Valdorba
Dos guardianas otean el monte,
en invierno, cubierto de neblina,
con el repicar alegre cuando su gente celebra,
en tañer lento en congojas compartidas.
Parecen divisar un valle,
anclado a veces en el tiempo,
cuando sus piedras hablan,
para traernos los recuerdos.
El trajín de su gente,
que siempre te saluda
Y festeja en la calle,
al ritmo de sus partituras.
Cuentan que entre campos,
crecieron grandes maestros,
algunos tan notables,
que perduran con los años.
Dos guardianas otean el monte,
en 7 municipios divido,
que comparten carácter
Y en la mesa el buen vino.
Cada cual preserva
como oro en paño sus joyas,
juntas y enlazadas,
coronan la Valdorba.
Con sabor a tierra, esfuerzo y labranza,
coloreada con viñedos, trigo y colza,
aromatizada en los senderos de seta y trufa
acotada en sus términos por la caza.
Cuentan historias de arzobispos y jurístas,
esconde secretos en criptas encantadas,
tiene museos que albergan reliquias
guarda su esencia, un horrio de revista.
En este suelo, sentido por pocos,
el románico dejó su impronta,
desde sus estrechas vidrieras
e increíbles arquivoltas.
Si te pierdes por sus calles,
encontraras el hechizo,
que embruja al que la visita
Y a todo el que la ha vivido.
Dos gemelas otean el valle,
entre carrascas, la peña, en un extremo, el pórtico
7 municipios, 21 hermosas joyas,
juntas y enlazadas coronan la Valdorba.












