Después de unos cuantos días en Battambang donde Monika tuvo algunos problemillas técnicos y yo coincidí por casualidad con un chaval que su familia también era de la zona de Aranda, nos movimos rumbo al sur. Nuestro destino era Sihanoukville y de allí coger un ferry a las islas, pero al no haber ningún transporte directo, tuvimos que pasar por Phnom Pen y hacer una noche allí antes de seguir.
Ese fue nuestro primer contacto con la capital de Camboya que, a decir verdad, no nos gustó mucho. Puede que fuese porque no nos movimos por los barrios indicados y porque tampoco le dedicamos en total mucho tiempo, pero nos pareció una ciudad ciertamente turbia. La prostitución infantil, la droga y el carácter oscuro de un pasado muy cruel con el propio pueblo se sienten nada más pisar la ciudad.
Al día siguiente, tomamos un autobús para ir hasta Sihanoukville. Un autobús, que acabó siendo una furgoneta, pues todo el que haya estado en Asia sabrá que llegarás a tu destino, pero nunca sabrás exactamente cómo. En esta furgoneta coincidimos con dos portugueses que también tenían como destino las islas y con los que vimos que teníamos muchas cosas en común. Además, haciendo cola para entrar al ferry, ya en el puerto, estuvimos hablando con dos chicas suecas también muy majas. En resumen, ese mismo día hicimos cuatro amigos con los que compartiríamos el mismísimo paraíso por unos días.
Si algún día me muero y tengo suerte de ser llevado al famoso paraíso de los creyentes, espero que sea algo parecido a Koh Rong Samloem. Esa isla está en el top 5 de nuestro viaje. Aguas cristalinas, playas interminables y vacías y al mismo tiempo, jungla a pocos metros de la playa, clima tropical, tu pareja, amigos, buena comida y bebida y ninguna preocupación. Cuatro días de película en la que los protagonistas fuimos nosotros. Por cierto, todo low cost.
El siguiente destino después de Koh Rong Samloem, fue Kampot (no sin antes llorar desconsoladamente por tener que marcharnos de allí para continuar nuestro viaje). Kampot fue, de nuevo, uno de esos destinos en los que esperas estar 2-3 días y acabas estando una semana. Esta ciudad, antes de Pol Pot y sus Jemeres Rojos, era internacionalmente conocida por sus campos de sal y pimienta. Actualmente, ya ha recuperado parte de ese éxito y de sus edificios coloniales, sin embargo, manteniendo esa decadencia característica de las ciudades que fueron y ya no son. Allí disfrutamos del relax y de la buena gastronomía en sitios como el Epic Arts Cafe, un café/ONG donde la comida hace honor a su nombre y roza el arte; y en el Café Espresso, algo más caro (enfocado a expats y turistas) pero donde también puedes deleitar tu paladar con sabores que mezclan lo local y lo occidental.
Desde Kampot, hicimos una visita de día en moto a Kep, a algo más de 20 kilómetros y donde nos hicimos una idea de lo que el término ciudad-fantasma significa. Otra antigua ciudad colonial donde los aristócratas camboyanos y franceses de la época disfrutaban de sus vacaciones. A pesar de que el poco movimiento de la ciudad se centra en una zona muy pequeña, Kep es amplia en extensión, pero todo lo que podrás encontrar será calles y edificios vacíos y alguna que otra vaca. Esta ciudad es famosa por su Crab Market (mercado del cangrejo), es una zona muy rica en marisco. Sí, por supuesto que lo probamos... ¡Cómo nos íbamos a ir sin comerlo! Nos pegamos un homenaje (tranquilos 8€ por cabeza) y pudimos probar las mejores gambas a la pimienta negra y el mejor amok de cangrejo de nuestra vida. Espectacular. (Si alguien va que nos traiga un poco, por favor)
Fue también en Kampot desde donde cerramos nuestro último workaway, para Malasia. Así que dejamos Kampot y marchamos a Phnom Penh para pasar los últimos 3 días en Camboya antes de coger nuestro vuelo.
La capital, Phnom Penh, nos dio la impresión de ser una ciudad oscura y sucia. No sólo, literalmente, sino también en sentido figurado. La prostitución infantil y el legado del genocida Pol Pot y sus Jemeres Rojos se palpan por sus calles y a pesar de que la sonrisa de la gente es el denominador común en todo el país, lo sentimos así. Fuimos a ver el S21, el museo credo a partir de la cárcel usada durante el mandato de Pol Pot para "sacar" información a miles de camboyanos y también vimos los Killing Fields, el Auschwitz del sudeste asiático. Dos sitios de los que sales con muy mal karma.
Preparamos pasaportes para un sello más y rumbo a Malasia que nos esperaba con más de un mes de sorpresas. ¡Ohkun Camboya! Volveremos pronto :)
Angkor: Misterio, encanto y ruinas Un explorador caminaba por la jungla camboyana cuando vió una mariposa. Atraído por la curiosidad decidió seguir su aleteo y así fue como se topó con las ruinas de Angkor. Las ruinas de esta ciudad, que en su día ocupó la misma extensión que la actual Nueva York, son realmente impresionantes aún si se visitan rodeados de otros turistas y con un calor increíble. Por eso, no puedo ni llegar a imaginar, cómo debían ser la ruinas al encontrarlas. Grandes, majestuosas, laboriosas y absolutamente devoradas por la naturaleza. A día de hoy, y si bien hay varias teorías, se desconoce la razón verídica por la que una ciudad de esta envergadura se abandonó de un día para otro, y sobre todo se desconoce a dónde se desplazaron sus habitantes. Todo esto, le da a Angkor un halo de magia que todavía hoy se respira en cuanto consigues zafarte por algún templo y huir de los turistas. ¿Por donde empezar para ir a ver Angkor? La ciudad más próxima a Angkor es Siam Reap es por lo que lo más habitual es quedarse a hacer noche allí. Una vez allí, las opciones para visitar Angkor son limitadas y bastante estipuladas de antemano. Al recinto de Angkor no se puede entrar con vehículo propio, excepto con bicicleta. Así pues, puedes acercarte hasta la antigua ciudad en bicicleta, en tuk tuk, en chofer con coche privado o bien en excursiones organizadas de grupo. La bicicleta me parece la opción más romántica, además de la más eco, pero teniendo en cuenta que visitamos Camboya en el mes más caluroso del año, decidimos elegir el tuk tuk. ¿Cuanto cuesta? Si viajas como mochilero, Angkor no es una visita barata. La entrada al recinto cuesta 20 dolares por un día, 40 dolares por tres días y 60 dólares la de una semana. Los días pueden ser alternos, cosa que está bien porque necesitarás algún descansito. Las entradas son nominativas e incluyen foto, así que olvidate de intentar truquitos. Ahora que ya tienes la entrada, toca elegir cómo ir. Si, como nosotros, eliges tuk tuk probablemente te darán a elegir entre una serie de rutas. Nosotros compramos la entrada de tres días y contratamos el tuk tuk para tres días. El primer dia, hicimos la denominada "long circuit" que te lleva a los templos que están un poco más alejados pero bien conservados o restaurados. En mi opinión este circuito fue el más interesante ya que los templos son menos populares y puedes disfrutar mucho mejor de paseos a solas por los interiores de cada uno... Y ni que decir de las fotos. El segundo día hicimos el circuito de los templos más populares entre los que se incluyen Angkor Wat o el famoso templo que sale en la película de Tom Raider. Como la mayoría de la gente fuimos a ver el amanecer a Angkor Wat y si bien es una experiencia bonita, estaba demasiado lleno de turistas y vendedores que quieren que vaya a desayunar a su bar y le quita toda la magia. Para nosotros, después de visitar los templos de Bagan, aquellos era un poco de cartón piedra. Angkor Wat es ciertamente impresionante pero ni de lejos es mi templo favorito. Todo el mundo que sólo tiene unas horas para Angkor lo visita y creo que en parte por eso su fama esta hinchada. Igualmente, es muy bonito y es el edificio religioso más grande del mundo. Bayón, el famoso templo con las caras del rey, es más bonito y curioso en su parte baja donde no hay nadie, que arriba donde se está atestado de chinos sacando fotos. El tercer día, hicimos un circuito por los templos pre-angkorinos que están más alejados y bastante peor conservados. Los templos a lo mejor no te impresionan tanto, y sobre todo si lo dejas para el último día, pero el ambiente de los pueblos cercanos y los monasterios es mucho más real. El último día fue muy corto así que pedimos al tuk tukero que nos acercara a un mercado local y aprovechamos para hacer alguna compra. Consejos útiles - El tuk tukero es un conductor, no esperes que haga las veces de guía. Depende como sea, él hablará más o menos pero en principio sólo te conduce hasta los templos. - Mujeres: si vas a visitar los templos más populares, necesitas taparte piernas y brazos. No vale con un foulard o chal como en el resto de templos del país, o del mundo, tiene que ser una camisa o una chaqueta. Aunque esta sea casi transparente... Si no tiene mangas, no pasas. Para el circuito más alejado y los templos pre-angkorinos no hay problema en ir en shorts. - Hace mucho calor. Supongo que depende de la época del año será más o menos fatigante pero igualmente hará calor. Asegurate de que el tuk-tukero lleve agua fresquita para ir dándoos durante el viaje. Lleva crema, gorra y ropa fresca. - Los recorridos en tuk-tuk se cobran sobre 15 dolares el coche. Es decir que si encuentras con quien compartirlo te sale mucho mejor. En algunos tuk tuks caben hasta 5 o 6 personas, pero no lo recomendamos porque entonces tendréis calor también en el tuk tuk. -Es mejor madrugar. Esto probablemente os lo diga el propio conductor. Y es que es mejor pegarse el madrugon mañanero para luego volver al hostal hacia el mediodía y evitar las horas de calor atosigante. Nosotros lo hicimos así y al llegar comíamos y nos íbamos a la piscina a descansar. -Vas a caminar. Con esto, no quiero decir que te vistas de Dora la exploradora o de barbie deportista (como hemos visto a muchos y muchas) pero que tengas en cuenta que a los templos hay que subir a menudo por escaleras empinadas que a veces casi son escalables. Caminos de piedra, tierra y jungla. Es decir, deja esas sandalias tan monas para la tarde y ponte un calzado cómodo. Estos son los consejos más importantes que se nos ocurren para aquellos que tengáis la ilusión de visitar Angkor algún día. En nuestra opinión fue una visita que merece mucho la pena y que te hace soñar despierto con lo que ese imperio debió ser en sus años dorados. ¡Prepara tu cámara y disfrútalo mucho!
Nunca te fíes de las opiniones de los demás cuando viajas. Es decir, está bien preguntar e intercambiar opiniones pero no dejes que eso te influya demasiado en tu planing. Esta es una idea con la que nos venimos reafirmando durante todo el viaje y Camboya ha sido otro claro ejemplo.
Por esta regla de tres, no deberías hacer demasiado caso a lo que estoy a punto de contar pero si todavía tienes interés en ver que vimos y lo que nos pareció Camboya, quedate a cotillear.
Conocimos a gente que nos dijeron que si teníamos que elegir a que país destinar más tiempo, no se lo diéramos a Camboya. Por lo tanto, digamos que nuestras expectativas sobre el país no eran demasiado grandes pero, por supuesto, teníamos la curiosidad y la ansia viva de verlo por nosotros mismos.
Pasamos por la frontera de tierra desde Laos, y si bien la bienvenida no fue demasiado amable ( intentos de sobrecargo en la frontera, una señora mayor obligándome a pagar para ir al servicio y demás) todo fue cambiando a medida que nos adentrábamos en el país.
