Observe tus imperfecciones, siendo un simple oyente de tus defectos, me contaste lo que a tus ojos te hace horrenda, que existen grietas en tu cara que reconoces de solo tocarlas con tu dedo, me contaste de tus lunares y como estaban posicionados de la peor forma posible, querías que tu cuerpo fuera una alineación de planetas con eclipse, porque entre tu mentón y tu frente existía una nariz algo desviada; que te has observado tantas veces, que ahora preferias evitar a los espejos, ahora ponias demasiado polvo sobre tu cuerpo, así nadie notaria la mancha que estaba a dos centímetros sobre tu cuello, pintabas tus labios porque se veían secos, te iluminabas la cara porque quedaban huecos, sobre tu piel se ven tus venas, se te ven demasiado los huesos, no te gusta estar descalza porque tus pies no están esbeltos, no te gusta usar ropa apretada porque los bultos en tu abdomen te daban asco de solo verlos, sufres dos días cuando se te enreda el pelo, que no te gusta que te miren cuando usas vestidos negros, que por eso y muchas cosas más odias tu cuerpo.
Escuche tu llanto caer al suelo, y senti un nudo en la garganta al entender que todos los días cargabas con eso, comencé a contarte la historia de mi enamoramiento, como una tarde de otoño mis ojos se cruzaron con los tuyos y sonreímos por los nervios, mi mente se quedó quieta y mis ojos se quedaron viendo tu pelo luchando contra el viento, las primeras palabras que cruzamos de frente me hicieron tener la imagen de tu cara en la mente, empecé a notar esa mancha sobre tu cuello que te hacía diferente, un sutil y lindo detalle que te separaba de todo aquello que veía normalmente, sostuve tu mano y acaricie tu nudillo, mientras observaba la vena que sobresalía en tu piel llevándome de la punta de tu dedo a las profundidades de tu subconsciente, mientras más pasaba el tiempo más caminabas por mi mente, la misma en que tus pies tenían medida exacta para pisar correctamente, tu nariz tenía la forma correcta para embonar con la mía al darnos un beso, y cuando comencé a soñar contigo, veía a lo lejos tu cuerpo, tu voz se escuchaba cerca, y traias puesto ese vestido negro, el mismo que tenías el día que te conocí, te conté que entonces me di cuenta, que nunca fue tu cuerpo lo unico que te hacía bella, era lo que cada parte de ti causaba en mi mente lo que te hacía perfecta.
@escritoconplasma













