que logran las novelas nominadas este año y son las siguientes:
· José Tomás de Cuellar, Baile y Cochino (1886).
· Amado Nervo, El donador de almas (1920).
· José López Portillo y Rojas, La parcela (1898).
· Rafael Delgado, Los parientes ricos (1903).
· Efrén Rebolledo, Salamandra (1919).
Entre los aspectos que podemos retomar de La parcela de José López Portillo y Rojas se encuentran que en su trama encarna el proyecto nacional modernista, el cosmopolitismo, la literatura cobra un papel ideologizante y se encarga de poblar el imaginario nacional, además de retratar las clases sociales. Luego en Baile y cochino de Tomás de Cuellar podemos encontrar grandes cuadros costumbristas en los que a través de la narración nos acercamos a los temas que eran tocados con sátira y crítica durante esa época, también el lenguaje coloquial así como las frases populares nos hacen apreciar cómo los personajes viven de formulas sociales.
Por otro lado en El donador de almas de Amado Nervo hallamos temas interesantísimos por su polémica tales como el hermafrodistismo, una aparente transformación en el personaje principal como metamorfosis, vemos reflejada la insatisfacción de la modernidad en Rafael Antiga y cómo el espiritismo servía como puente hacía la búsqueda de la felicidad, la completud, el alma gemela.
En Los parientes ricos de Rafael Delgado está al descubierto, por ejemplo, un testimonio de las vías de comunicación impulsadas durante el porfiriato que ayudaron con el espíritu nacionalista además de un anhelo de orden.
Por último en Salamandra de Efrén Rebolledo existen claras influencias del cosmopolitismo, uno de los más claros testimonios de la incursión de la femme fatale en la literatura mexicana, el afrancesamiento de la vida nacional y un simbolismo que nos lleva de la mano por lo erótico.
Queda del público decidir cuál de las obras lo lleva más por las emociones, problemas y entorno de esos años, hoy, casi dos siglos después.