Veníamos un poco cansados de sentirnos borregos en Laos e ir haciendo el mismo recorrido que todo el mundo y todo apuntaba a que toda la borregada iba a seguir su ruta hasta Siam Reap así que decidimos hacer una parada antes en Preah Viear y así recuperar nuestro ritmito más local.
Preah Viear es una parada muy interesante en el mapa. Es un templo entre Tailandia y Camboya al que no es muy fácil llegar y tampoco muy barato pero que resulta muy interesante a nivel histórico, y es que el terreno en el que está esta construcción ha sido fuente de conflicto entre Tailandia y Camboya hasta hace escasos años, el último enfrentamiento fue en 2011. Si bien ahora mismo la paz esta firmada, la subida hasta el templo no deja de ser curiosa. Primero, tienes que coger un taxi hasta allí y luego para subir hasta la montaña tienes que alquilar una moto taxi que la pobre sufre lo que no está escrito para subirte hasta arriba. De camino bases militares y trincheras militares. El templo está bien pero nada espectacular, sobre todo si después vas a ir al archiconocido Angkor. Aunque cabe decir que este tiene un aurea especial y también es patrimonio de la humanidad. Además , seguramente serás el unico turista.
Arriba del todo tienes un pequeño santuario budista y otras curiosidades como la huella de buda o la piedra elefante. Es muy curioso ver cómo se mezclan los picnics de los locales con los militares repartidos por todo el templo que están más preocupados en preguntarte de dónde eres que de otra cosa.
Siam Rep: esta es la parada necesaria para visitar las famosas ruinas de Angkor. Hablaremos de las ruinas de Angkor en un post dedicado solamente a ellas ya que merecen mención a parte. Sobre Siam Rep, decir que nos pareció una ciudad más occidentalizada, una especie de Luang Prabang con el característico mercado nocturno y mucho bullicio durante la noche. Es una parada agradable para descansar después de las visitas a los templos y salir a cenar algo rico ya que las ofertas son infinitas. Consejo: si puedes, quedate en un hotel con piscina. Mucho de los hostales tienen piscina y realmente la vas a agradecer porque las tardes son muy calurosas y vendrás cansado del turismo con lo que agradecerás un buen descanso.
Desde Siam Rep también se puede ir a visitar un pueblo flotante cercano que parece ser muy interesante pero nosotros no fuimos porque nos recordo un poco a Inne lake y preferimos quedarnos con aquel recuerdo.
Battanbang: de camino a el sur paramos en Battambang y lo que iba a ser una parada de un día, se convirtió en casi una semana de manera que celebramos el año nuevo Kmer allí. La primera noche, nos quedamos en el Tomato Guesthouse, un hostal en el que nos costaba 3€ la habitación doble. En el rooftop de este hostal conocimos a un grupo de viajeros y nos fuimos a celebrar el año nuevo con ellos. Desafortunadamente, mi estómago no toleró tanta festividad y me puse enferma por lo que nos cambiamos de hostal (en busca de aire acondicionado) y así fue como nos enganchamos a esta ciudad. Caminar por sus calles con aires coloniales, las sonrisas de los locales, el vegetarian foods baratísimo, los niños jugando con las pistolas de agua…
Como excursión un día alquilamos una moto y nos fuimos a ver las Killing Caves. Las cuevas dónde los jemeres rojos mataron a cientos de personas y dónde ahora hay templos en su memoria, además de huesos que la tierra sigue escupiendo. De vuelta pasamos por un monasterio y tuvimos la mayor de las suertes al despertar la curiosidad de unos niños monjes que estaban por allí. Nos guiaron por todo el monasterio y nos enseñaron un templo oculto en una gruta. Una experiencia muy auténtica. Al atardecer nos acercamos a las cuevas de los muercielagos donde estos empiezan a salir como locos en cuanto cae el sol y puedes ver cientos de muercielagos salir de la cueva y empezar a pintar el cielo durante 20 minutos sin parar.
De vuelta para el centro, seguían la celebraciones del año nuevo que consisten en lanzarse agua. Se ponen en las esquinas de la carretera para no dejar títere con cabeza. ¡Imagínate que divertido si ven a dos blanquitos! Pues eso que acabamos como el rosario de la aurora pero con los papos doloridos de sonreír.
Desde Battanbang pusimos rumbo a el sur, a una isla que nos dejó alucinados y que, además, tuvimos la suerte de compartir con gente muy divertida. Lo dejamos para el siguiente post :)
El gran desconocido del sudeste asiático. La amiga fea (esa que no recuerdas su nombre nunca) de la antigua Indochina. No sé si os ha pasado también a vosotros, pero yo no tenía ni idea sobre Laos hasta prácticamente entrar en el pais. Nuestra idea de viaje por Laos ha variado constantemente (algo que empieza a ser el común denominador de nuestro itinerario hasta el momento). Empezamos pensando que algo de lo que no habíamos escuchado hablar previamente no merecía más de una semana y por pura situación geográfica, ya que se situaba en nuestro camino hacia Camboya. Luego, tras recibir opiniones muy positivas, decidimos darle un mes. Finalmente, el destino quiso que nuestra relación de amor-odio con Laos durase tres semanas. Te voy a contar porqué.
Pero antes de empezar con nuestro viaje por Laos, nuestra hazaña para llegar desde Myanmar hasta allí, merece ser mencionada. La operación salida de Myanmar o "Sentir que el asiento del autobús es una extensión de mi cuerpo".
Nuestra última parada en Myanmar fue Inle Lake y de allí, queríamos ir a Laos por vía terrestre, pero el punto fronterizo que queríamos cruzar (el más cercano a Laos y a Inle Lake) es "complicado" alcanzar por tierra (conflicto armado todavía presente y carreteras imposibles entre la selva). Nos enteramos de ese pequeño detalle sin importancia poco antes de llegar a Inle, así que teníamos que escoger otra opción. En resumen: Inle Lake - Yangon - Myawaddy - Mae Sot (Tailandia) - Chiang Mai - Chiang Rai - Huay Xai (Laos). Todo en bus y con paradas en Mae Sot y Chiang Rai. Pasaron 4 días entre todo el recorrido. Un puto horror.
Huay Xai: tras pasar la frontera y prácticamente besar el suelo como el Papa para celebrar que, por fin, habíamos llegado, la chica que vendía los billetes para Luang Namtha (un sitio en el norte donde íbamos a descansar después de tanto viaje) nos dice que no le quedan asientos libres, pero que si queremos, podemos pagar el billete religiosamente, esperar cuatro horas hasta la hora de salida y hacer las cuatro horazas más de viaje en el suelo del bus. Fantástico, espectacular, pura maravilla. No pudimos más, tocamos fondo física y anímicamente. Así que, mandamos a la mierda nuestra semanita por el norte "no turistizado" de Laos y decidimos optar por hacer el viaje de dos días en barco por el Mekong hasta Luang Prabang. Decisión de la que nos arrepentimos. En parte.
Nos fuimos de la estación de bus de Huay Xai al "centro" del pueblo, que es básicamente una calle a la rivera del Mekong donde se concentran la actividad del lugar, y allí buscamos una habitación donde quedarnos esa noche hasta coger el barco al día siguiente. Nuestro humor había cambiado por completo y aunque estábamos en un pueblo que no tenía nada, estábamos llenos de energía y contentísimos. No coger ese bus fue el punto de inflexión que necesitábamos.
El viaje en barco fue más ameno de lo que esperábamos. Conocimos a cuatro holandesas y un chaval de Basauri que vive ahora en Australia, con los que hicimos migas y conpartimos el tiempo en el barco y en Luang Prabang.
Luang Prabang: sus puestos de baguettes callejeros, sus cafés donde desayunar buen pan, buena mermelada y buen café y los letreros de la ciudad escritos siempre en lao y francés, hacen que te des cuenta fácilmente de que este país fue una colonia francesa.
Allí fue también dónde vimos la que es la catarata más espectacular hasta el momento en este viaje, Kuang Si Waterfall. Agua turquesa, muchísimos niveles de agua y una caída de más de 50 metros.
Luang Prabang es una de esas ciudades en las que el tiempo pasa sin que te des cuenta y los sitios de comida rica y barata y los zumos de frutas naturales a prácticamente un euro ayudan mucho a ello.
Vang Vieng: antes de llegar habíamos leído y escuchado versiones muy distintas de este lugar y la diferencia entre opiniones se basa en el tipo de viaje que busca cada uno. Personalmente, creo que Vang Vieng es un sitio con poco que ver en si mismo pero con unos alrededores impresionantes. Además, me recordó a Barcelona y el riesgo que tiene a echar a perder varios barrios emblemáticos de la ciudad debido al turismo low cost. En este caso, para Vang Vieng creo que ya es tarde. Mochileros borrachos en busca de fiesta y el "tubing", que se basa en sentarse en un donut inflable (probablemente la rueda de un tractor o algo así) y dejarse llevar rio abajo han sido los factores determinantes para ello.
Ese ambiente no nos apetecía y era imposible escapar de él. Hicimos una escapadita con bicis por los alrededores y pasamos dos noches de rigor y nos fuimos.
Vientiane: intentando ser rápidos, se parece a Luang Prabang en cuanto a la influencia francesa y los sitios ricos para comer, pero siendo un poco más grande y caótica y con menos naturaleza alrededor.
Una cosa destacable en Vientiane fue el museo COPE que habla sobre la guerra secreta de Laos y sus consecuencias en la sociedad actual. Muy interesante e impactante. También fuimos al Buddha Park, donde invertimos más tiempo en el transporte que en el sitio en sí. Es una amalgama de figuras budistas e hinduistas con, a mi parecer, poco fundamento y menos preservación. Un poco decepcionante.
Estuvimos dos noches y tres días, pues decidimos optar por el bus-cama nocturno para llegar a Pakse (la historia del bus cama es para contar con unas cañas).
Pakse: guardamos buenos y malos recuerdos de Pakse. Empezando por los malos, me tiré cuatro días en la habitación del hotel repartiendo el tiempo entre la cama y el trono (no te sabría decir en qué porcentajes) por comer comida en mal estado. Al tercer día me dio fiebre, así que decidimos ir al hospital para que me echaran un vistazo.
Después de descartar malarias y algunas que otras enfermedades, me enchufaron por vena suero y alguna cosilla que me dejó nuevo. Otro día más para recuperar y por fin pudimos hacer lo que fuimos a hacer en Pakse: ver el Bolaven Plateau en moto.
Tres días en moto en los que paras a ver cataratas increíbles, plantaciones de café, campos de arroz y lo que llevábamos tiempo esperando ver: el verdadero Laos. Entendemos por esto último, sentirte el único extranjero en muchos kilómetros a la redonda, comer lo mismo que los locales (y pagar lo mismo por ello también) y que la gente vuelva a sonreirte de forma sincera cuando cruzas la mirada con ellos como lo hicieron antes en países como Myanmar y Tailandia.
4000 Islands (Don Det): nuestra última parada en Laos. Para el que no lo sepa, el río Mekong cruza Laos de norte a sur y en el punto más meridional del país, el río se ensancha y se crean muchas islas dentro de él. Pequeños trozos de paraíso donde tu ritmo cardíaco baja al mínimo y donde disfrutar del "dolce far niente" toma forma.
Cruzar la isla en bicicleta, bañarnos en el Mekong, ir a ver caidas de agua del propio río, siesta y BeerLao (la sabrosa cerveza local) es prácticamente todo lo que hicimos allí en tres días.
