Las sorpresas de Camboya (2º parte)
Después de unos cuantos días en Battambang donde Monika tuvo algunos problemillas técnicos y yo coincidí por casualidad con un chaval que su familia también era de la zona de Aranda, nos movimos rumbo al sur. Nuestro destino era Sihanoukville y de allí coger un ferry a las islas, pero al no haber ningún transporte directo, tuvimos que pasar por Phnom Pen y hacer una noche allí antes de seguir.
Ese fue nuestro primer contacto con la capital de Camboya que, a decir verdad, no nos gustó mucho. Puede que fuese porque no nos movimos por los barrios indicados y porque tampoco le dedicamos en total mucho tiempo, pero nos pareció una ciudad ciertamente turbia. La prostitución infantil, la droga y el carácter oscuro de un pasado muy cruel con el propio pueblo se sienten nada más pisar la ciudad.
Al día siguiente, tomamos un autobús para ir hasta Sihanoukville. Un autobús, que acabó siendo una furgoneta, pues todo el que haya estado en Asia sabrá que llegarás a tu destino, pero nunca sabrás exactamente cómo. En esta furgoneta coincidimos con dos portugueses que también tenían como destino las islas y con los que vimos que teníamos muchas cosas en común. Además, haciendo cola para entrar al ferry, ya en el puerto, estuvimos hablando con dos chicas suecas también muy majas. En resumen, ese mismo día hicimos cuatro amigos con los que compartiríamos el mismísimo paraíso por unos días.
Si algún día me muero y tengo suerte de ser llevado al famoso paraíso de los creyentes, espero que sea algo parecido a Koh Rong Samloem. Esa isla está en el top 5 de nuestro viaje. Aguas cristalinas, playas interminables y vacías y al mismo tiempo, jungla a pocos metros de la playa, clima tropical, tu pareja, amigos, buena comida y bebida y ninguna preocupación. Cuatro días de película en la que los protagonistas fuimos nosotros. Por cierto, todo low cost.
El siguiente destino después de Koh Rong Samloem, fue Kampot (no sin antes llorar desconsoladamente por tener que marcharnos de allí para continuar nuestro viaje). Kampot fue, de nuevo, uno de esos destinos en los que esperas estar 2-3 días y acabas estando una semana. Esta ciudad, antes de Pol Pot y sus Jemeres Rojos, era internacionalmente conocida por sus campos de sal y pimienta. Actualmente, ya ha recuperado parte de ese éxito y de sus edificios coloniales, sin embargo, manteniendo esa decadencia característica de las ciudades que fueron y ya no son. Allí disfrutamos del relax y de la buena gastronomía en sitios como el Epic Arts Cafe, un café/ONG donde la comida hace honor a su nombre y roza el arte; y en el Café Espresso, algo más caro (enfocado a expats y turistas) pero donde también puedes deleitar tu paladar con sabores que mezclan lo local y lo occidental.
Desde Kampot, hicimos una visita de día en moto a Kep, a algo más de 20 kilómetros y donde nos hicimos una idea de lo que el término ciudad-fantasma significa. Otra antigua ciudad colonial donde los aristócratas camboyanos y franceses de la época disfrutaban de sus vacaciones. A pesar de que el poco movimiento de la ciudad se centra en una zona muy pequeña, Kep es amplia en extensión, pero todo lo que podrás encontrar será calles y edificios vacíos y alguna que otra vaca. Esta ciudad es famosa por su Crab Market (mercado del cangrejo), es una zona muy rica en marisco. Sí, por supuesto que lo probamos... ¡Cómo nos íbamos a ir sin comerlo! Nos pegamos un homenaje (tranquilos 8€ por cabeza) y pudimos probar las mejores gambas a la pimienta negra y el mejor amok de cangrejo de nuestra vida. Espectacular. (Si alguien va que nos traiga un poco, por favor)
Fue también en Kampot desde donde cerramos nuestro último workaway, para Malasia. Así que dejamos Kampot y marchamos a Phnom Penh para pasar los últimos 3 días en Camboya antes de coger nuestro vuelo.
La capital, Phnom Penh, nos dio la impresión de ser una ciudad oscura y sucia. No sólo, literalmente, sino también en sentido figurado. La prostitución infantil y el legado del genocida Pol Pot y sus Jemeres Rojos se palpan por sus calles y a pesar de que la sonrisa de la gente es el denominador común en todo el país, lo sentimos así. Fuimos a ver el S21, el museo credo a partir de la cárcel usada durante el mandato de Pol Pot para "sacar" información a miles de camboyanos y también vimos los Killing Fields, el Auschwitz del sudeste asiático. Dos sitios de los que sales con muy mal karma.
Preparamos pasaportes para un sello más y rumbo a Malasia que nos esperaba con más de un mes de sorpresas. ¡Ohkun Camboya! Volveremos pronto :)


















