Felipa era de las personas que iba por el mundo soltando pesadeces. Jamás lo negaría. Pero esta vez le llamó la atención ver una mujer increpar, seguramente por alguna causa estúpida, a un conocidx... —Ah no, solo yo tengo permitido fastidiar a la gente— murmuró para si antes de acercarse a la pareja. —Oh cariño, no la escuches— le dijo a su conocidx —mira sus zapatos— soltó, como si la vestimenta de la señora en cuestión le quitara toda validez a sus argumentos... Bueno, para Felipa era así.