Eso y planear nuestro viaje a Camboya. Nuestro siguiente destino y al que cruzamos por tierra. Nuestra historia para cruzar a Camboya... Te la contamos en el siguiente post y, como diría Suárez, queremos prometer y prometemos que te lo contaremos pronto.
Cuatro personas viajando en un maletero abierto, autobuses que viajan con el motor destapado para que no se caliente, monjes con smartphones, niños fumando, camareros que te acompañan y te esperan en el baño, los peores hoteles de mi vida, los mejores atardeceres, mercados de comida con todo en el suelo, algunos de los paisajes más bonitos de mi vida, autobuses con asientos que no están fijos, ciudades repletas de templos milenarios... Estas son sólo algunas de las respuestas que dábamos Antonio y yo en el juego: Cosas que sólo hemos visto en Myanmar.
Y es que este país nos ha vuelto locos desde un principio. Cada vez que sus modus operandi y sus distancias nos estaban empezando a cansar... Aparecía un atardecer, una cueva, un paisaje o una sonrisa que te daban ganas de seguir explorando el país. Cabe decir, que sin duda, lo que más nos ha quemado Myanmar son los transportes. Supongo que si volviera a repetir, y lo visitara como parte de mis vacaciones, lo haría todo planificado en vuelos de avión pero viajando de mochileros es algo que no entra en el presupuesto y se pierden muchos días en la carretera. Depende cuando tiempo tengas planeado estar en cada ciudad a veces parece que pasas más tiempo en la carretera que en la ciudad. Pero Myanmar es, a nivel natural, una pasada todavía no muy explotada y que sin duda merece la pena ser visitada.
Yangon: nuestra primera parada fue Yangon ya que aterrizamos allí desde Bangkok. Pasamos sólo un día en la ciudad y Antonio ya estaba arrepintiéndose. A mi no me disgustó pero es una ciudad grande y sucia. A mi modo ingenuo pensé que las ciudades de la India debían ser algo así pero otros viajeros ya se encargaron de puntualizarme que Yangon es una súper urbe organizada y limpia comparando con la India. En nuestro día de visita decidimos ver el lago Kandawgyi, la Sgwedagon Pagoda y la Sule Pagoda. Fuimos caminando a todos lados y con el calor que hacía para las 6 de la tarde estábamos baldados, así que nos recogimos a descansar al hostal Lil Yangon (que por cierto es súper recomendable).
Hpa-An: desde Yangon cogimos un bus a Hpa-An que tardó unas 8 horas y en las que nos pico la mosca tsé-tsé porque a pesar de la habitual música a todo trapo, el uso excesivo del claxon y la conducción temeraria dormimos todo el camino. Antes de dormirnos, conocimos a Orlande, una chica Suiza con la que pasaríamos los próximos días. En Hpa-An todo el mundo va a dormir al Soe Brothers pero no quedaban habitaciones así que probamos en el hostel de al lado. Nos enseñó la habitación mugrosa y no se si porque seguimos bajo los efectos de la dichosa mosca o qué, dijimos que sí. Era tarde ya para alquilar una moto e irse de ruta así que con nuestra nueva amiga nos fuimos a dar un paseo por el pueblo donde los locales se hicieron miles de fotos con nosotros y después a cenar algo. Llegada la noche nos dimos cuenta que nos daba asco ir a dormir a nuestra habitación y caminos por el pueblo para reservar otro alojamiento para la próxima noche. Esa noche no quedaba más remedio y tras huntarnos bien en antimosquitos y forrar la cama con el pareo y la almohada con camisetas nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente tocaba madrugar por que habíamos reservado la moto para salir de ruta a las 7 de la mañana. Así evitaríamos el calor del mediodía y podríamos ver todo antes de anochecer, a las 6. El alquiler de moto son 8.000kyts las automáticas y 6.000 las manuales. Paramos en el camino a desayunar y allí que nos fuimos los tres. Ese día ha sido personalmente, para mi Monika, uno de los más bonitos del viaje. La ruta en moto para llegar de un sitio a otro está rodeada de campos de arroz, pueblos locales, vacas, montañas impresionantes... Y cuando llegas a los sitios, no defraudan: cuevas con vistas panorámicas, templos impresionantes, campos entre montañas con miles de figuras de budas... Una auténtica pasada que merece la pena. En especial la Sadan Cave, que termina en un lago y puedes coger una barquita que te lleva entre arrozales de vuelta a la entrada.
Otra cosa que me gustó mucho es que al ser un pueblo pequeño y no tener mucho turismo, todos los que estábamos por ahí acabamos conociéndonos. Así fue también como conocimos a Dani y a su chica Laura, una pareja de madrileño e italiana, que estaba de viaje y compartimos parte del día con ellos.
Tras ver el atardecer en la carretera en una alberca con un niños bañándose con flotadores, nos refugiamos en el nuevo hotel en el que compartimos habitación con Orlande y pagamos 20.000 kyst los tres. Este alojamiento era el Golden Sky Guesthouse y, por lo menos, las sábanas estaban limpias, las camas eran decentes y el baño que estaba dentro de la habitación estaba limpio. Nuestra compañera Orlande se despidió de nosotros a las 7 de la mañana entre legañas y abrazos ya que seguía su ruta en otra dirección y nosotros, nos dejamos llevar por los consejos de Dani y su chica, y ese mismo día cogimos un bus a Dawei.
Dawei: Desde Hpa-An cogimos un bus local hasta Mawlamyine (también se puede ir en barco pero es más caro) y desde allí otro a Dawei. Tras otro maravilloso recorrido en bus a punto de la criogenización llegamos a Dawei a las 3 de la mañana, dos horas antes de lo esperado. Pero Dawei no era nuestro destino si no que queríamos seguir bajando hacia el sur, a unas dos horas, a la zona de la península que menos gente llega.
En Myanmar en cuanto se abren las puertas del bus en la ciudad en la que llegas, los taxistas se meten casi hasta dentro (en ocasiones sin el casi) para captarte y es un auténtico agobio. En aquel bus íbamos nosotros dos, tres franceses y una rusa como únicos turistas así que hicimos piña y nos fuimos a desayunar a un bar de la estación durante unas 3 horas esperando a que se hiciera de día y aclararnos un poco como ir hasta los bungalows de la playa que nos habían dicho.
Tras tres horas de té con leche y café soluble, cogimos un taxi todos juntos y paramos en el hostal más barato de Dawei donde dejamos a la chica rusa. Los franceses y nosotros nos dimos cuenta que queríamos ir al mismo sitio, por que lo habíamos leído en mismo blog. Si alguna vez te has ingresado sobre el sur de Myanmar has mirado ESE blog porque no hay más y es una eminencia. Se llama Ohmymyanmar.
Total que tras una hora convenciendo a los taxistas de que, efectivamente, sí queríamos ir a esa zona del mapa, y ellos insistiendo en que allí no había nada, conseguimos que nos llevarán en una mini van. La mini van era una especia de jumpy de toda la vida en la que durante dos horas de trayecto llegamos a entrar... ¡ 25 personas!
Finalmente llegamos a Myn Kwa Aw, la playa más al sur de toda esa península y en la que pasamos tres días en los bungalows. Los bungalows son básicos pero están muy bien y cuestan 25.000 kyst por pareja el dia, 20.000 si vas solo. Además los súper-achuchables dueños de los bungalows sirven unos desayunos de caerse de culo en una especie de chabolita que tienen en la playa: fruta, te, café, churros, arroz con huevo frito... Los dueños son muy amables y aunque a veces la comunicación es muy difícil, siempre te acabas entendiendo con sonrisas y teatrillos gestuales.
La mayoría de la gente que va allí, alquila la motocicleta en Dawei y llegan hasta allí en moto. Es un rollo si vas con mochila grande pero es mejor porque luego allí la necesitarás. Nosotros no la teníamos pero pasamos un día muy divertido caminando hasta el pueblo de al lado, luego nos llevo un señor en la pick up, luego un taxi... Muy divertido. Y llegamos a conocer al pueblo de una manera que si no no lo hubiéramos hecho. El día siguiente descansamos en nuestra playa: unas cartas, leer, siestas y baños. Es importante saber que aquello es un paraíso pero es la más absoluta nada. Hay un bar de una familia con comida rica y barata, no hay cajeros, y no hay cobertura móvil. No venden cerveza porque lo tienen prohibido, puedes encontrarla pero no será tarea fácil, o barata.
Mawlamyine: desde los bungalows cogimos un minibus a las 6 de la mañana y llegamos a Dawei como a las 10 de la mañana. Es decir, 4 horas para 70km. En Dawei nos separamos de los franceses y nos fuimos para Mawlamyine que sería una parada en nuestro camino hacia Mandalay. Estuvimos dos noches como parada en el camino y alquilamos moto para ver el Buda reclinado más grande de no se donde (porque aquí todo es lo más) que es realmente impresionante y bastante feo y el monasterio que está en las montañas y hacen meditación de 1 a 5. Es bastante impresionante ver tantísimas personas con sus pequeñas mosquiteras meditando a la vez. A la noche fuimos a ver el sunset de la pagoda central.
Nos alojamos en el Breeze Guesthouse que es el más barato de la ciudad, te puedes imaginar que no es bonito ni nada por el estilo. Las habitaciones son cubículos y es bastante claustrofóbico pero las sábanas estaban limpias y los baños me parecieron bastante pasables. Además a la mañana servían el desayuno en la terraza de arriba con vistas al río y era una buena manera de comenzar la mañana compartiendo charla con otros viajeros. En definitiva, Mawalyine es una buen parada en el camino pero tampoco te pierdes gran cosa si no lo ves.
Mandalay: Mandalay es otra de las grandes ciudades de Myanmar, otra de las que fue en su día capital. Nosotros no estábamos muy emocionados con la idea de ver otra gran ciudad con lo que sólo pasamos un día allí. Llegamos a las 6 de la mañana y nos fuimos a descansar al hostal un par de horas para más tarde alquilar una moto y nos fuimos a ver Mingun, un pueblo a unos 40 km de Mandalay. Se puede ir en barco o en moto pero siempre es más divertido ir en moto y encontrarse todas esas curiosidades y melones gigantescos en la carretera.
Mingun es un pueblo con tres monumentos importantes: la que iba a ser la pagoda más grande del mundo (que se quedó a medias), la segunda campana más grande del mundo y un templo con arcos blancos muy característico. La visita es bonita porque se trata de una zona arqueológica en la que puedes pasar una mañana o una tarde. Especialmente bonito es el camino hasta allí, ya que cruzas un puente de metal sobre el río con unas vistas alucinantes y luego un pueblito con un rollo muy místico y repletísimo de pagodas en el que no paramos.
A la tarde fuimos a U Bien, el puente de teca más largo del mundo. Se levanta sobre el río y campos de arroz y es realmente bonito sin nada más que hacer que sentarte allí un ratito y ver la vida birmana pasar.
Para el atardecer, todo un clásico: una pagoda. En esta ocasión fuimos a Mandalay Hill, un templo en una colina con unas vista spanormaicas de la ciudad muy bonitas. En el camino conocimos a Uko y Min, un monje y un chaval birmanos que van allí cada día para practicar su inglés con los turistas. En los 45 minutos de subida y los respectivos de bajada hablamos de lo divino y lo mundano: desde el budismo y el objetivo de la vida hasta shakira pasando por el omnipresente ( y cansino) spanish fútbol.
Dormimos en el AD1, un hostal que nos recomendó un brasileño en Mawlamyine y que la verdad es que estaba bastante bien. El propio hostal compramos los billetes y a la mañana siguiente nos vinos a recoger una mini van para ir a Bagan. Para nuestra sorpresa esa mini van iba a ser el trasporte hasta Bagan y no solo el trasnfer hasta el bus grande como nosotros pensamos.
Bagan: caminar por la calle y sentirse diminuta rodeada de templos con más de mil años de antigüedad debe ser una de las sensaciones más comunes que genera esta ciudad. Separada en tres zonas: Old Bagan, new Bagan y Nyuang U, esta ciudad patrimonio de la humanidad, nos deleita con casi 4.000 templos levantados en piedra en mitad de la llanura.
Lo más cómodo es alquilar una ebike para recorrerla. Si estás pensando en una bici eléctrica, olvidate. Lo que aquí llaman ebike es una especie de moto eléctrica que no coge más de 50km/h pero es perfecta para recorrerse la ciudad y pasárselo como un niño templo para arriba y templo para abajo.
Nosotros nos quedamos tres días pero con ritmo relajado ya que las horas del mediodía (de 12 a 4) son bastante insoportables de calor y es mejor recogerse en el hotel un poquito.
Si bien son los más populares, los mejores momentos para disfrutar de las vistas desde lo alto de los templos son la salida del sol y el atardecer. En mi opinión el amanecer es aún más bonito, porque hay menos gente, es más largo y luego le siguen los globos que inundan el cielo. Nosotros optamos por pegarnos el madrugón, subir a un templo a ver el amanecer y aprovechar para ver otros templos con la luz de la mañana. A media mañana a desayunar al hotel y un rato de descanso.
En Bagan descubrimos un restaurante vegetariano cerca del templo Ananda que es de lo más rico y casero que he probado y encima está súper bien de precio: Khaing Shwe Wha.
Supuestamente, la entrada a Bagan cuesta 25USD/persona pero a nosotros no nos lo pidió nunca nadie y no lo pagamos. Sabemos que a veces lo piden en los templos pero hay que andar un poco al loro y buscar los templos menos concurridos, y así de paso, disfrutar mas tranquilitos del paisaje.
Inle lake: en esta ocasión no nos libramos de pagar la tasa de entrada que fueron 12500 kyats por persona.
Cogimos una mini van desde Bagan que nos llevo a Inle Lake en un viaje bastante interminable en el que Antonio y yo íbamos en primera fila junto al conductor. Cuando entrábamos a la zona más próxima al lago, la furgoneta paró y el guardia de turno se encargó de que todos apoquinaramos.
Inle lake es un lago de unos 100km de largo y 5 de ancho que alberga pequeños pueblitos flotantes así como huertas sobre el agua, mercados, talleres de seda, de plata... El lago, que está rodeado de montañas, es muy fotogénico y si la cartera te lo permite te puedes alojar en alguno de los hoteles/bungalows que hay en el lago y a los que se puede llegar sólo en barco. Si no, puedes hacer lo que hace la inmensa mayoría que es alojarse en Nyaung Shwe, el pueblo más cercano al lago.
El pueblo en sí es pequeñito y su mayor atractivo es que está cerca del lago por lo que creo que un par de días es suficiente si vais apretados de tiempo. Por otra parte, tiene bastante ambiente mochilero, un mercado bastante grande y un par de bares interesantes que pueden hacer de esta parada un buen sitio para descansar durante unos días.
Nosotros nos alojamos en Lady Princess 2. Creo que era el más barato de los que encontramos en Ágoda y la verdad, es que nos sorprendió gratamente ya que encontramos lo imposible en Myanmar: limpio y barato. El hostal era nuevo y me estaba limpísimo con baño dentro de la habitación y aire acondicionado y desayuno por algo así como 13€ la noche por pareja. No hay WiFi (pero puedes usar el del Lady Princess 1) y es el hostal que más alejado está del ccentro.
La primera tarde que llegamos dimos un paseito por el pueblo y al día siguiente alquilamos una excursión en barca por el lago. Las barcas cuestan, habitualmente, 15.000 kyats por barca y se puede compartir hasta 5. Nosotros acabamos siendo 6 así que nos salió mejor de precio.
Respecto a la excursión en si, decir que el entorno a nivel naturaleza es muy bonito pero el turismo ya está haciendo estragos y los pescadores (famosos por la pesca casi acrobática típica de la zona) son ahora más modelos que pescadores que piden "money, money" después del posado.
Dentro de nuestro grupo había un fotógrafo que tenía especial interés en ver el atardecer sobre el lago con lo que nuestra excursion se alargó un pcoo más y ese fue el rato que más disfrutamos, ya que nos metió por pequeñas callecitas ( ¿se llaman calles cuando son de agua? ) y vimos la vida local, las duchas exteriores (parece que la hora de la ducha de la gente de la zona es justo antes del atardecer, pues vimos a todo el mundo en ello), los agricultores en el agua, las tiendas barco y los pescadores de verdad. Los que no van bien vestidos, muy sucios y mojados y tienen más de un pez en la barca.
El día siguiente descansamos, hicimos algún recado en el mercado y sobretodo probamos el restaurante Sunflower que está en la calle central, próximo al mercado, y es baratísimo y muy rico. Sin ser vegetariano, tienen muchas opciones ricas que no tienen ni pizca de animal. Para que os hagáis una idea; un "set" con sopa de verduras, un curry de calabaza, ensalada de aguacate, arroz blanco, verduras para echar al curry y un plato de fruta nos costó 3.000 ktys, unos 2,5€.
Y de ahí...cómo no, al autobús. Y aquí si que empezó la Odisea "abandonando el país". Desde Inle bajamos hasta Yangon en un bus de 12 horas y allí tras una horita de parada cogimos otro de unas 9 horas a Myawaddy, paso fronterizo de Myanmar con Tailandia. Llegamos justos y cruzamos la frontera a pie. Tras dos noches de descanso en Mae Sot, volvimos a Chiang Rai en autobús y de ahí a la frontera de Laos.
Esto último es una gran síntesis del viaje de salida del país. Pero sólo añadiendo algún término más como: mucho frío, mucho calor, claxon, vómitos, falta de higiene, tuktukeros agresivos y el título del disco de Los Planetas " Una semana en el motor de un autobús"; el resumen parece mucho más completo.
El norte de Tailandia (tercera parte) Dejamos de lado, por el momento, las playas y los peces y nos vamos hacia el norte dónde comenzaremos un periplo de templos y templos ( que luego seguirá en Mynamar). Nuestra paradas en el norte fueron: Ayutthaya: la antigua capital de Tailandia sigue manteniendo todavía hoy, en la parte histórica de la ciudad, un alo de magia que no pasa desapercibido para nadie y lo ha convertido en patrimonio de la humanidad. Los tailandeses la levantaron en 1350 y los birmanos se encargaron de arrasarla el año 1767 en un clara demostración sobre la avaricia y la estupidez humana que nos lleva a destruir culturas, civilizaciones y arte. Lo que hoy en día puedes ver en Ayutthaya es sólo la punta del icerberg de lo que esta ciudad pudo llegar a ser. En un día es posible hacer el recorrido y ver los templos principales. La mayoría son de pago y realmente no hace falta entrar a todos ya que algunos tienen su vista más bonita desde el exterior. El recorrido se hace en bicicleta o moto. Nosotros alquilamos moto porque el calor era terrible y así también pudimos ir al atardecer a los templos más alejados sin pagar entrada ya que los guardias ya no están a esa hora. Si buscas un alojamiento, Stockhome es uno de los mejores hostales que he estado en Asia. Moderno, limpio, barato y ¡bonito! Además tiene desayuno. Chiang Mai: desde Ayutthaya cogimos un tren a Chiang Mai. El recorrido fue muy cómodo e incluso nos pusieron comida, aunque casi enfermamos del terrible frío que hacia en nuestro vagón. Tras llegar a Chiang Mai cogimos una van que nos llevó hasta nuestro hotel y la mañana siguiente nos dispusimos a visitar la zona. Chiang Mai es una ciudad bastante grande a la que personalmente no le encontré mucho encanto. Después de pasar la mañana visitando templos, y alucinando con los monjes de cera súper realistas, hicimos tarde de museos. Puedes encontrar tres museos en la plaza central del pueblo que hablan sobre la cultura del norte de Tailandia, historia, tradiciones... Son museos bastante dinámicos y es una buena manera de pasar la tarde al cobijo del aire acondicionado. La entrada para los tres ronda los 150 baths. Por la noche visitamos un más que recomendado night market, sobretodo por la zona de la comida. Una placita al aire libre en medio del bullicio del mercado en la que escuchar música en directo y comer algún plato de comida internacional, cosa que se agradece de vez en cuando. A tener en cuenta el sushi rico y muy barato. Otra opción para comer, cenar o desayunar, es el restaurante vegetariano Taste from heaven. De 10. Chiang Rai: Esta ciudad vive mayoritariamente del White Temple y el Black House, dos templos que nos resultaron muy interesantes. El primero de ellos, el Wat Rong Khung o White Temple para los turistas, es fruto del artista local Chalermchai Kositpipat y es una auténtica pasada. Se trata de un recinto presidido por un gran edificio que es el templo principal y unos jardines alrededor que contienen réplicas o edificios del estilo del principal. Todo es blanco. Y resulta bastante impresionante encontrarse un templo de esa envergadura realizado en blanco y en cristales después de meses sumergidos en el rojo y en el dorado. Para acceder al templo has de cruzar un puente en el que unas manos piden auxilio y un pasillo con unas figuras acusatorias que te hacen sentir pequeño. En el interior, nada que hayas visto antes sino unos dibujos que decoran la pared que representan los males y los falsos dioses de nuestra época; entre ellos Doraemon, Elvis, Michael Jackson... El otro gran atractivo de Chiang Rai es Baan Dum o Black House, que si bien tienden a compararlo con el templo anterior no tienen nada que ver. Este último es la casa obra de el artista tailandés Thawan Duchanee y es un conjunto de construcciones norteñas en la que puedes encontrar pieles de serpientes, cocodrilos, cuernos, joyas... En este artículo explican muy bien los dos lugares y el significado de cada uno de ellos, seguro que lo encontráis interesante. Además en esta ciudad se puede igualmente alquilar un trekking de un día pero trata de huir de los packs prefabricados y sobre todo, de los que hacen trekking con elefantes. Es horroroso ver como los fuerzan. La mejor opción para moverse por Chiang Rai es la moto una vez más. Para cenar puedes ir al night market, que está a años luz del de Chiang Rai, pero puede ser divertido si tu también tienes la suerte de encontrar espectaculo de drag queens esa noche. Nosotros nos alojamos en Tourist Inn, un hostal panadería, muy sencillo pero correcto y muy barato. En temporada alta eran 300 baths con baño dentro y ventilador. Ahora bien, el baño era muy sencillo y la habitación también. Aunque dormimos muy bien y desayunamos pan recién hecho. Pai: un pequeño pueblecito en la montaña que sigue respirando el aire bohemio de lo que un día fue destino hippy. Es pequeño pero muy bonito. Ideal para unos días de relax. Alquilar un bungalow cerca del río, perderse con la moto, ver cataratas ( bañarse si uno es valiente con las temperaturas) y dar un paseo por el night market e igual una cervecita. Hace unos años salió la película tailandesa romanticona "Pai in love". Y el pueblo se ha convertido en destino turístico para muchas parejas locales. ¡Que fluya el amor! Desde Pai tuvimos que regresar a Chiang Mai y desde ahí cogimos el tren nocturno y amanecimos en Bangkok donde pasamos dos días más para planear y realizar nuestro visado para Myanmar. Fin de la aventura en Tailandia, por ahora.
El sur de Tailandia (Continuación del anterior post)
La descripción de Monika sobre el barco que nos llevó de Koh Tao a Surat Thani es cierta. Por fuera daba miedo y por dentro claustrofobia, como casi todo transporte del sudeste asiático. Pero al margen de eso y de la alarma en mitad de la noche, la consiguiente parada de motor de media hora en aguas abiertas para refrigerar el susodicho a cubazo limpio, todo perfecto. Todo los pasajeros eran gente joven (también es cierto que yo no veo a gente mayor en esas condiciones), reinaba el buen rollito y si no pensabas mucho en el olor a humedad y a cabeza de la colchoneta y la almohada que te tocaba para dormir, podías disfrutar de un sueño placentero balanceado por las olas del mar.
Bueno, sigamos.
Llegamos a Surat Thani y de alli (tras un rato dejándonos llevar por gente thai de un sitio a otro) cogimos un bus hasta Khao Lak.
Nuestra idea de ir a Khao Lak era simplemente porque es el punto más cercano de las Islas Similan y de estas habíamos escuchado que son un paraíso tanto por debajo como por encima del agua. Al llegar allí, empezamos a buscar el cómo poder llegar hasta ellas y después de ver algún blog de viajes y de recibir alguna recomendación más, decidimos escribir a Edu y Gemma de “Viajaybucea”. Después de pensárnoslo mucho (porque se nos iba una parte importante del presupuesto en el tour) decidimos hacer un vida a bordo de dos días y una noche con ellos. Nunca hemos invertido mejor un dinero.
El primer día hicimos 3 buceos y vimos una cantidad de flora y fauna marina espectacular: peces loro, peces payaso, nemos, peces ballesta, peces globo, morenas, rayas, langostas gigantes, tortugas marinas… Y muchos más. El segundo día, decidimos hacer sólo snorkel para hacerlo más económico y también lo disfrutamos como enanos. Además, pudimos bajar y pisar una de las islas y disfrutar del paraíso a primera hora de la mañana para nosotros solos antes de que llegaran botes llenos de turistas (chinos y rusos en su mayoría).
En el viaje a las Similan coincidimos con dos chicos de Madrid, Jorge y LuisMi (LuisMichael a partir de ahora, porque decidimos que le daba un toque cosmopolita fantástico). Jorge vive en Krabi y LuisMichael, que vive en Lutxana de hecho, vino a visitarle. Con ellos pasamos varios días después, uno de visita a Koh Ko Khao y después nos invitaron a acompañarles a Krabi y a hacer al día siguiente un tour con ellos por las Hong Islands.
Jorge tiene en Krabi una empresa de tours nada típicos para turistas (Thalassa Tours) y nos fuimos los 4 en un “long-tail boat”, barco típico thai a bucear en calas paradisíacas, islas desiertas, etc. Todo perfecto. Incluso al final del día, cuándo después de quedarnos a ver el atardecer en un sitio precioso, nos quedamos varados en la playa por culpa de la marea baja (y de Yahoo, el barquero. Que no se llamaba así pero que Yahoo molaba más y era más fácil de recordar y pronunciar). Eso nos dio la oportunidad de pasar 3 horitas más en la playa para ver los animalillos que salen cuando cae la noche y de volver a puerto viendo las estrellas desde el techo del bote.
Después de despedirnos de ellos, dejamos nuestra tiempo en el sur de Tailandia lleno de playas, islas y azules intensos para empezar nuestra aventura norteña llena de montaña, lagos, cascadas y verdes un poco menos intensos por la temporada seca.
Volar a Tailandia fue una decisión que tomamos de un día para otro y no nos dio tiempo a pensar un recorrido o planear la estancia en este país. Eso, como siempre, ha tenido pros y contras ya que hemos andado un poco a salto de mata pero hemos visto muchos sitios que de otro modo no hubiéramos disfrutado.
Como pedimos la visa de turista sin extensión, tenemos un mes para visitar el país de la sonrisa y hasta ahora el recorrido que hemos realizado es: Bangkok, Koh Tao, Kao Lak, Islas Similan y Ao Nang (Krabi). Mientras escribo este post, estamos volando de nuevo a Bangkok para subir a Ayutthaya y seguir subiendo a Chiang Mai, Chiang Rai, Pai y Katchanaburi. (Al menos esa es la idea ;)).
Vamos con la primera parte del viaje:
Bangkok: Nuestra primera parada fue la caótica capital. ¿Que decir de Bangkok? Todos los españoles que estoy conociendo dicen que la ciudad les espantó, nosotros sin embargo, la cogimos con gusto.
Como siempre hicimos turismo a nuestro ritmo y no nos agobiamos con todo “lo que hay que ver” en Bangkok. Es más, venidos de indonesia y hartos de las camisetas de Bintang y la ropa para guiris, nos dimos un día entero de compras en el Platinium Fashion Mall y aprovechamos para comprar otra cámara de fotos que la nuestra había muerto. El tema compras en Bangkok es un mundo aparte que merece otro post o una buena charla cerveza en mano. ¿Algún interesado? :)
El resto del tiempo lo dedicamos a ver los templos, pasearnos en barco por los canales, hacer fotos desde la Golden Mountain, visitar China Town, Little India, mercados locales, probar distintas comidas y subir a rooftops como el mirador de la torre Baiyoke a ver las panorámicas de la ciudad que son bastante impresionantes. En mi opinión, Bangkok es una ciudad que tiene mucho que ofrecer y si bien es bastante caótica y con un ritmo trotero, no merece ser descartada tan rápidamente. Yo creo que hay Bangkok para todos. Se me ocurren miles de anécdotas y recomendaciones de la ciudad pero podría alargarme para siempre así que si alguien esta pensando en visitar la ciudad, preguntadnos directamente.
Respecto al alojamiento, nos quedamos los primeros días en un airbnb en la zona de Lumphini. Después como el barrio nos gusto, nos movimos justo al lado al hostal “My bed Sathorn”, muy nuevo y muy recomendable.
Desde Bangkok contactamos con la escuela de buceo Ihasia en Koh Tao para recibir información sobre el curso para obtener el título de open water. Nos gustó lo que nos contaron y nos apetecía visitar la isla, así que nos fuimos para allí. Por lo que hemos podido observar hasta ahora, los viajes internos en Tailandia son un poco caóticos y este no fue menos. Para bajar a Koh Tao desde Bangkok, hay que ir a la estación central de autobuses y preguntar en las taquillas donde te ofrecerán desde billetes combinados que incluyen el bus nocturno hasta Chumphon y el ferry de Chumphon a Koh Tao por menos de 1000 baths por persona (nosotros paganos 893 baths por todo). Otra opción es contratarlo directamente desde Khao San Road en Bangkok pero te saldrá un pelín más caro, 1000-1200 baths (si no te importa pagar esa diferencia, es mucho más cómodo).
El bus nocturno la verdad es que está bastante bien, te dan algo de comida, agua y una mantita. A las cinco y pico de la mañana, llegamos a Chumporn y el ferry nuestro salía a las 7. Cuando bajamos del bus nos dijeron que esperarnos a que viniera el taxi que nos llevará al puerto así que allí estábamos 6 personas con cara de sobados y esperando al taxi, cuando llegó un señor con una pick up y nos dijo que nos llevaba al puerto. En un ademán de solidaridad, las turistas polacas que nos acompañaban corrieron a dejar sus maletines y pillar un asiento de tal manera que nos dejaron la única opción de ir en la parte de atrás de la pick up con las maletas y las jaulas de gallinas.
No fue hasta las 7 y pico cuando nos dimos cuenta, tras una llamada a la compañía del ferry, de que el señor que nos había llevado al puerto no eran un taxista oficial si no un buen samaritano que, queriendo ayudar, nos la había liado ya que nos había llevado a otro puerto. Total, que perdimos el ferry y tras una pelotera con el tío de los ferrys tuvimos que esperar hasta el siguiente y finalmente llegamos a Koh Tao.
Koh Tao: la isla de la tortuga. Koh Tao tiene zonas bastante diferenciadas en cuanto a turismo se refiere. Mientras la zona de Sairee Beach es bastante turística, nosotros decidimos quedarnos en la playa donde estaba la escuela de buceo, xxxx, que era mucho más tranquilita. Nos alojamos en los bungalows anexos a la escuela que eran muy básicos pero para nosotros fueron más que suficientes y nos costaban 350 baths la noche, unos 7 euros y medio. (Aviso: no agua caliente, no bomba de váter, no papel…).
Aprovechamos los 4 días que duró el curso para sacarnos el open water y visitar un poquito la zona donde vimos sitios tan bonitos como Freedom Beach o Shark Bay, ¡dónde pudimos ver una tortuga y un tiburón de coral buceando sólo con esnorkel!
Koh Tao es al buceo lo que algunas playas de Australia son al surf. Personalmente no tuvimos la mejor suerte con el agua ya que nos tocaron unos días con el mar un poco agitado y la visibilidad fue reducida pero es el sitio del mundo donde más títulos de open water se obtienen. Nos contaron que hace 10 años había unas 6 escuelas de buceo en la isla y ahora hay unas 60, algunas de ellas especializadas en dar cursos en castellano. En mi opinión, pienso que si estas interesado en bucear, Koh Tao es un buen sitio para sacarte el título barato y luego poder aprovechar Tailandia para bucear en mejores puntos.
Y precisamente por esa razón, con ganas de bucear mejores puntos, nos fuimos hasta Khao Lak. El viaje de Koh Tao a Kao Lak es probablemente el peor momento que he tenido yo (Monika) en todo el viaje. Salíamos a las 9 de la noche en un barco hacia Surathani, donde llegaríamos a las 5 de la mañana más o menos y ahí cogíamos un bus hasta Khao Lak. Nada más entrar al barco, ya me quería ir. Era un barco de madera, viejo, al que le habían sacado dos pisos. El piso de abajo, el que nos tocó, tendría sobre un metro de alto por lo que tenías que ir de cuclillas y consistía en una serie de mini colchonetas estiradas en el suelo una al lado de otra donde te echabas a dormir y rezabas a todos los dioses para que no ese no fuera el día D. Como os podéis imaginar las medidas de seguridad (y de higiene) brillaban por su ausencia y los chalecos salvavidas también. Para sumarle emoción a media noche sonó una alarma, se apagaron todas las luces y el motor y nos quedamos en la deriva un ratito mientras los thai echaban agua al motor para enfriarlo. Por supuesto, esto no supuso ningún problema para Antonio que roncaba plácidamente en las colchonetas olorosas. ¿Como te quedas?
Primera parte en Tailandia: Bangkok y Koh Tao Volar a Tailandia fue una decisión que tomamos de un día para otro y no nos dio tiempo a pensar un recorrido o planear la estancia en este país. Eso, como siempre, ha tenido pros y contras ya que hemos andado un poco a salto de mata pero hemos visto muchos sitios que de otro modo no hubiéramos disfrutado.
Como pedimos la visa de turista sin extensión, tenemos un mes para visitar el país de la sonrisa y hasta ahora el recorrido que hemos realizado es: Bangkok, Koh Tao, Kao Lak, Islas Similan y Ao Nang (Krabi). Mientras escribo este post, estamos volando de nuevo a Bangkok para subir a Ayutthaya y seguir subiendo a Chiang Mai, Chiang Rai, Pai y Katchanaburi. (Al menos esa es la idea ;)).
Vamos con la primera parte del viaje:
Bangkok: Nuestra primera parada fue la caótica capital. ¿Que decir de Bangkok? Todos los españoles que estoy conociendo dicen que la ciudad les espantó, nosotros sin embargo, la cogimos con gusto.
Como siempre hicimos turismo a nuestro ritmo y no nos agobiamos con todo “lo que hay que ver” en Bangkok. Es más, venidos de indonesia y hartos de las camisetas de Bintang y la ropa para guiris, nos dimos un día entero de compras en el Platinium Fashion Mall y aprovechamos para comprar otra cámara de fotos que la nuestra había muerto. El tema compras en Bangkok es un mundo aparte que merece otro post o una buena charla cerveza en mano. ¿Algún interesado? :)
El resto del tiempo lo dedicamos a ver los templos, pasearnos en barco por los canales, hacer fotos desde la Golden Mountain, visitar China Town, Little India, mercados locales, probar distintas comidas y subir a rooftops como el mirador de la torre Baiyoke a ver las panorámicas de la ciudad que son bastante impresionantes. En mi opinión, Bangkok es una ciudad que tiene mucho que ofrecer y si bien es bastante caótica y con un ritmo trotero, no merece ser descartada tan rápidamente. Yo creo que hay Bangkok para todos. Se me ocurren miles de anécdotas y recomendaciones de la ciudad pero podría alargarme para siempre así que si alguien esta pensando en visitar la ciudad, preguntarnos directamente.
Respecto al alojamiento, nos quedamos los primeros días en un airbnb en la zona de Lumphini. Después como el barrio nos gusto, nos movimos justo al lado al hostal “My bed Sathorn”, muy nuevo y muy recomendable.
Desde Bangkok contactamos con la escuela de buceo Ihasia en Koh Tao para recibir información sobre el curso para obtener el título de open water. Nos gustó lo que nos contaron y nos apetecía visitar la isla, así que nos fuimos para allí. Por lo que hemos podido observar hasta ahora, los viajes internos en Tailandia son un poco caóticos y este no fue menos. Para bajar a Koh Tao desde Bangkok, hay que ir a la estación central de autobuses y preguntar en las taquillas donde te ofrecerán desde billetes combinados que incluyen el bus nocturno hasta Chumphon y el ferry de Chumphon a Koh Tao por menos de 1000 baths por persona (nosotros paganos 893 baths por todo). Otra opción es contratarlo directamente desde Khao San Road en Bangkok pero te saldrá un pelín más caro, 1000-1200 baths (si no te importa pagar esa diferencia, es mucho más cómodo).
El bus nocturno la verdad es que está bastante bien, te dan algo de comida, agua y una mantita. A las cinco y pico de la mañana, llegamos a Chumporn y el ferry nuestro salía a las 7. Cuando bajamos del bus nos dijeron que esperarnos a que viniera el taxi que nos llevará al puerto así que allí estábamos 6 personas con cara de sobados y esperando al taxi, cuando llegó un señor con una pick up y nos dijo que nos llevaba al puerto. En un ademán de solidaridad, las turistas polacas que nos acompañaban corrieron a dejar sus maletines y pillar un asiento de tal manera que nos dejaron la única opción de ir en la parte de atrás de la pick up con las maletas y las jaulas de gallinas.
No fue hasta las 7 y pico cuando nos dimos cuenta, tras una llamada a la compañía del ferry, de que el señor que nos había llevado al puerto no eran un taxista oficial si no un buen samaritano que, queriendo ayudar, nos la había liado ya que nos había llevado a otro puerto. Total, que perdimos el ferry y tras una pelotera con el tío de los ferrys tuvimos que esperar hasta el siguiente y finalmente llegamos a Koh Tao.
Koh Tao: la isla de la tortuga. Koh Tao tiene zonas bastante diferenciadas en cuanto a turismo se refiere. Mientras la zona de Sairee Beach es bastante turística, nosotros decidimos quedarnos en la playa donde estaba la escuela de buceo, xxxx, que era mucho más tranquilita. Nos alojamos en los bungalows anexos a la escuela que eran muy básicos pero para nosotros fueron más que suficientes y nos costaban 350 baths la noche, unos 7 euros y medio. (Aviso: no agua caliente, no bomba de váter, no papel…).
Aprovechamos los 4 días que duró el curso para sacarnos el open water y visitar un poquito la zona donde vimos sitios tan bonitos como Freedom Beach o Shark Bay, ¡dónde pudimos ver una tortuga y un tiburón de coral buceando sólo con esnorkel!
Koh Tao es al buceo lo que algunas playas de Australia son al surf. Personalmente no tuvimos la mejor suerte con el agua ya que nos tocaron unos días con el mar un poco agitado y la visibilidad fue reducida pero es el sitio del mundo donde más títulos de open water se obtienen. Nos contaron que hace 10 años había unas 6 escuelas de buceo en la isla y ahora hay unas 60, algunas de ellas especializadas en dar cursos en castellano. En mi opinión, pienso que si estas interesado en bucear, Koh Tao es un buen sitio para sacarte el título barato y luego poder aprovechar Tailandia para bucear en mejores puntos.
Y precisamente por esa razón, con ganas de bucear mejores puntos, nos fuimos hasta Khao Lak. El viaje de Koh Tao a Kao Lak es probablemente el peor momento que he tenido yo (Monika) en todo el viaje. Salíamos a las 9 de la noche en un barco hacia Surathani, donde llegaríamos a las 5 de la mañana más o menos y ahí cogíamos un bus hasta Khao Lak. Nada más entrar al barco, ya me quería ir. Era un barco de madera, viejo, al que le habían sacado dos pisos. El piso de abajo, el que nos tocó, tendría sobre un metro de alto por lo que tenías que ir de cuclillas y consistía en una serie de mini colchonetas estiradas en el suelo una al lado de otra donde te echabas a dormir y rezabas a todos los dioses para que no ese no fuera el día D. Como os podéis imaginar las medidas de seguridad (y de higiene) brillaban por su ausencia y los chalecos salvavidas también. Para sumarle emoción a media noche sonó una alarma, se apagaron todas las luces y el motor y nos quedamos en la deriva un ratito mientras los thai echaban agua al motor para enfriarlo. Por supuesto, esto no supuso ningún problema para Antonio que roncaba plácidamente en las colchonetas olorosas. ¿Como te quedas?
Ubud está en el centro de la isla de Bali y es conocida por ser la capital del arte y la cultura en bali. Además de la ciudad (¿ciudad?) mas yogi de la isla.
Allí teníamos nuestro cuarto workaway de este viaje. Una mujer americana afincada en Bali desde hace 3 años estaba lanzando una linea de joyería inspirada en el mar y en los materiales de las islas. Buscaba ayuda en el desarrollo del proyecto y anton le iba a ayudar en el plan de ventas, y yo en el social media. Desgraciadamente, todo salió un poco torcido y las tecnologías se nos revelaron por lo que no pudimos ayudarle todo lo que nos hubiera gustado pero pasamos una semana muy entretenida disfrutando Ubud.
Las principales cosas que en nuestra opinión no te puedes perder en Ubud:
-Rice fields: los famosos arrozales. Son como los ves en la foto. Una pasada. Los arrozales están divididos y cada porción pertenece a una familia distinta. Asi que, cuando paseas por ellos, los campesinos que trabajan esas tierras te piden una donación que es “Up to you” pero obligatoria cuando pasas de terreno a terreno. Un poco el peaje de Durango-Bilbo.
- Waterfalls: a ver, por poder te las puedes perder. A nivel naturaleza son bastante impresionante pero como esta turismizado pues te darás un baño entre mucha gente haciendo fotos y muchos balineses mirando. La entrada cuesta 10.000 rupias (0.65€). Así que, ve, saca fotos y date un chapuzón pero no esperes sentirte George de la jungla.
Ubud market: una zona de mercadillo enorme que recuerda al zoco marroquí. Comprar puede ser agotador o una gozada, depende cuanto disfrutes del regateo. Si vas tirando pisos para abajo llegarás a la zona puramente balinesa y probablemente tendrás que salir pitando por que los olores podrán contigo.
- Haz yoga: Hay miles de sitios para hacer yoga en el centro de Ubud. Nosotros cogimos un bono para cuatro clases en Yoga Barn, la escuela más grande. Esta es la escuela más conocida no solo por grande si no porque también tiene restaurante, hotel y unos jardines impresionantes. El precio ronda los 8€ la clase, no es barato, pero se nota que los profesores son muy buenos y es una maravilla empezar así la mañana. Si luego te puedes pegar un desayunazo mejor que mejor. Nosotros no lo hicimos pero tenia un pintón, aunque no será barato.
-Monkey Forest: lo típico de lo típico de ubud. Como recinto es bonito pero vamos para mí, ni fú ni fa. Un bosque sagrado lleno de monos y turistas haciendo el mono. Cuidadín porque a Anton le mordieron dos veces. Menos mal que le tapó el pantalón. (Mensaje de Antonio: me mordieron una vez, y fue porque me senté al lado del mono en plan colegas y cuando se giró y me vio se asustó y me mordió el muslo. La otra vee a la que se refiere Moni no me mordió, pero me acojonó vivo)
-Paseo por Campuhan: acercate a los puentes y tras aparcar la moto busca el paseo detrás del templo. Es un paseo de unos dos o tres kilometros en unos arrozales verdes en lo alto de la montaña. Como todas estas vistas, es muy bonito al atardecer.
- Come, bebe y disfruta la música en directo: en Ubud hay mucha opción para comer y cenar. Algunos de nuestros favoritos fueron Warung 9 (vegetariano, te sirves y pagas en un botecito lo establecido por cada palada de comida que es baratiiiiiisimo), Dewa warung ( en el centro de Ubud un sitio pequeño medio al aire libre. Muy barato y muy rico. Eso si, con la calma), Buda Bali (mas caro que los anteriores pero merece la pena porque está buenísimo, las raciones son mas grandes y sigue siendo barato. Recomendamos la lasagna vegetal) y por último para darse un caprichito, el Lotus Cafe. Es más caro pero está dentro de un templo y es súper bonito cenar rodeado de nenúfares.
Otra cosa muy típica de Ubud son las danzas balinesas que lo hacen cada noche en varios templos. A nosotros nos costó unos 6€ por cabeza y os puedo decir que al principio es divertido pero al final resulta pesadito. De todas formas, es algo que creo que hay que ver.
Además muchos bares tienen musica en directo así que está muy bien para tomarse unas cervecitas. Nosotros hasta salimos de fiesta con nuestra host y fue una noche igual de extraña que de divertida.
Supongo que ahora entiendes porque la peli de “ Come, Reza, Ama” se ubicaba aquí.
Después de una semana subimos a Amed, al norte, con la intención de pasar un par de días allí e irnos a las islas Gili y a Lombok a bucear pero los monzones pudieron con nosotros. Se esperaba un mes y pico de monzones y visibilidad escasa en el agua así que tras pasar cuatro días en Amed y bucear en los dos barcos hundidos de la Guerra (muy recomendable) nos volvimos a Kuta y cogimos un vuelo a Tailandia, escapando de la lluvia. Amed es muy tranquilo y está llenito de franceses pero me parece una parada muy interesante antes de ir a las islas. La única recomendación es no coger un bungalow en los arrozales porque por muy idílico que suene, los gallos y los campesinos, no entienden de horarios.
Si os preguntabais que es de nuestras vidas o de dónde son esas fotos tan bonitas que estamos compartiendo en instagram, os tenemos que decir que hemos estado unos días disfrutando en Bali.
Bali ha sido la primera incursión en el sudeste asiático de nuestro itinerario y pensábamos que sería sólo el primer paso de indonesia, ya que en nuestros planes entraba visitar también Gili Islands, Lombok, Komodo y probablemente Java y Sumatra.
Sin embargo, la temporada húmeda que nos dio unos días de tregua al llegar, se hizo sentir más adelante y los monzones han acabado por invitarnos a abandonar el país.
Así pues nuestra aventura en Bali ha durado 20 días en los que hemos vivido con una moto pegada al culo y lo hemos pasado muy, pero que muy bien. Bali nos ha regalado unos ratos buenísimos con amigos nuevos y antiguos, unos paisajes increíbles, unos baños en el mar para recordar y nos ha hecho entender un nuevo concepto de la relatividad.
Es curioso ver como a medida que pasan los días la percepción de las cosas va cambiando y lo que al principio te parecía un zulo de habitación, a los días lo coges hasta con ganas. La carretera que te parecía una autopista al infierno, con los días te parece que podría estar peor y comer en un Warung en el que sabes que hay mucha vida de cuatro patas, no es nada asqueroso si no miras la cocina.
En este post hablamos un poco de nuestra experiencia y anécdotas en el sur de Bali y dejamos Ubud y el norte para el siguiente capítulo que sabemos que tenéis una vida y cosas que hacer.
Cuando llegamos aeropuerto, nos fuimos directos a Kuta siguiendo las recomendaciones populares. Allí, se me cayó el alma a los pies y pensé que Bali era una mierda en toda regla. En cuanto pudimos alquilar una moto y escapar del Benidorm balinés, me dí cuenta de lo equivocada que estaba.
Alquilamos una moto en Kuta sólo para dos días porque luego queríamos ir moviéndonos por la isla. Pagamos 75k rupias el día (unos 5 euros) y esa fue la primera turistada en la que caímos. Para alquilar una moto tienes que tener en cuenta que cuantos mas días cojas, más posibilidades de conseguir un buen precio tendrás. Pero el día, aún cogiéndola para una semana, debería rondar las 35K rupias por día. Es decir, entre 2 y 3 euros al día.
Tras pagar el dineral salimos emocionados en nuestra primera excursión y de camino a Uluwuatu, conocimos el significado de “monzón”. Paramos en un Warung a pie de carretera a resguardarnos y allí conocimos a una pareja balinesa y a una pareja francesa que estaban en la misma situación que nosotros. Charlamos, tomamos algo y seguimos nuestra ruta.
Esa misma noche cuando volvíamos de pasar nuestro primer día motorizados y encantados de la vida, pinchamos una rueda a la altura de Jimbaran. Era de noche, no teníamos donde poder cambiarla y aún nos separaban unos kilómetros del hotel. Un hombre que nos vio, se paró a preguntar y le contamos el papelón. Otro paisano (aparentemente conocido suyo) tambien se paró y empezaron a hablar entre ellos en indonesio. Los dos nos dijeron que el mecánico estaba cerrado y que no íbamos a poder arreglarla. Uno de ellos nos dijo que su hermana vivía justo en esa calle y nos invito a dejar la moto en el patio de su casa y venir a buscarla mañana para poder arreglarla. Nuestras alarmas occidentales se dispararon y alimentados por todas las historias que se leen en los blogs de viajeros pensamos que teníamos muchas posibilidades de no volver a ver la moto. Aun así, no teníamos otra alternativa así que dejamos allí la moto, le preguntamos su nombre, apuntamos la dirección y nos cogimos un taxi al hotel.
Llegando a Kuta paramos el taxi en la playa para caminar de vuelta al hotel por la playa. Volvíamos cansados por el palo de la primera experiencia en moto cuando oímos que nos llamaban. Nos giramos y allí, sentados con unas cervezas, estaban los balineses y la pareja de franceses. Nos sentamos con ellos, estuvimos un rato charlando y les contamos la anécdota. Al decirles la calle en la que habíamos dejado la moto nos dijeron que esa calle era de gente con dinero y que “casi seguro” que seguiría allí a la mañana siguiente. Después, él se ofreció a quedar con Antonio para llevarle la mañana siguiente a recoger la moto y llevarla al mecánico para que no nos hicieron “precio blanco”. Es decir, precio turista.
Al día siguiente después de hacernos el favor, nos separamos. Pero horas más tarde, nos juntamos otras vez por casualidad en la playa de Canggu. Compartimos unas cervezas y les comentamos que nos gustaría pasar unos días recorriendo la península de Bukit en moto pero que nuestras maletas eran demasiado grandes para ir viajando sobre la marcha con ellas. Entonces se ofrecieron a dejarnos su casa como almacén, dejamos allí la maleta grande y salimos para hacer este tour de 3-4 dias con una mochila pequeñita y una nueva moto que alquilamos a traves de ellos a una amiga suya (nueva para nosotros, porque la moto estaba cascadísima).
La idea de este tour era ir a nuestra bola eligiendo cada día dónde dormir y, la verdad, es que hacerlo nos dio una sensación de libertad terrible y la oportunidad de viajar sin apuros, sin prisas, conociendo gente y lugares. Los últimos dos días los pasamos todos juntos (las tres parejas) y tuvimos la oportunidad de conocer playas que sólo los locales conocen, comer en su casa comida realmente indonesia y vivir el Bali mas auténtico.
A mediados de mes, teníamos apalabrado un nuevo workaway en Ubud, en el centro de la isla. Los balineses en su afán de ser hospitalarios, se empeñaron en llevarnos hasta Ubud. Nosotros en una moto y ellos en otra con nuestras maletas. Y los franceses, arrastrados por la marea, también para Ubud.
Una vez Ubud, la capital yogi, nos despedimos de nuestros amigos. Y cerramos así unos días rodeados de sol, buenos ratos, discusiones filosóficas, masajes e historias balinesas.
En este recorrido por el sur visitamos: Kuta (además de Legian y Seminyak), Tanah Lot, Canggu, y la peninsula de Bukit con muchas de sus playas (Balangan, Dreamland, Bingin, Padsng Padang, Uluwuatu, Pandawa…)
Parece mentira que el clima pueda variar tanto la percepción que tienes de un lugar. Pasamos 4 días en Sydney y nos ha gustado, pero tampoco nos ha matado y, probablemente, haya sido porque en los cuatro días que hemos estado allí, no ha parado de llover. En serio, no paró de llover. Podréis comprobar en las fotos que llevábamos el chubasquero tatuado. Y da rabia, mucha rabia. Sobre todo cuando incluso el último día te levantas de nuevo con el reconfortante sonido de la lluvia, desayunas con lluvia, haces todo el camino hacia el aeropuerto con más lluvia y cuando llegas... ¡BOOM! El cielo azul y el sol brillando. Venga hombre, no me jodas. Parece que Australia pensó: "Os he tratado tan bien estos dos meses... Que ahora me apetece "aguaros" la fiesta" Menos mal que guardamos un muy buen recuerdo de nochevieja. Ya creíamos que no podriamos cumplir ese sueño por el precio del alojamiento en esas fechas, cuando en una tarde de cervezas y piscinita con nuestra familia de Long Jetty, unos tíos de ellos que vivían en Strathfield, a 20 minutos centro, se ofrecieron a acogernos en su casa (otro detalle más de lo hospitalaria que ha sido esta gente con nosotros). Pasamos la noche haciendo un picnic en Milsons Point, al otro lado de la Ópera House y prácticamente debajo del Harbour Bridge, un sitio mágico. El momento de los fuegos es algo que se debe vivir una vez en la vida. Espectacular. Volviendo al turismo en la ciudad, la zona de The Rocks, la glamurosa Ópera House (que de cerca pierde un poco de ese glamour por el detalle del estampado del azulejo) y el emblemático Harbour Bridge es lo más destacable del centro. Kings Cross, cerquita del CBD tiene mucho carácter... Y fiesta... Y clubes de streaptease Y yonkis... En fin, sí, mucho carácter. Y prostitutas. La zona norte de la ciudad, con Kirribili, Luna Park, Milsons Point, etc es muy chula. Y un buen sitio para pasar un día entero. El final podría haber sido mejor, pero aún así Australia nos ha regalado unos momentos inolvidables. ¡Pero nada de lagrimitas amigos! ¡Que nos vamos a Bali!
Aunque a veces parece distraído, me gusta creer que el karma todavía trata de hacer de las suyas y juega a equilibrar las cosas.
Tras la mala experiencia de Dorrigo hemos debido acumular mucha buena energía y vidas del MarioBros porque todo ha ido sobre ruedas.
Cuando nos vimos allí, escribimos a la familia con la que habíamos tenido nuestra primera experiencia workaway porque habían sido muy amables y sabíamos que habían vivido en Sydney. Como nuestra intención era ir bajando hacia la ciudad de la ópera, pedimos sopitas por si conocían a algún interesado y en cuestión de horas teníamos un nombre y una dirección.
Y 12 días después, aquí seguimos. En Surf Street. Rose, la mujer que nos recibió, es una de esas personas que va derrochando energía y buenas vibraciones allí por donde pasa. Llegamos el día previo a su jubilación, por lo que tenia una cena prevista y un día intenso por delante y además, celebraba las navidades por adelantado con su familia porque posteriormente se iba a un festival. Es decir, el mejor momento para recibir a unos mochileros españoles. Pero la primera familia con la que estuvimos deben ser como familia también para ella así que accedió a su propuesta y aquí nos plantamos.
Hemos estado conviviendo unos 10 días con ella y los tres perros, ayudándole a arreglar el jardín y a limpiar el porche. Antes de irse al festival nos dijo que ya había hablado con una chica para que cuidara los perros y la casa pero que si nos interesaba nos podíamos quedar. Le dijimos que sí y ya llevamos unos días en esta casa.
Long Jetty es un pueblo pequeño, pero tiene varias playas bonitas, un lago muy bonito y algunos bares y tiendas agradables así que de momento no nos ha dado tiempo a aburrirnos. Además, la familia de la dueña de la casa están tan preocupados de que no nos aburramos que no han parado de venir a recogernos para ir a comer a casa de uno o para ir a tomar unas cervezas a la piscina del otro. Nos están tratando como a parte de la familia e incluso los tíos del yerno nos han ofrecido su casa para pasar nochevieja en Sydney y poder ver los fuegos artificiales del Harbour Bridge. Una invitación especialmente atractiva si tenemos en cuenta los precios de locura en alojamiento para nochevieja en Sydney.
Asi que si los planes no cambian (nunca se sabe), pasaremos la Nochevieja en Sydney y volveremos a aquí el día siguiente hasta el día 3 de enero, tal como quedamos con Rose. Entonces, volveremos de nuevo a Sydney para hacer turismo extremo hasta el 7 de enero, cuando finalmente dejaremos este país que tan bien nos ha tratado y marcharemos a Bali, nuestra siguiente etapa del viaje (y regalo de Navidad también).
Para todos aquellos que dicen “ a ver si subís alguna foto un poco puteadillos”, esto os va a gustar.
Habíamos quedado a las 3 de la tarde del día 14 con Steven. Un señor con el que habíamos contactado por workaway hace ya muchos meses. Se presentaba como un arquitecto que aunque vivía en Sydney tenía una casa en la montaña, en Dorrigo. Necesitaba ayuda para construir una casa con materiales ecológicos y reciclados. El entorno era un parque natural rodeado de cascadas donde además nos dejaba su coche para que en nuestro tiempo libre fuéramos a donde quisiéramos con los demás voluntarios que había en la casa.
Bien, dicho esto, a medida que pasaba el día nos empezaron a llegar mensajes suyos retrasando la hora de encuentro. Su idea era recogernos de camino de Sydney a propiedad. Sin embargo, que entre pitos y flautas (retrasos y averías de coche) nos recogieron a las 8 de la tarde. En la espera que tuvimos que hacer en el bar del hostel de Coffs Harbour, conocimos a un chico francés que también venía a la misma casa.
Nos montamos en el coche: el esperado Steven, el francés, Antón, el hijo de 6 años que era pesadísimo y yo. En otro coche venían la mujer y la niña de 4 años.
De camino paramos en un súper de cosas de casa y bricolaje y seguimos conduciendo. En la tienda de bricolaje ya nos enteramos medio de refilon que tendríamos problemas con las camas ya que una voluntaria anterior que había estado hacia meses, sabe dios cuántos, había traído chinches y había camas que no se podían usar. Aun así afirmaron que había más. Sí, el tío sabía lo de las camas hacia meses y no había dicho nada.
Llevábamos una hora y media de viaje con dirección a la casa del campo y ya era de noche y Steven conducía bajo la intensa lluvia mientras decía que se sentía un poco enfermo. De repente, pega un volantazo y empieza a meterse por un camino estrecho entre árboles.
El francés, Antonio y yo estábamos exhaustos. Con el bañador aún puesto de la mañana, restos de crema en la cara, y un par de birras en el cuerpo que nos habíamos tomado esperando al colega. En ese punto de la noche, bajo la lluvia, en la jungla, los faros del coche enfocaron un vagón de tren destartalado. Y ahí fue. Exactamente ahí fue cuando los tres nos miramos y supimos que pase lo que pase, este sentimiento de “quiero llorar” lo íbamos a compartir para siempre.
Sin luz ninguna, Steven cogió su linterna y se metió en la casa a encender las luces. Mientras tanto, nosotros llevababamos la compra a dentro de casa. En esas estábamos cuando el tío dice “huele un poco raro, parece que hay algún animal muerto pero no consigo encontrarlo”.
Y eso era sólo el principio. Si tengo que explicar de alguna manera diría que aquello era una especie de borda, caseta en la montaña, en la que pasar la noche. Una camas sueltas en una habitación y una cocina y una sala. El baño era solo un lavabo y el resto de las necesidades había que hacerlas al aire libre o en un baño de dentro de una tienda de campaña que estaba tan llena de cucarachas que la idea de hacerlo al aire libre parecía incluso excitante. Pero cuando son las 12 de la noche, está lloviendo y estás en medio de un bosque lleno de animales peligrosos no te apetece mucho regalarle ese paseillo a tu culo pajarero.
Los tanques de agua estaban estropeados, con lo que no había agua potable, ni duchable, ni fregable… Las sábanas se les habían mezclado y no sabían cuáles estaban limpias y cuáles no. Las opciones para dormir eran o una cama individual para los dos, o una cama en un altillo construida con un palé que iba de un lado a otro de las vigas sobre el aire y unas puertas tumbadas encima a modo de somier. A unos tres metros de altura y sin protección de ningún tipo. Seguridad garantizada. La seguridad de que si te caes te quedas muñeco. Marvellous!
Dormimos en la individual. Yo en un saco de dormir limpio y Antonio en las sábanas con sudadera y gorro puesto y calcetines hasta arriba. ¿Que por qué? Porque nos llovían cucarachas en la cara mientras intentábamos dormir. ¿Cómo te quedas?
Pasamos la noche como pudimos y le dijimos que nos íbamos. Nos dijo que entendía que igual buscábamos más lujoso, a lo que respondimos que no buscamos lujos pero si habitabilidad. Él decía que todo lo podía arreglar, lo que todavía me lo pone peor porque en vez de subir un par de días antes a su casa y a arreglarlo todo para cuando llegue la gente, prefirió llevarnos a sabiendas de lo que nos íbamos a encontrar.
La cara de la mujer estaba desencajada desde la noche porque por lo visto aquello estaba hecho un desastre hasta para ella ya que las últimas veces había venido él solo. Tras hablar con ellos, desayunamos todos juntos y nos acercaron de nuevo a Coffs Harbour.
Lo más divertido es que con ésta familia planeábamos estar una semana en Dorrigo y luego bajar con ellos a Sidney y quedarnos con ellos unos días más. La noche del pánico, se me ocurrió escribir a los de la primera casa en la que estuvimos que habían vivido durante 13 años en Sidney por si conocían a alguien que les interesara tenemos en casa a cambio de ayuda y, en apenas unas horas, ya teníamos un nuevo destino.
No hay palabras para agradecer la bondad de alguna gente y la jeta tan grande de otros.
Brunswick Heads, Brisbane, Noosa y nuestro segundo workaway
Con el súper camping que nos habían dejado los propietarios de nuestra primera casa workaway en Nashua, pasamos tres días en Brunswick Heads. Se trata de un pequeño pueblito cerca de Byron Bay pero más alejado de las masas y los estudiantes en vacaciones. Un pueblito que sin tener nada, tiene de todo: río, playas, un par de tiendas, un par de bares, kayak, surf... Y en el camping teníamos desde colchón con sábanas hasta tetera y tabla de surf, así que nos encantó la experiencia. El tercer día amenazaba lluvia así que decidimos subir hacia Brisbane a pasar un par de días antes de llegar a Noosa. La llegada a Brisbane fue un poco caótica ya que el hostel estaba lejos (en West End) y un poquito sucio, allí el calor era insoportable y para más inri los mosquitos nos dieron la noche. Total, que al día siguiente pensamos "Ahí os quedáis" y nos movimos a un hotel más al centro, el XBase. Decir que el anterior no estaba realmente tan lejos y tiene mucha vida de ocio y sobre todo nocturna, pero ya sabemos que las primeras impresiones a veces no son las más acertadas. Sobre la ciudad en sí, no se muy bien qué decir, ya que a ratos nos encantaba y a ratos nos dejaba un poco fríos. Es otra ciudad australiana cuya vida gira entorno al agua y el río y está muy pensada para el ocio, la familia y el deporte. Y eso nos gustaba. Paseando por Southbank puedes encontrarte con piscinas artificiales de uso público que emulan playas, cines al aire libre, bares y muchos parques. ¡Ah! Y mucha música en directo como estamos viendo en toda Australia. ¡Eso me encanta! Sin embargo, a ratos coincidíamos en que a la ciudad le faltaba acabar de arrancar. Como que no acababa de darnos el 100%. Supongo que también tiene que ver que el tiempo era un poco confuso. Como un verano en Euskadi para que os hagáis una idea. Después de dos días en Brisbane, cogimos un bus hasta Noosa y aquí nos esperaba nuestra segunda experiencia de voluntariado workaway. Nos recogió la mujer en la parada de bus y nos llevó hasta una casa con piscina, pista de tenis, 2 acres de jardin y nos enseñó nuestro apartamento independiente que es más grande que cualquiera de las casas en las que hemos vivido en Barcelona. Trabajamos cada uno 5 horas al día, de 7 a 12, principalmente en labores d jardinería y limpieza de las instalaciones. Es un trabajo duro pero a cambio estamos en un entorno privilegiado rodeado de playas, montañas, lagos y canguros. Nos han dejado un par de bicis y la verdad es que los dueños de la casa se prestan a acercarnos a la playa bastante a menudo. Al principio fue un cambio brusco respecto a la experiencia anterior que habíamos tenido en workaway ya que la otra casa era un proyecto más personal y convivimos más con ellos. Éramos como parte de la familia (eso mola cuando tienes a los tuyos muy lejos), y aquí somos unos trabajadores. Además, tuvimos un pequeño malentendido con el número de días de trabajo pero una vez solucionado las cosas han ido mucho mejor y lo cierto es que el área de Noosa es un sitio privilegiado para vivír (si tienes una billetera gordita). Mañana es nuestro ultima día de trabajo en esta casa y después nos vamos a Fraser Island un par de dias, la isla de arena más grande del mundo. ¡Qué ganas!
Byron bay y nuestra primera experiencia Workaway. Dejamos Melbourne con dirección aeropuerto de Ballina Byron, y al llegar y hacer las visitas pertinentes al baño y al cajero, nos empieza a cambiar el humor al ver que acabamos de perder el último bus que nos lleva a Byron bay. Estábamos en un mini-aeropuerto que constaba de 4 sillas y una cafetería y teníamos que esperar 2 horas y media al siguiente bus. Tras pensarlo un poco decidimos alquilar un coche que por 20 dolares más de lo que nos hubiera
costado el propio bus, lo cual, nos permitió conducir por The Coast Road y ver todas las playas que nos habríamos perdido con el bus. Un despiste que realmente valió la pena.
Tras estar un día en Byron Bay, donde nos alojamos en Backpackers Inn, quedamos con un chico que nos había contestado a un anuncio de workaway, la página que usamos para contactar con proyectos de voluntariado. Nos montamos en su coche con los nervios de la primera experiencia Workaway y acabamos en una casa maravillosa en el área de Nashua (entre Bungalow y Lismore). Arropados entre montañas hemos estado una semana conviviendo con esta familia con un niño de dos años, todos ellos majísimos. A cambio de ayudarles a construir un tejado, arreglar la caseta del jardín y alguna chapucilla más, nos han llevado a ver las Minyon Waterfalls, a bañarnos al río del Nightcap National Park, a bañarnos en un lago de té y a Lismore. Ha sido una muy buena primera experiencia y una familia con la que realmente hemos conectado. Llegado el momento de marchar nos han ofrecido acercarnos hasta un camping que nos han recomendado en Brunswick Heads y nos han dejado todos los materiales para montar un camping muy completo; desde colchón y sábanas hasta una nevera con cerveza. El próximo día 28 o 29 vendrán a buscarnos para recoger los bártulos y acercarnos a la parada de bus y así, daremos carpetazo a nuestra visita a Byron Bay. Pero de momento, parece que Brunswick tiene mucho que ofrecer.>
“Aham… Así que lleváis 27 horas esperando este momento: bienvenidos a Melbourne”
El pobre chico de la recepción del hostel flipó con nuestras horas de vuelo, y supongo que también con las caras que teníamos.
¡Ya estamos aquí! Tras tres súper vuelos que fueron bastante mejor de lo esperado (porque nos cebaron a comida china y vimos muchas pelis) hemos podido pasar nuestros primeros días en Melbourne.
Después de una noche rara de horas sueltas de sueño y el consabido jet-lag, amanecimos pensando que realmente el ser de Bilbao (o cercanos) nos daba superpoderes porque nos encontrábamos fenomenal. Desayunamos con la desgraciada noticia de Paris y nos lanzamos a ver las calles de esta ciudad.
Tras un primer día de pateada acabamos en casa de unos amigos que nos han cedido un hueco en su habitación y nos han servido de maravillosos guías para conocer los rincones de Melbourne.
Llevamos 4 días en esta ciudad y la verdad es que nos está encantando. Es una ciudad cómoda y llena de vida donde a pesar de los precios australianos podemos encontrar opciones para todos los bolsillos porque además están muy acostumbrados a los backpackers o mochileros.
Hoy es nuestro último día y mañana camino a ¡Byron Bay!